Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La gestión en las emergencias

Aragón sufre ya uno de sus peores años en incendios con 10 semanas de peligro por delante

La comunidad encadena cuatro fuegos en el principio del verano que elevan a más de 8.700 las hectáreas calcinadas. Las campañas más virulentas, como las de 2022, 2009 y 1994, superaron las 19.000 hectáreas quemadas

Una imagen del fuego que se adentró en la sierra de Alcubierre, hace apenas dos semanas.

Una imagen del fuego que se adentró en la sierra de Alcubierre, hace apenas dos semanas. / Miguel Angel Gracia / EPA

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zaragoza

Un principio de verano abrasador ha arrastrado a Aragón a uno de los peores años de su historia reciente en cuanto a incendios forestales se refiere. La comunidad ha sufrido en apenas seis meses la calcinación más de 8.730 hectáreas en la comunidad, la mayor parte concentrada en cinco fuegos encadenados desde el pasado 25 de junio, una cifra que convierte a 2026 en uno de los ejercicios más negros desde que existen registros (1990) cuando aún quedan diez semanas de máximo peligro, pues la campaña de máxima activación del operativo antiincendios del Gobierno de Aragón no concluye hasta el 13 de septiembre.

Los siniestros de Tamarite de Litera (4.525 hectáreas), Leciñena (3.100), Loporzano (265) y La Fueva (45), al que esta última semana se sumó el de Castillonroy (420) se han concatenado durante las últimas tres semanas para que Aragón anote una de sus peores campañas forestales cuando aún tiene por delante las fechas en las que se concentran la mayoría de los grandes fuegos. Hay que remontarse al año 2022 para encontrar una cifra superior de superficie arrasada. En aquel entonces, una conjunción de viento, escasa humedad e imprudencias propiciaron la calcinación de 20.193 hectáreas forestales con los fuegos de Ateca y Añón del Moncayo a la cabeza, según consta en la información oficial hecha pública por la dirección general de Medio Natural del Gobierno de Aragón. Sin embargo, estos datos tan solo incluyen la superficie afectada en el ámbito forestal, a la que hay que sumar la agrícola, que en el caso de 2022 elevaría hasta cerca de las 23.000 hectáreas las afectadas en suma.

Más atrás, en el curso 2009 la comunidad aragonesa tuvo que hacer frente a una de sus peores campañas con siniestros como el de Tauste, el de Aliaga-Ejulve o el del entorno del campo de maniobras de San Gregorio. En total, aquel año se saldó con 19.648 hectáreas quemadas de superficie forestal.

En imágenes | El operativo de INFOAR sigue este jueves con las labores de extinción en el incendio de Leciñena

Trabajadores del operativo de extinción en el incendio de Leciñena, hace dos semanas. / Miguel Ángel Gracia

La mayor cantidad de tierra devastada por las llamas se dio en 1994. Hace 32 años, las tierras aragonesas sufrieron una oleada de incendios que se llevó por delante 32.457 hectáreas de masa forestal, según datos recopilados por el Instituto Aragonés de Estadística, a los que habría que sumar una indeterminada cifra de tierras de labranza.

Por otro lado, cabe destacar que en el año 2015 se dio el mayor incendio de la historia reciente de Aragón. Originado en Luna, el fuego se llevó por delante casi 13.900 hectáreas, la mitad de ellas relativas a superficie forestal, la otra mitad referente a tierras agrícolas.

Los grandes incendios, los grandes culpables

Suele ocurrir que los años con más superficie quemada coinciden con la explosión de grandes incendios, esto es, aquellos que devastan más de 500 hectáreas. Es recurrente escuchar en los técnicos de prevención que el 1% de los siniestros hace arder el 99% de la tierra quemada en cada campaña. Y así se explica que en 2025, cuando España sufrió uno de los años más negros en cuanto a incendios forestales de su historia con más de 270 hectáreas afectadas en superficie forestal, en Aragón apenas se quemaron 304 hectáreas repartidas en 50 incendios. No hubo grandes fuegos incontrolables, esos conocidos como incendios de sexta generación, ya que el combustible quemado libera tal cantidad de energía que altera las condiciones de la atmósfera, creando un microclima que hace impredecibles las condiciones de control y extinción del fuego.

Es algo similar a lo que ocurrió en las últimas semanas en Leciñena o Tamarite, donde el viento y el combustible disponible (grandes masas forestales favorecidas por las lluvias de las estaciones frías y el abandono del medio rural) complican la extinción de los fuegos. Muy cerca de Aragón, el pasado fin de semana se desató un peligroso incendio en el entorno de La Bisbal, junto a Barcelona, de condiciones similares a los antes citados.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents