DÍA DEL COOPERATIVISMO
Las cooperativas aragonesas reivindican su valor estratégico en el medio rural
Representantes de cooperativas aragonesas y del sector agroalimentario debatieron junto a Cajamar sobre su papel en el desarrollo de la comunidad en un desayuno informativo organizado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN con motivo del Día Mundial del Cooperativismo

Carolina Luna, Ignacio Atance, José Domingo y Antonio Serrano junto a la directora gerente de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, Cristina Sánchez; la periodista Alicia Revuelta y dos representantes de Cajamar en Aragón. / Josema Molina
En un momento en el que el sector agroalimentario se enfrenta a importantes desafíos estructurales y coyunturales, el modelo cooperativo se consolida como una herramienta clave para garantizar la viabilidad económica y social del medio rural. La presión creciente de los costes de producción, la dificultad para asegurar el relevo generacional en el campo, los efectos cada vez más evidentes del cambio climático y la adaptación a unas exigencias normativas y de mercado cada vez más estrictas configuran un escenario complejo para agricultores y ganaderos. En este contexto, especialmente en territorios poco poblados como Aragón, el cooperativismo sigue demostrando su utilidad como fórmula de organización, resiliencia y competitividad.
En nuestra comunidad existen actualmente cerca de 800 cooperativas, de las cuales la gran mayoría están vinculadas directa o indirectamente al sector agroalimentario. Estas entidades no solo desempeñan un papel económico, sino también social y territorial, ya que contribuyen de manera decisiva al mantenimiento de la actividad en el medio rural, a la fijación de población y a la generación de empleo estable en zonas especialmente vulnerables a la despoblación.
Según los últimos datos difundidos por Cooperativas Agroalimentarias de Aragón, el conjunto del sector ha alcanzado en 2025 una facturación superior a los 1.005 millones de euros, lo que supone un incremento de 68 millones respecto al año anterior, pese al aumento de costes, la climatología adversa y la inestabilidad de los mercados. Estas cifras no solo reflejan la dimensión económica del cooperativismo agroalimentario en la comunidad, sino también su creciente capacidad de adaptación, modernización y competitividad en un entorno global cada vez más exigente. Asimismo, ponen de relieve su papel estratégico dentro del desarrollo económico y rural del territorio aragonés, consolidándose como uno de los pilares fundamentales del tejido productivo regional.
Por este motivo, y en un contexto de reconocimiento institucional y social, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Cooperativismo, que tiene lugar hoy 4 de julio, EL PERIÓDICO DE ARAGÓN organizó el pasado miércoles un desayuno-coloquio centrado en el papel actual y los principales retos de las cooperativas agroalimentarias en la comunidad.
Este foro de debate, moderado por la periodista Alicia Revuelta, reunió a diferentes perfiles de entidades con un papel importante dentro del sector. En él participaron Ignacio Atance, director del Servicio de Estudios de la Fundación Grupo Cajamar; Carolina Luna, directora general de la Cooperativa Ganadera de Caspe; Antonio Serrano, presidente de Bodegas San Valero y también presidente de la Denominación de Origen Cariñena; y José Ignacio Domingo, gerente de la Asociación de Industrias Alimentarias de Aragón.
Durante el encuentro se abordaron cuestiones clave como la modernización del modelo cooperativo, la incorporación de nuevas tecnologías, la necesidad de atraer talento joven al medio rural y el papel de las cooperativas en la transformación y comercialización de productos agroalimentarios. También se puso el foco en la importancia de la colaboración entre entidades, la innovación en los procesos productivos y la apertura a nuevos mercados como vías para garantizar la sostenibilidad futura del sector y su crecimiento como motor económico y de desarrollo del entorno rural.

Los ponentes hablaron sobre algunos de los retos a los que se enfrenta el sector, como por ejemplo, el relevo generacional o la transformación digital. / Josema Molina
En primer lugar, los ponentes debatieron sobre el papel de las cooperativas a la hora de competir en el mercado con las empresas privadas. Ignacio Atance, director del Servicio de Estudios de la Fundación Grupo Cajamar, empezó destacando que, en general, se tiene una visión equivocada de lo que es este modelo de negocio. «Lamentablemente la visión de muchos ciudadanos de a pie sigue siendo de una empresa no plenamente moderna, empresarial, etc. Sin embargo, en cuanto conoces un poco el sector agrario y las cooperativas te das cuenta de que la situación es completamente diferente ya que no deja de ser una forma empresarial para ganar dimensión sin necesidad de abandonar un modelo de explotación de tamaño mediano y profesional».
