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“Quiero cambiar el rumbo de mi vida”: la joven argentina de 19 años que ha encontrado en Aragón una oportunidad de futuro

Delfina Eoslapezuk dejó su ciudad natal, Campana, y a su familia en Buenos Aires para incorporarse a un programa pionero de formación industrial donde aprende a manejar tecnología de última generación en la planta de Miasa en Zuera y ya imagina su futuro en España

La joven argentina Delfina Eoslapezuk, de 19 años, que hace prácticas laborales en la fábrica de Miasa en Zuera.

La joven argentina Delfina Eoslapezuk, de 19 años, que hace prácticas laborales en la fábrica de Miasa en Zuera. / Javier Río

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Zuera (Zaragoza)

Cuando Delfina Eoslapezuk se subió al avión rumbo a España tenía 19 años, una maleta cargada de incertidumbres y una decisión que cambiaría su vida. Había terminado sus estudios técnicos en Argentina, preparaba su acceso a la universidad y pensaba que su futuro estaba escrito a miles de kilómetros de Aragón. Pero entonces apareció una oportunidad inesperada. “Quería cambiar un poco el rumbo de mi vida”, resume la joven, natural de Campana, una ciudad industrial de la provincia de Buenos Aires.

Hoy vive en pleno Casco Histórico de Zaragoza junto a otros compañeros argentinos que participan en un programa impulsado por el Clúster de Automoción y Movilidad de Aragón (Caar), con el apoyo de Aragón Exterior (Arex), para atraer talento técnico internacional. Desde principios de mayo desarrolla su formación práctica en Miasa (F2J Industry), un proveedor automovilístico instalado en Zuera que está especializado en la fabricación de horquillas y ejes para cajas de cambios.

Su historia comenzó hace más de un año con una convocatoria que llegó a varios centros de enseñanza técnica argentinos. Primero tuvo que completar formularios, explicar sus motivaciones y superar pruebas de selección. Después llegaron las dinámicas de grupo, los exámenes y una entrevista presencial. Entre cientos de aspirantes, fue una de las 18 personas elegidas.

"Quieren verme progresar”

“Cuando surgió esta propuesta hablé con mi familia. Necesitaba su apoyo porque significaba irme a otro país. Estuvieron muy contentos y me animaron a aprovechar la oportunidad”, recuerda. El paso no fue sencillo. Al otro lado del océano quedaban sus padres, sus amigos y un hermano pequeño de apenas cuatro años con el que mantiene una relación muy especial.

“Es difícil. No voy a negar que es difícil. Me llevo muy bien con mi familia y dejar atrás a mi hermano fue de las cosas que más me costaron. Pero también sé que ellos están orgullosos y quieren verme progresar”, explica. La adaptación, sin embargo, ha resultado más fácil de lo que imaginaba. Zaragoza le sorprendió desde el primer día. “Pensé que iba a ser más pueblo”, admite entre risas. “Cuando llegué me fascinó el movimiento de la ciudad, la gente y todo lo que había alrededor. Estoy muy agradecida de poder conocer otra cultura”.

Los mayores choques culturales han llegado por cuestiones mucho más cotidianas que profundas. Algunas palabras, expresiones o formas de hablar siguen provocando situaciones divertidas entre los jóvenes argentinos y sus nuevos compañeros españoles. “Hay cosas que decimos distinto y nos reímos mucho con eso, pero son choques bonitos, de los que sirven para aprender”, señala.

Lo que más le ha impresionado, sin embargo, está dentro de la fábrica. En Miasa trabaja en el área de metrología y control de calidad, donde aprende a utilizar equipos de medición tridimensional y tecnologías que hasta hace pocos meses solo conocía de forma teórica. “Todo es muy moderno y muy avanzado. Estoy aprendiendo cómo funcionan las máquinas, cómo se fabrican las piezas y cómo se realizan las mediciones. Para mí es algo muy complejo y muy motivador porque probablemente en otro entorno no habría tenido la oportunidad de conocerlo”, explica.

La experiencia le ha abierto horizontes que hace apenas unos meses ni siquiera contemplaba. Su intención inicial era continuar estudiando y trabajando en Argentina. Ahora proyecta un futuro muy diferente. “Sí, me gustaría quedarme en España. Me imagino desarrollando aquí mi carrera profesional y también seguir estudiando. Cuando termine esta formación me gustaría hacer un grado universitario”, afirma.

Posible incorporación a la plantilla

El programa concluirá en octubre, pero la posibilidad de permanecer en Aragón es real. Las empresas participantes buscan precisamente incorporar a aquellos jóvenes que demuestren capacidad de adaptación y encaje profesional. Mientras tanto, Delfina sigue descubriendo Zaragoza junto a los otros 17 compañeros argentinos con los que comparte esta aventura. Llegaron a finales de abril sin conocer prácticamente nada de la comunidad y hoy empiezan a construir una nueva rutina entre clases, fábricas, amistades y planes de futuro. “Estamos acompañados en todo momento y eso ayuda mucho”, asegura.

A sus 19 años, la joven bonaerense representa una de las caras visibles de un fenómeno cada vez más relevante para la industria aragonesa: la búsqueda de talento más allá de sus fronteras. Un viaje que comenzó como una experiencia formativa y que, si todo sale según lo previsto, podría terminar convirtiéndose en un proyecto de vida.

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