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UN AÑO DE LA TORMENTA

Pedro, un año después de que la riada arrasara su vivienda en Azuara: "Hemos recuperado esta casa, pero hemos perdido un hogar"

Un año después de las inundaciones, Pedro Gil relata el trauma de las tormentas que arrasaron Azuara, dejando su casa inhabitable y sus recuerdos perdidos

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Azuara, Villar de los Navarros y Almonacid de la Cuba

Era viernes 13. Era San Antonio y también su aniversario de bodas. Para Pedro Gil ahora es también la noche de junio en la que las tormentas se llevaron por delante parte de su casa y de su pueblo natal, Azuara. Un año después, cuenta: «Al principio no se te va el ruido del agua de la cabeza. No oyes nada más».

Gracias al seguro del que disponía, Pedro ha podido recuperar su coche, que navegó de una zona del pueblo a otra arrastrado por la corriente, y reparar los daños que dejó el agua en su casa. El trabajo no está terminado, seguirá con la instalación de muebles hasta que el dinero se lo permita. Estima que ya ha invertido 100.000 euros en la reconstrucción.

Así están los pueblos del Campo de Belchite y Daroca un año después de la riada.

Como Azuara fue declarada zona catastrófica, el consorcio le ha cubierto parte de los arreglos, pero ha echado en falta ayuda por parte de las administraciones. Porque aunque «nunca» dio por perdida su vivienda, el agua se llevó muchos de sus recuerdos. «Mi casa de ahora es la de toda la vida, pero preferiría tenerla vieja como antes. Eso sí que me queda, ese resquemor de que esta no es mi casa, de echar de menos la libertad que tenía antes de saber dónde estaban mis cosas...», expresa. Ahora la ve «como un sitio habitacional». «Hemos recuperado una casa, pero hemos perdido un hogar», lamenta.

Durante tres meses, Pedro y su familia vivieron sin puertas ni ventanas. «Hasta mitad de septiembre no empezó nadie a trabajar aquí», afirma. Desde abril o mayo pueden vivir «plenamente».

Pedro y sus vecinos de calle se han instalado (o van a hacerlo) una doble puerta para evitar nuevas inundaciones, y no teme a una nueva riada de esa magnitud. «Es que es nuestra casa, vivimos aquí, no hay más, es nuestra vida, entonces el miedo...». El miedo, asegura, «está superado».

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