Desde Cajamar, la primera cooperativa de crédito de España, trabajan a fondo desde hace más de 60 años para tratar de cambiar esta percepción. Además, cuentan con una fundación cuya finalidad es promocionar y realizar programas de actuación social, preferentemente vinculados a la economía social y el sector agroalimentario. Esta entidad promueve iniciativas que contribuyen al fomento del cooperativismo, la investigación agroalimentaria, la innovación tecnológica y la transferencia de conocimiento científico y técnico.
Por su parte, Carolina Luna, directora general de la Cooperativa Ganadera de Caspe, dedicada al sector porcino, percibe las cooperativas como un modelo capaz de competir con cualquier empresa mercantil en cuanto a exigencias en un sector en el que Aragón es líder tanto a nivel nacional como en el exterior. «Al final competimos en un mercado global y la diferenciación es a nivel de servicios y viabilidad para el socio. En el sector en el que estamos, al final la cooperativa es una fórmula más con esa vertiente también de economía social».
Antonio Serrano añadió que en el caso del sector del vino, «está todo muy profesionalizado y hay una gobernanza y escala de representación en las cooperativas que está a la par que una empresa privada». Sin embargo, coincidió con el resto de ponentes sobre la visión «peyorativa» que se tiene de las cooperativas. «La diferencia entre comprar en una cooperativa o una bodega privada muchas veces es el nombre, el producto al final lo elaboramos igual y es chocante esa percepción que tiene el consumidor».
Desde la Asociación de Industrias Agroalimentarias de Aragón, José Ignacio Domingo afirmó que el cooperativismo «sigue dando pasos hacia adelante, en el sentido de mostrarse como una empresa más. Aunque pueda haber una percepción anticuada o más propia del pasado en el consumidor, es en el producto final dónde se ve esa evolución y ahí no eciste diferencia».
La posible unión entre cooperativas y la creación de sinergias para ser más eficientes fue otro de los temas que se trató en esta mesa. Ignacio Atance señaló que el tamaño de estas entidades no es lo más importante para ser competitivos. «Lo importante no es la dimensión, sino conocer cuáles son las cosas que te limitan y en qué medida esas limitaciones serían menos si ganases dimensión. Nosotros en Cajamar, como cooperativa que somos, hemos llegado recientemente a un acuerdo de colaboración con la mayor cooperativa de crédito del mundo y de Europa, Crédit Agricole, para impulsar nuestro desarrollo y crecimiento». Sin embargo, en general, «en el sector agroalimentario español, la dimensión sigue siendo un hándicap con respecto al resto de competidores cuando salimos», expuso Atance.

Ignacio Atance, director del Servicio de Estudios de la Fundación Grupo Cajamar. / Josema Molina
«A la hora de competir lo importante no es la dimensión per se, sino conocer cuáles son las cosas que te limitan y saber en qué medida esas limitaciones serían menos si ganases dimensión»
Sinergias y refuerzos
Carolina Luna destacó la importancia del asociacionismo para ser fuertes dentro del sector y poder marcar la diferencia. «En nuestra cooperativa hace ya muchos años que tenemos sinergias con otras para la compra de materia prima, que al final es el 70% de nuestro coste de producción, y también a nivel logístico, a nivel de producción y de bioseguridad». Además, añadió que hay un mito sobre las cooperativas en cuanto a que tienen una fiscalidad más beneficiosa. «A día de hoy eso es prácticamente nulo y compites casi como una mercantil normal». De hecho, a nivel burocrático, Luna puso sobre la mesa otras demanda: «Necesitamos que nos faciliten el marco regulatorio y así poder adaptarnos a la normativa, ya que a veces hay interpretaciones que no son 100% claras».
