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UN AÑO DE LA TORMENTA

Cristian, el vecino de Azuara que temió por la vida de su tío tetrapléjico: "Vine de Zaragoza pensando que iba a sacar dos cadáveres"

La riada devastó el hogar de sus tíos, obligando a Cristian Esteban a una carrera contrarreloj para rescatarlos y posteriormente iniciar una larga reconstrucción

Vídeo | Las familias afectadas por la riada del Campo de Belchite y Daroca todavía luchan por volver a la normalidad un año después

Jaime Galindo

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Zaragoza

Cristian Esteban estaba en Zaragoza cuando una amiga le mandó un vídeo de las lluvias que estaban inundando su pueblo, Letux, y el de sus tíos, Azuara. Y no dudó ni un minuto: cogió la furgoneta para ir a rescatarlos a ambos, él tetrapléjico. «Vine pensando que iba a sacar dos cadáveres de esta casa», admite. Por suerte, no fue así. Es la vivienda que lleva meses reparando.

Es jueves por la mañana y Cristian pone ladrillo sobre ladrillo para levantar un muro que cubra la casa de sus tíos. Trabaja en una empresa de reformas y ha dedicado el último año a reparar los daños que dejó la riada. Quedan humedades y otros detalles.

«Menos mal que vino la UME y me ayudó, porque yo estaba solo aquí con los voluntarios. Me pegué diez días de mañana a noche, dejé de trabajar porque tenía que estar aquí», explica. Cuando Cristian entró en la casa esa noche se encontró con un tronco de un tamaño «inimaginable» que atravesaba su entrada. La ventana del salón pasó a ser historia y el agua inundó la habitación de sus tíos. A ella, la corriente la arrastró hasta el baño, y él se quedó flotando en la cama.

Así están los pueblos del Campo de Belchite y Daroca un año después de la riada.

Parte de su suerte estuvo en que tenía mucho material -botas escobas, etc.- que había recopilado para ir a ayudar a la DANA de Valencia. Celebra también que el seguro de la casa le ha cubierto «casi todo», y que el pago fuera rápido. Calcula que al mes y medio recibió el primer importe.

El año ha sido «duro» para Cristian. «Muchos días me costaba seguir trabajando porque me echaba a llorar», expresa. Sus tíos han seguido yendo a su casa de Azuara y él se ha desvivido por reparar los daños. Pero el recuerdo sigue vivo. «Intento no sacar mucho el tema. Cuando aquí empiezan a recordar algo siempre es con la mirada abajo, con la cara muy triste... fue muy fuerte lo que paso», subraya.

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