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INCENDIOS FORESTALES

El ataque a las llamas en el corazón de la sierra de Alcubierre: "Un operativo como este tiene valores que no se negocian: se trabaja de manera infatigable"

Las cuadrillas de extinción se enfrentan a los vientos cambiantes y a las duras condiciones del terreno al tratar de frenar el avance de las llamas

Vídeo | Horas decisivas durante la tarde para los dos incendios de la Sierra de Alcubierre: el operativo trabaja sin descanso

Miguel Ángel Gracia

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David Chic

David Chic

Leciñena

Cargar mangueras. Subir laderas. Aguantar el calor. Las condiciones de trabajo en la extinción del incendio de Alcubierre empeoran así como avanzan las horas del día. En la cabecera del siniestro, en pleno corazón de la sierra monegrina, los aviones cisterna y los helicópteros no dejan de volar. La máxima atención está puesta en la carretera que parte desde Leciñena y que en tiempos de la guerra civil ya separaba los dos frentes. "El fuego no puede cruzar por ahí", explican. Por el momento es el lugar con máximo número de efectivos.

En la zona norte, más cercano al pueblo de Leciñena donde se encuentra el puesto de mando avanzado y las carpas de coordinación, la previsión del tiempo se actualiza cada minuto. Los retenes salen cargados de víveres y los equipos de avituallamiento dejan neveras llenas de agua fría en los cruces de caminos de las zonas que se acercan a la zona cero de las llamas. Una gran máquina bulldozer abre camino por un barranco para permitir el paso de una brigada terrestre del Gobierno de Aragón. El jefe de sector del operativo Infoar, Carlos Ropero, destaca la necesidad de trabajar en conjunto con todos los medios disponibles: maquinaria pesada, equipos especializados e incluso agricultores. "Lo fundamental es garantizar que no se reproducen las llamas en las zonas ya controladas", explica.

Difícil acceso

La situación cambiante del viento y el aumento del calor con el paso de las horas complica enormemente la extinción. "Lo que nos preocupa es que el fuego no salte el perímetro que vamos logrando", indica el Agente de Protección de la Naturaleza, Jorge Hernández, asociado al retén de Belchite. "Las intervenciones se planifican en función del terreno, y aquí nos encontramos una zona de sierra con pinares y mucho sotobosque de difícil acceso", reconoce.

Por la abertura lograda con la maquinaria pesada entra un camión de los bomberos de la Diputación Provincial de Zaragoza. Penosamente, soportando el intenso calor, se despliegan las mangueras para evitar todas las zonas de humo: raíces encendidas que pueden provocar los temidos rebrotes, como el de la tarde noche del miércoles. 

"El monte se ha quemado pero no ha arrasado con todo en su avance, por eso quedan focos de combustible que mantienen mucho calor y las brasas se avivan con el viento", señala Hernández.

El compañerismo cuando se está dentro de la tierra quemada es fundamental. Los camiones con refuerzos recorren los caminos dejando nubes de polvo que se confunden con el intenso humo que cubre toda la sierra. "Un operativo como este tiene valores que no se negocian: se trabaja de manera infatigable aunque a veces cueste llegar o no tengas agua", asumen con el rostro cubierto de sudor. 

El incendio a primera hora de la tarde ha recobrado fuerza en la zona cercana a la ermita de la virgen de Magallón, un enclave que se encuentra en la memoria de todos los vecinos de la zona y que durante generaciones ha servido como punto de orientación para las personas que recorren el monte. El traslado de cisternas de agua por los caminos es incesante. "Mucho humo, el ambiente está tan caliente como un caldo, es algo peligroso", comentan los agentes que descansan en los alrededores de la cooperativa agraria San Isidro. El viento se levanta y nadie se pone de acuerdo sobre el momento en el que se podrá dar por controlada la situación.

Este mes de julio ha comenzado con mal pie en Aragón con dos grandes incendios y más de 3.000 hectáreas quemadas. Los agentes forestales asumen que cuando se mezcla el fin de la cosecha con altas temperaturas y frecuentes tormentas todo se complicará más de lo que sería necesario. "Se junta todo en el peor tiempo", reconocen.

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