Antonio Serrano se mostró de acuerdo con las afirmaciones de la directora general de la Cooperativa Ganadera de Caspe. En el caso de Bodega San Valero, a pesar de contar con el respaldo de la DO Cariñena, reconoció que falta una mayor unión a la hora de salir al exterior. «De alguna manera nos tendremos que poner de acuerdo las cooperativas si queremos seguir subsistiendo. No hay relevo generacional, el consumo ha bajado, estamos buscando hacia dónde va el consumidor y nos va a sobrar estructura si no conseguimos estas sinergias», afirmó Serrano.
Etapa de incertidumbre
Por otro lado, los ponentes dialogaron sobre las preocupaciones de las cooperativas agroalimentarias con la situación geopolítica actual y cómo afectan a su actividad económica las últimas medidas adoptadas en el mercado global como los aranceles impuestos por el Gobierno de Estados Unidos a los productos agrarios procedentes de España o el descenso de las exportaciones de porcino debido a la peste porcina del pasado mes de noviembre. A pesar de todas estas noticias negativas que afectan notablemente a la actividad económica de estas cooperativas, Ignacio Atance quiso poner en valor el crecimiento del sector agrario y su poder como motor económico y de desarrollo. «Desde el sector hay que decir con más confianza a la sociedad cuándo las cosas van bien» y añadió que España es referencia a nivel mundial y dentro de ella «Aragón es una potencia creciente».
En cuanto a las preocupaciones, Atance hizo hincapié en los problemas del cambio climático, especialmente la falta de agua y las condiciones climatológicas adversas que afectan de forma significativa a los cultivos, y la falta de relevo generacional para garantizar el futuro de este modelo de negocio en los próximos años. «Al sector agroalimentario español no le preocupa que no lleguen clientes, sino no tener producto para abastecerlos. No nos interesa solamente que al sector agroalimentario le vaya bien este año o al próximo, sino que dentro de 20 años siga yéndole bien».
La Cooperativa Ganadera de Caspe, al igual que el resto de empresas del sector, ha adaptado su actividad durante los últimos meses para responder a la situación provocada por la peste porcina. «A finales de noviembre nos encontramos con un escenario que ha cambiado el tema de la cotización del precio del porcino, sobre todo por una cuestión comercial, por las exportaciones, y eso nos hace tener que ser todavía más exigentes en costes».
A la hora de afrontar esta incertidumbre en el mercado, las cooperativas se han encontrado con tres etapas fundamentales. «La primera etapa era pasar de la ineficiencia a la eficiencia, tanto a nivel de costes de producción como a nivel de sanidad. Luego vino una segunda fase que es cuando nos abrimos al mundo y ahí entra todo el tema de normativa a nivel de calidad, seguridad alimentaria, higiene. Y ahora viene una tercera etapa que es escuchar al consumidor, y no sólo para satisfacerlo sino para tratar de superar sus expectativas», desgranó Luna.

Carolina Luna, directora general de la Cooperativa Ganadera de Caspe. / Josema Molina
«Hay que crear ecosistemas atractivos para que las personas se quieran quedar. Después, las cooperativas somos transformadoras del medio rural y podemos crear oportunidades»
José Ignacio Domingo añadió que otra de las preocupaciones es la seguridad jurídica, la incertidumbre en cuanto a los cambios de normativas, ya que algunas de ellas no coinciden con las directrices europeas por lo que es muy complicado para las cooperativas adaptarse y ser competitivas frente a otros países europeos.
Un desajuste en la normativa con el que coincidió también Antonio Serrano que subrayó que el objetivo es tratar de adaptarse a estos cambios y tener siempre en cuenta «hacia dónde se ha ido el consumidor», qué es lo que busca.
Innovación, nuevas tecnologías y financiación
Para hacer frente a todas estas preocupaciones y tratar de ser más competitivos y aumentar la productividad, la innovación y las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental hoy en día. La Fundación Grupo Cajamar traslada toda esta información a través de sus distintos centros de experimentación, uno de ellos en El Ejido (Almería), dónde trabajan en la generación y transferencia de tecnologías sostenibles; y otro en Paiporta (Valencia), dedicado a la experimentación e investigación en horticultura y fruticultura mediterránea. Ahí detectan las necesidades y problemas con los que se encuentra el sector para poder proponerles soluciones eficaces adaptadas a cada una. En total, están investigando en 75 proyectos de agrosostenibilidad en sus diferentes centros experimentales, para los que cuentan con una red de 3.000 expertos en conocimiento e innovación agroalimentaria. Además, han promovido 150 eventos de transferencia agroalimentaria con más de 12.000 asistentes anuales y publicado más de 600 estudios de divulgación agroalimentaria, unas cifras que muestran el compromiso y apuesta de la entidad por dar a conocer los detalles de sus investigaciones.
Ignacio Atance destacó entre estos proyectos la creación del Observatorio de Digitalización, una iniciativa en la que colabora el Ministerio de Agricultura junto con Cajamar desde hace años. A través de este observatorio realizan informes sobre cómo está avanzando la transformación digital en la agricultura. Gracias a esos estudios han observado que, desde la pandemia del covid-19, la digitalización se ha acelerado mucho. Tecnologías que antes eran demasiado costosas o difíciles de implantar, como la sensorización de los cultivos, ahora son más accesibles para agricultores y cooperativas. De esta forma, funciona como herramienta de análisis y seguimiento para conocer la evolución de la agricultura y las innovaciones que son necesarias para responder a los desafíos del sector.
Otros de los proyectos destacados de la Fundación Grupo Cajamar son: Cajamar Innova y la plataforma digital Tierra. El primero de ellos, busca encontrar ideas innovadoras y nuevas tecnologías en torno al agua. Su objetivo es facilitar a los emprendedores en materia de agua, tecnología y alimentación en servicios y productos competitivos, que favorezcan el desarrollo territorial sostenible. En segundo lugar, la plataforma Tierra permite compartir experiencias e información del mercado, legal, sobre tendencias o sostenibilidad, entre los profesionales del sector agroalimentario.
Por otro lado, Carolina Luna explicó que desde la Cooperativa Ganadera de Caspe han tratado de innovar en los últimos años con la creación de la Red Ganadera Caspe, «una forma de reinvertir los beneficios de la cooperativa en producción para hacerlas crecer y aportar todas esas sinergias del motor económico de crecimiento, pero sin ser competencia del socio». A esto se le suman también los avances en digitalización y automatización de procesos de las granjas de porcino, una parte muy importante en el sector pero para la que se necesita también personal formado y capacitado para poder utilizar este tipo de tecnologías.
Sin embargo, para Carolina Luna, esto todavía es una tarea pendiente dentro del sector primario ya que es necesario avanzar en unificación de datos para gestionarlos mejor y poder tomar mejores decisiones al respecto y al mismo tiempo invertir en tecnología y sostenibilidad para ser más eficientes, ahorrar costes y reducir el impacto ambiental.
Antonio Serrano expuso que en el sector del vino parte de la innovación que desarrollan está en saber adaptarse a lo que demanda el cliente de hoy ya que el mercado ha cambiado mucho en los últimos años. «Ahora estamos con los sin alcohol y los vinos de baja graduación. Al final de una manera u otra siempre se va innovando porque las empresas que no innovan pues al final se quedan fuera del mercado», aseguró.
Entre los proyectos innovadores más destacados destacó el que lleva a cabo Destilerías San Valero con una nueva planta de desalcoholizado, con la que buscan dar salida a los insumos sobrantes, algo que sería difícil de gestionar en solitario.
Además, para hacer frente a las enfermedades y plagas que afectan a la producción de uva, hace tiempo que desarrollaron distintos avances en biotecnología. «Cariñena fue pionera en el uso de una biotecnología para suprimir la lobesia botrana, una enfermedad endémica que provoca un insecto que ataca a la uva. Esto no solo nos restaba producción sino que además afectaba a la calidad del producto final».
Desde la Asociación de Industrias Agroalimentarias de Aragón intentan «aportar su granito de arena» al sector a partir del Clúster de Alimentación de Aragón, que busca impulsar proyectos de innovación con empresas. «Las empresas a título individual están haciendo un esfuerzo en digitalización y en la incorporación de inteligencia artificial que va a ser una revolución en los próximos años. El esfuerzo es continuo en ese sentido porque si no te quedas fuera del mercado y por eso consideramos que hay que seguir impulsando este tipo de iniciativas y desde las administraciones también se debería empujar más al sector en este en este sentido», señaló José Ignacio Domingo.
