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"El Pilar se construyó en menos tiempo": la paciencia se agota con las obras eternas de la carretera de Castellón

Los vecinos y usuarios de la carretera entre Zaragoza y Alcañiz lamentan los retrasos en la conversión de esta vía en autovía y muestran su malestar por una obra que ya supera en más de 20 millones el presupuesto inicial mientras el tráfico sigue soportando desvíos, atascos y limitaciones

Vídeo | Malestar entre los vecinos y conductores por los retrasos en las obras de la carretera de Castellón (N-232)

Pablo Ibáñez

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Fuentes de Ebro (Zaragoza)

"El Pilar lo construyeron en menos tiempo". La frase surge entre risas, pero resume con crudeza el sentir de muchos vecinos de Fuentes de Ebro. Lo que iba a ser una de las infraestructuras llamadas a transformar la salida de Zaragoza hacia el Mediterráneo se ha convertido para ellos en "la obra de nunca acabar". La conversión de la carretera N-232 en la autovía A-68 en los 18,7 kilómetros comprendidos entre El Burgo de Ebro y Fuentes de Ebro va camino de acumular más de cuatro años de retraso respecto al calendario inicialmente anunciado.

Si las últimas previsiones se cumplen, la actuación no concluirá hasta finales de 2027, cuando el plazo original fijaba su terminación en septiembre de 2023. Entre tanto, los usuarios y vecinos del corredor de la carretera de Castellón siguen conviviendo con desvíos, cambios continuos en la circulación y largas retenciones en una de las carreteras con mayor intensidad de tráfico del valle del Ebro.

Cada día la carretera amanece distinta. "Cada día que vas está diferente", comenta Belinda Gasco, empresaria del sector de servicios agrícolas y usuaria habitual de la vía. Las molestias se han convertido en rutina para quienes viajan diariamente a Zaragoza por motivos laborales o de estudios. "Si te toca una maquinaria lenta, eso es horrible. No puedes adelantar y la velocidad media ha bajado muchísimo", explica su hija Victoria Mirando, de 22 años, que se desplaza con frecuencia a la capital aragonesa, donde estudia audiovisuales.

Sensación de inseguridad

Los vecinos admiten que las obras avanzan, pero consideran desesperante la lentitud de los trabajos. "Estamos un poco hartos", resume Mariano, mientras otros conductores recuerdan que la sucesión de desvíos ha incrementado la sensación de inseguridad y las incomodidades en un corredor por el que circulan miles de vehículos, especialmente camiones, cada jornada.

El malestar no se limita a los retrasos. También sorprende el incremento del coste de una actuación que salió a licitación por unos 62 millones de euros (IVA incluído) y cuya inversión oficial asciende ya a 85,6 millones tras las dos modificaciones aprobadas, es decir, el coste de la inversión se ha encarecido cerca de un 40% más respecto al presupuesto inicial.

"Mi hijo es autónomo. Hace un presupuesto y tiene que respetarlo. Aquí, en cambio, se da un precio y luego siempre acaba subiendo", lamenta Benito Villamonte, vecino de Fuentes de Ebro. "Dijeron que costaría 62 millones y van por 85. Esos más de 20 millones los acabamos pagando todos", añade. Aunque algunos reconocen que la pandemia pudo alterar los plazos, consideran que cuatro años de demora "es demasiado" para una infraestructura considerada estratégica y vuelven a recurrir a una expresión que se repite entre los vecinos: "Es la obra de nunca acabar".

"Al menos no se han parado las obras"

En el Ayuntamiento de Fuentes de Ebro comparten ese sentimiento de agotamiento, aunque con un tono más institucional. La alcaldesa del municipio, María Pilar Palacín (PSOE), reconoce que el municipio vive las obras "con mucha paciencia", ya que afectan a una carretera esencial para el desarrollo económico de la comarca.

"Es la única salida de Zaragoza que sigue sin desdoblar. Tenemos mucho tráfico pesado, muchos trabajadores que van y vienen de los polígonos industriales y unas obras que se están alargando sin cesar", afirma. La regidora reconoce que mantiene una interlocución fluida con Demarcación de Carreteras del Estado en Aragón y destaca que los trabajos "al menos no se han parado", aunque admite que avanzan "muy despacio".

Por ello, los ayuntamientos y el tejido empresarial han reactivado recientemente la plataforma que reclama el desdoblamiento completo de la A-68 hasta el Mediterráneo. Mientras tanto, los vecinos continúan esperando que la autovía deje de ser una promesa para convertirse, por fin, en una realidad.

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