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Del MIR al vértigo y la ilusión del primer paciente: “Pasas de estudiante a ser el médico de alguien de verdad”

Ilusión y nervios marcan la bienvenida a los 144 residentes que comienzan su carrera sanitaria especializada en Zaragoza.

Los nuevos residentes llegan al sector sanitario II para empezar su formación

Javier Río

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Zaragoza

El Sector Zaragoza II ha dado este miércoles la bienvenida a los 144 nuevos residentes, de medicina, enfermería y farmacia que comienzan su formación sanitaria especializada. El acto, celebrado en el salón de actos del Hospital Miguel Servet, ha estado marcado por la ilusión, los nervios y las ganas de empezar una etapa que muchos llevan años esperando. Todos han ocupado poco a poco sus asientos imaginando cómo será ese primer día en el que tendrán delante a su primer paciente.

Entre ellos estaba Sara Navarro, la primera en llegar. Ha escogido Medicina Familiar y Comunitaria tras siete años de esfuerzo y estudio. La elección, ha asegurado, fue sencilla. “Es una especialidad muy bonita. Es la puerta de entrada a todas las especialidades. No puedo estar más contenta”. Ahora afronta cuatro años de formación con un objetivo claro: aprender todo lo posible y conseguir en el futuro una plaza estable. Incluso contempla trabajar en el medio rural, una posibilidad que le resulta especialmente atractiva. Sobre el momento de atender a su primer paciente, reconoce que lo espera con ilusión: “Pasas de ser estudiante a ser el médico de alguien de verdad”.

Para Daniel Ferreres, que también se ha decantado por Medicina Familiar y Comunitaria, este momento supone la culminación de un largo recorrido. Explica que durante la carrera es difícil imaginarse ejerciendo de médico, algo que empieza a hacerse real cuando llega la preparación del MIR. “Da un poco de vértigo pensar que vas a tener pacientes a tu cargo, aunque nunca estás solo porque cuentas con adjuntos y otros residentes”, señala. Entre sus metas está convertirse en un profesional completo, mejorar sus habilidades técnicas y, sobre todo, aprender a “comunicarse mejor con los pacientes y desarrollar la empatía necesaria para acompañarlos en momentos complicados”.

El salón de actos del hospital Miguel Servet ha sido el escenario del acto de bienvenida.

El salón de actos del hospital Miguel Servet ha sido el escenario del acto de bienvenida. / Javier Río

Violeta Abanto llega a Pediatría después de una sorpresa personal. Cuando empezó la carrera estaba convencida de que nunca elegiría esa especialidad. Sin embargo, una rotación durante quinto curso cambió por completo sus planes. “Me enamoré de la especialidad”, resume. Ahora afronta la residencia con la satisfacción de haber encontrado su camino. Ha realizado parte de su formación en el centro de salud de Valdespartera y se imagina afrontando a su primer paciente “con una sonrisa” y poniendo en práctica todo lo aprendido hasta ahora. “Voy a ser muy feliz”, afirma.

Especialidades menos conocidas

La historia de Cristina Montón es diferente. Ha elegido Medicina Física y Rehabilitación, una especialidad menos conocida para muchos estudiantes y que no suele tener tanta presencia durante la carrera. Su afición por el deporte y la recomendación de un amigo fueron decisivas para descubrirla. “No me arrepiento. Me gusta mucho”, asegura. Le atraen especialmente áreas como la medicina deportiva, la unidad del dolor o las infiltraciones. Más que pensar en ese primer paciente, Cristina mira más lejos y se queda con el objetivo que le ha llevado hasta aquí: “Ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas y acompañarlas en su evolución”, asegura.

También comienza una nueva etapa Sheila Vicedo, residente de Enfermería Pediátrica. Su camino hasta aquí no ha sido sencillo. Terminó la carrera en plena pandemia y durante un tiempo llegó a plantearse otras opciones ante la escasa visibilidad que, en su opinión, tienen las especialidades de enfermería. Seis años después, por fin inicia la formación que siempre quiso. “Sueño con trabajar con niños, que es lo que realmente me gusta”, explica. Piensa a menudo en esos primeros pequeños pacientes y en cómo lograr que una visita al hospital sea una experiencia menos difícil para ellos. “Aunque tengan miedo o estén enfadados, me gustaría que se fueran con una sonrisa”, termina.

Historias distintas con un mismo punto de partida. Los 144 nuevos residentes comienzan ahora una etapa exigente, llena de aprendizaje y responsabilidad, pero también de oportunidades. Dejan atrás los años de universidad y el MIR para convertirse, poco a poco, en los profesionales que en un futuro cada vez más cercano atenderán a miles de aragoneses.

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