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ESQUELETO URBANÍSTICO

Noches de ostras y Ferraris: así era trabajar en el casino de Montesblancos de Alfajarín en sus años de máximo lujo

Muchos vecinos de Alfajarín trabajaron en el casino de Montesblancos en sus años de esplendor y al mismo tiempo participaron en una zona de juegos de azar que no acababan de dominar

Noches de ostras y Ferraris: así era trabajar en el casino de Montesblancos

Noches de ostras y Ferraris: así era trabajar en el casino de Montesblancos / Miguel Ángel Gracia

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David Chic

David Chic

Zaragoza

«Nos dolió mucho que lo abandonaran como lo abandonaron». Ese es el sentimiento que las personas más mayores de Alfajarín tienen a la hora de recordad los años de esplendor del casino de Montesablancos. «Cuando hacían las obras se hablaba de que habían hecho un búnker gigantesco, aquello era increíble y muchos del pueblo estuvieron trabajando allí, pues pagaban muy bien y llegaba gente de todo el mundo», evoca Luis Ferrer en uno de los bares junto a la carretera.

En algunos casos los recuerdos de aquellas noches son confusos. Así lo indica el ya jubilado Fernando Socarrina, que en una ocasión ganó 58.000 pesetas a la ruleta y tuvo que ser el propio crupier el que le avisara con un guiño de que era el momento de retirar la apuesta. «Todo el mundo tenía muchas ganas de pasarlo bien en aquella época», explica al recordar noches en las que podían acudir con los amigos a cenar media langosta con una botella de champán (algo que era asequible) y luego dejar alegremente otro buen pellizco en juegos de azar que nadie dominaba especialmente.

El panadero Fernando Serena fue otro de los vecinos que frecuentaba el complejo, subiendo pequeños panecillos horneados siguiendo las instrucciones de los dueños. «Lo querían todo recién hecho y daba igual lo que les cobraras», narra.

Noches de ostras y Ferraris: así era trabajar en el casino de Montesblancos

Noches de ostras y Ferraris: así era trabajar en el casino de Montesblancos / Miguel Ángel Gracia

En aquellos años también disfrutó de las opciones que ofrecía. «Se organizaban hasta campeonatos de tiro al pichón, era algo impresionante», indica. En su caso también pasó mucho tiempo ayudando a recoger las botellas, ya que el consumo de alcohol «era muy elevado», precisa. «Las teníamos que llevar a una bodega gigantesca que tenían en las que se veían marcas de lujo total, con güisquis de más de 25 años», reconoce.

Los vecinos del pueblo también desempeñaron trabajos en la limpieza, como socorristas o como encargados de mantenimiento. Y se cuenta que muchas noches se contrataban hasta tres mujeres «para abrir ostras sin parar» en los grandes salones. En la entrada del complejo, donde ahora solo existen ruinas, eran habituales los Ferraris aparcados y otras marcas de coches de alta gama.

Con los años la mirada de los vecinos de Alfajarín se ha acostumbrado a las ruinas. Por desaparecer ya han retirado por motivos de seguridad el emblemático cartel que al modo de La Vegas anunciaba el casino a las personas que pasaban por la N-II. «Da mucha pena ver el actual estado de abandono al subir en bicicleta, especialmente para todos los vecinos del pueblo que trabajaron allí durante años», resume Serena.

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