Una de las partes más importantes para poder desarrollar todos estos proyectos es la financiación. «En general en este momento no es un problema, se puede encontrar financiación para los proyectos de las empresas, otra cosa es el coste al que se pueda poner en un determinado momento. Desde el punto de vista del sector agroalimentario español, no está especialmente endeudado», explicó Ignacio Atance.
El papel de Cajamar a la hora de dar esta financiación, tanto para diferentes inversiones como para las semillas, fertilizantes, productos fitosanitarios o mano de obra, es clave para la continuidad del sector frente a la incertidumbre. «La demanda de productos va a seguir presente y pese a esa incertidumbre, hay que lanzarse a invertir y nosotros estamos ahí para apoyar y financiar a las empresas», precisó Atance.
Tras realizar varios estudios, en la Fundación Grupo Cajamar han definido cuales son los principales miedos a la hora de buscar esta financiación. «Hay tres grandes preocupaciones: por encima esta la incertidumbre geopolítica, luego la presión regulatoria, esa sensación de ver que no da tiempo a adaptarse a la normativa en vigor, y la tercera es la cuestión de los recursos humanos y búsqueda de talento», señaló, dando así paso a otro de los grandes temas que se abordó en el desayuno.
Relevo generacional
Y es que uno de los principales problemas con los que se encuentran las cooperativas agroalimentarias hoy en día pero que es también uno de los mayores problemas del medio rural aragonés en general es la falta de relevo generacional.
El envejecimiento de la población hace que muchas cooperativas tengan que buscar nuevas formas para atraer talento joven. Tal y como subrayó Carolina Luna, «no se trata solo de atraer talento sino también de retenerlo», un reto complicado en un sector que, además de estar envejecido, «también está bastante masculinizado». Sin embargo, la responsable de la cooperativa caspolina fue más allá y planteó un nueva cuestión: «A veces hablamos de políticas de género, pero creo que primero se debería hablar de políticas de ruralidad y de hacer más atractivo el medio rural. Hay que crear ecosistemas atractivos también para que las personas se quieran quedar en el medio rural. Ahí, las cooperativas somos transformadoras y podemos crear oportunidades». Además, también incidió en lo que demandan ahora los jóvenes a nivel de conciliación, de disponer de tiempo de calidad y de ocio, «pero las nuevas tecnologías también nos van a permitir ser más eficientes para poder darles esas concesiones porque necesitamos de ese personal y tenemos que facilitar para que vengan y se quieran quedar».

José Ignacio Domingo, gerente de la Asociación de Industrias Alimentarias de Aragón. / Josema Molina
«Tenemos que hacer más atractivo el sector y comunicar mejor lo que hacemos para estar en el punto de mira de los jóvenes y que nos vean como una opción a la hora de decidir su futuro profesional»
Mientras, José Ignacio Domingo puso el foco en la importancia de la comunicación para atraer talento. «Tenemos que hacer más atractivo el sector y comunicar mejor para estar en el punto de mira de los jóvenes a la hora de decidir su futuro profesional. Creo que todos los que estamos en el sector coincidimos en que este sector te atrae, te atrapa y una vez que estas dentro es difícil salir. Ese es un valor que tenemos que saber transmitir».
Por su parte, Antonio Serrano achacó esta falta de relevo generacional a la rentabilidad y financiación. «Muchas veces gracias a las entidades financieras que creen en el mundo agrícola y apoyan se pude salir adelante pero es complejo el retener la población si no hay rentabilidad. La gente joven que accede es porque tiene unos padres que le ceden parte de la explotación o le han ayudado, gente que venga nueva, se cuentan con los dedos de las mano».
Ignacio Atance recordó su idea inicial sobre la percepción que se tiene de las cooperativas y la necesidad de dar a conocer las cosas buenas del sector para que se tenga una visión positiva y se pueda atraer al talento joven. Además, añadió que el sector se apoya en mano de obra familiar, algo que ha desaparecido, entre otras cosas porque el propio sector ha dado un salto en modernización y también de rentabilidad.
