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José Luis Rodrigo Escrig (Fundación Ibercaja): "La misión de hace 150 años sigue siendo la de hoy: ayudar al progreso de Aragón y a las personas”

El director general de la institución reivindica el legado social de la antigua caja de ahorros tras un siglo y medio de historia, defiende la singularidad de su modelo bancario y avanza algunos de los grandes proyectos que marcarán el futuro de la entidad

José Luis Rodrigo Escrig, director general de la Fundación Ibercaja, en la sede de la institución en Zaragoza.

José Luis Rodrigo Escrig, director general de la Fundación Ibercaja, en la sede de la institución en Zaragoza. / Jaime Galindo

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Zaragoza

Cuando en 1876 un grupo de miembros de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País impulsó la creación de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, lo hizo con una idea sencilla pero ambiciosa: combatir las desigualdades, fomentar el ahorro popular y contribuir al desarrollo económico y social del territorio. Ciento cincuenta años después, aquella vocación fundacional sigue guiando la actividad de Fundación Ibercaja, heredera de ese legado.

Al frente de la institución se encuentra José Luis Rodrigo Escrig (Zaragoza, 1964), director general desde 2017. Durante su mandato se han puesto en marcha algunos de los proyectos más emblemáticos de la Fundación, como Mobility City en el Puente Zaha Hadid, la reapertura del Palacio de Larrinaga, el desarrollo del Campus Fundación Ibercaja en Cogullada o la ampliación del Museo Goya. Con motivo del 150 aniversario, repasa la evolución de la entidad, reivindica la vigencia de su modelo y reflexiona sobre los desafíos de Aragón en un momento de profunda transformación económica.

La entidad nació en 1876 para combatir la exclusión financiera y fomentar el ahorro popular. ¿Cuál ha sido su mayor aportación en estos 150 años?

Ayudar al territorio y a las personas que forman parte de él. La caja nació hace 150 impulsada por los miembros de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, que ya llevaba un siglo trabajando bajo el lema era «Florece fomentando». Esa misión sigue siendo nuestra razón de ser.

Ibercaja Banco es una de las pocas entidades surgidas de una antigua caja de ahorros en manos de una fundación. ¿Qué ventajas tiene este modelo?

Es el más social. Los dividendos que recibe la Fundación como principal accionista del banco revierten en la sociedad. Es una diferencia fundamental respecto a otros modelos de propiedad. Aquí los beneficios sirven para financiar proyectos sociales, educativos, culturales o de desarrollo territorial. Esa vocación de servicio público forma parte de nuestro ADN. Por eso podemos sentirnos orgullosos de que Aragón conserve un banco con domicilio social, gobernanza y arraigo en esta comunidad.

Para conservar esa vocación fue clave la constitución de un fondo de reserva.

Fue una exigencia regulatoria para que la Fundación pudiera mantener su participación mayoritaria en el banco sin necesidad de recurrir a una salida a bolsa. Era una decisión estratégica para que siguiera siendo un banco independiente.

Hay quien dice que destinar los beneficios de un banco a la sociedad suena casi romántico en el contexto actual.

Puede sonar romántico, pero es una realidad. Y además es una realidad que funciona desde hace 150 años. Esa es probablemente nuestra mayor singularidad y también nuestro mayor orgullo.

¿Cuáles son hoy las prioridades de la Fundación Ibercaja?

Seguimos trabajando en nuestras cuatro grandes áreas: acción social, educación, empleabilidad y cultura. La acción social sigue siendo nuestro ADN, especialmente el apoyo a las personas más vulnerables. Pero las necesidades de la sociedad evolucionan y nosotros debemos adaptarnos. Hoy también son fundamentales cuestiones como la empleabilidad, el emprendimiento, la formación permanente o la sostenibilidad.

¿Cómo se concreta ese trabajo en acción social?

Principalmente a través de convocatorias de ayudas a proyectos de entidades sociales. Me gusta decir que no ayudamos a entidades, sino a proyectos concretos. Valoramos especialmente aquellos que permiten a las personas ganar autonomía, acceder a un empleo y convertirse en dueñas de su propia vida. No hay mayor dignidad que esa.

¿Qué volumen de recursos destina a todos sus proyectos?

Este año manejamos un presupuesto de inversión de 44 millones de euros. Detrás de esa cifra hay una intensa actividad social, cultural y educativa. En 2025 desarrollamos 3.293 iniciativas que beneficiaron de forma directa o indirecta a más de 1,4 millones de personas. Al final, lo importante no es solo cuánto se invierte, sino el alcance que tiene esa inversión en la sociedad.

Ha dicho que el 150 aniversario marcará un antes y un después para la institución. ¿Por qué?

Es una oportunidad extraordinaria para mostrar a la sociedad todo lo que hacemos. Queremos que los aragoneses se sientan orgullosos de esta institución. Hemos preparado actividades de gran relevancia, como el congreso internacional El Mundo que Viene, que reunirá en Zaragoza a premios Nobel, líderes políticos y expertos internacionales para reflexionar sobre los grandes desafíos del futuro.

También han impulsado un nuevo programa de reconocimiento a los docentes.

Sí. Creemos que la figura del maestro merece un mayor reconocimiento social. Los docentes tienen una responsabilidad enorme porque forman a quienes liderarán el mundo del mañana. Por eso hemos creado unos premios de ámbito nacional destinados a poner en valor esa labor.

Aragón vive un momento de transformación económica sin precedentes. ¿Qué papel debe desempeñar la Fundación?

Tenemos que acompañar ese proceso. Lo hacemos, por ejemplo, a través del Campus Fundación Ibercaja, formando a directivos y profesionales en cuestiones clave como la inteligencia artificial. También impulsamos iniciativas como IAON, junto a Ibercaja Banco, el Gobierno de Aragón y Microsoft, para reflexionar sobre la gobernanza y la ética de la inteligencia artificial.

Mobility City se adelantó a muchos de los cambios que hoy vive el sector.¿qué papel quiere desempeñar el proyecto y cuáles son los próximos retos?

Un papel muy importante. Cuando planteamos Mobility City vimos que la movilidad iba a convertirse en uno de los grandes vectores de transformación económica y social. Queríamos crear un espacio que ayudara a comprender esos cambios y que situara a Zaragoza en el debate internacional sobre el futuro de la movilidad. La electrificación ya no tiene marcha atrás, pero el siguiente gran cambio será la integración de la inteligencia artificial, la conectividad y el vehículo autónomo, que transformarán nuestras ciudades y nuestra forma de movernos. Precisamente este otoño celebraremos el primer Congreso Nacional del Vehículo Autónomo, que reunirá a empresas tecnológicas, fabricantes y expertos para debatir sobre un fenómeno que marcará las próximas décadas.

Otro de los proyectos estrella del aniversario es la ampliación del Museo Goya.

Estamos muy ilusionados. La ampliación abrirá nuevos espacios expositivos y permitirá incorporar tecnologías inmersivas para acercar la obra de Goya a nuevos públicos. Queremos que los jóvenes también descubran y se enamoren de los museos.

¿Qué podrá encontrar el visitante cuando reabra sus puertas el próximo mes de octubre?

Una gran exposición inaugural con obras procedentes de algunas de las instituciones más importantes del mundo, como el Museo del Prado, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la National Gallery o la Hispanic Society. Además, pondremos en marcha el centro bibliográfico especializado en Goya más importante existente.

El bicentenario de la muerte de Goya se celebrará en 2028. ¿Qué papel quiere desempeñar la Fundación?

Uno muy relevante. Llevamos décadas trabajando para difundir la vida y la obra de Goya. El Museo Goya es hoy una referencia internacional y queremos contribuir de forma decisiva a que esa conmemoración tenga la dimensión que merece.

Recientemente también han reabierto el Palacio de Larrinaga.

Era una prioridad. No queríamos que permaneciera cerrado. Hoy se ha convertido en una auténtica casa museo gracias a una magnífica colección de pintura orientalista y a un trabajo muy cuidado de recuperación patrimonial. Está teniendo una acogida extraordinaria.

Si dentro de 50 años se celebra el bicentenario de Ibercaja, ¿qué le gustaría que siguiera siendo exactamente igual?

Los principios. Las necesidades sociales cambiarán, como siempre han cambiado, pero la esencia debe permanecer intacta: ayudar al desarrollo de las personas y del territorio.

¿Y qué le gustaría que cambiara?

Ojalá hubiera menos necesidad de acción social. Ojalá viviéramos en una sociedad más justa, con menos desigualdades y menos situaciones de vulnerabilidad. Si eso ocurriera, significaría que hemos avanzado mucho como sociedad.

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