El valor de las cooperativas
Por último, a modo de cierre, los ponentes destacaron los valores del cooperativismo, así como la importancia del sector agroalimentario en nuestra comunidad. La primera en intervenir fue Carolina Luna que señaló «la generosidad propia e intrínseca del modelo, primero porque es irrepartible, está arraigado al territorio y a la comunidad, no se va a deslocalizar. Es uno de los puntos que más me atrae, tanto en el presente como en el futuro, además de ese impacto social de comunidad y de territorio. Por otra parte, en cuanto al agroalimentario, creo que tendríamos que sentirnos orgullosos de producir alimentos para el mundo y de ser productores de alimentos con los máximos estándares de calidad, de seguridad alimentaria, de sostenibilidad y de bienestar animal».
José Ignacio Domingo tiró de datos y subrayó que en Aragón, el agroalimentario, según los sectores de industria, genera unos 20.000 puestos de trabajo directos, lo que muestra su importancia económica y como actividad vertebradora del territorio fomentando el desarrollo del medio rural. «Tenemos que ser conscientes y estar orgullosos del sector que tenemos. Para todas aquellas personas que puedan estar pensando en iniciar una carrera profesional, yo les invitaría a que conozcan un poco el sector, a que se informen, a que lo valoren como una oportunidad de salida laboral y a las administraciones también, es necesario hacer una apuesta por la promoción».
Antonio Serrano coincidió con Domingo y añadió que habría que promocionar aún más el sector en el exterior ya que es uno de los mercados más importantes, y para ello destacó la labor de las cooperativas. «Las cooperativas no son solamente una entidad jurídica, son vertebración del territorio. En muchas zonas si no estuvieran no habría nada. No solamente las cooperativas sirven para los productores, al final hacen que nos quedemos en el mundo rural» y señaló también que «sin la población inmigrante que ha venido de lejos, no habría gente para poder trabajar y sacar adelante las explotaciones, por muy automatizadas y modernizadas que estén». Además, según Serrano y desde el punto de visto de una cooperativa vínicola, la administración debería dar más ayudas para conseguir una mayor integración en el mundo del vino para que puedan ponerse de acuerdo todas las cooperativas y así conseguir una mayor eficiencia y productividad.

Antonio Serrano, presidente de Bodegas San Valero y la D.O Cariñena. / Josema Molina
«A la larga las cooperativas nos tendremos que poner de acuerdo y reducir nuestras infraestructuras si queremos ser rentables y subsistir en el mercado»
Ignacio Atance se centró más en destacar el buen momento del sector agroalimentario apoyándose en varias cifras que demuestran su evolución en los últimos años, destacando la calidad del producto español como una gran ventaja competitiva en los mercados internacionales. «España al comienzo de este siglo, hace 20 años, tenía un saldo comercial agroalimentario inestable, a veces era positivo y otros años negativo. Hoy rozamos los 20.000 millones de euros y Aragón 2.500. Entonces miremos eso, lo que hemos sido capaces de hacer compitiendo gracias a la calidad del producto. Tu precio no puede estar totalmente desalineado del de tus competidores, pero si tu calidad es superior, el consumidor está dispuesto a pagar más y creo que eso nos tiene que hacer afrontar la incertidumbre con ganas y a esa persona que piensa dónde puede desarrollar una carrera profesional decirle que aquí hay oportunidades».
Falta de vivienda
Para finalizar, los ponentes pusieron sobre la mesa un último tema, la falta de vivienda en los pueblos para poder acoger a los nuevos trabajadores. Los cuatro incidieron que la falta de tierras y viviendas, además de algunos servicios, hacen que el reto de captar talento sea todavía más complicado ya que es difícil garantizarles un sitio dónde vivir.
En definitiva, el cooperativismo agroalimentario afronta importantes desafíos, como el relevo generacional, la adaptación a un mercado cada vez más competitivo, la innovación o la incertidumbre normativa. A pesar de ello, el consenso entre los participantes fue claro: las cooperativas siguen siendo una herramienta esencial para impulsar el desarrollo económico, fijar población y garantizar el futuro del medio rural aragonés. Su capacidad para unir esfuerzos, generar valor en el territorio y adaptarse a los nuevos retos las sitúa como un modelo clave para construir un sector agroalimentario más fuerte, sostenible y competitivo.
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