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Sucesos

Los evacuados por el incendio de Orés: "A mi marido lo destinaron a Luesia hace una semana. Ha sido un susto terrible"

El polideportivo de Ejea sirve de refugio para 67 vecinos de esta localidad, pero también de Asín, Luesia y Malpica de Arba, donde el humo y el fuego obligaron al desalojo

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Ejea de los Caballeros

Poco o nada se podía imaginar Marta, una alicantina a cuyo marido, guardia civil de profesión, destinaron la semana pasada en Luesia, que tendría que pasar una de sus primeras noches en las Cinco Villas refugiada junto a sus hijos en el polideportivo municipal de Ejea de los Caballeros. Mientras los pequeños Abel y Helena juegan juntos a Princess, una niña luesiana, a lanzar la zapatilla al aire, la joven alicantina dice con resignación: "Va con el oficio, aunque ya es mala suerte. Lo más importante es que está todo el mundo bien".

Son algunos de los 67 vecinos de Asín, Luesia, Orés y Malpica de Arba que se han alojado esta noche en el recinto municipal tras ser evacuados de sus municipios por el incendio originado ayer.

Los últimos desplazados por el fuego fueron los vecinos de Malpica de Arba, donde las autoridades tuvieron que desalojar a los vecinos pasadas las dos de la madrugada. "La mayoría no podíamos dormir, estábamos prevenidos, pero la policía y la Guardia Civil fueron puerta por puerta haciendo un registro de los vecinos. Se portaron estupendamente, más si cabe con el susto que llevábamos en el cuerpo", explican Diasol, Rosario y Antonina, tres mujeres vecinas de Malpica que conversan tapadas con mantas de Cruz Roja.

La evolución del fuego fue progresiva. Paula Ezquerra, de 19 años, recuerda junto a Hugo Alegre, compañero de la peña Santa María, orgullosos portadores de la virgen en las fiestas de este verano, recuerda que estaba en la ludoteca junto a los niños por la mañana, cuando se sentaron a ver la columna de humo. "Aparecía y desaparecía. Salía fuego y después se iba. Fue ya por la tarde cuando dijeron que era grave, vimos la humareda y nos preparamos para irnos", señala la joven.

Tensos momentos se vivieron en la residencia de ancianos de Asín, donde trabaja Gustavo López. "Salimos rápido y con lo puesto. Lo importante era cuidar a los ancianos", señala, reconociendo el miedo que pasaron los vecinos durante la evacuación, donde el fuego brincó al municipio y hay viviendas afectadas por las llamas.

"Estamos esperando a la información fehaciente, porque hay mucho correveidile y rumores. No sabemos qué casas están afectadas y eso, evidentemente, acojona un poco", apunta.

El mismo susto en el cuerpo llevan Ana Rodríguez y su madre, Palmira Cortés, que bajan todos los veranos de Barcelona a pasar el verano en su pueblo: "Luesia nunca se había quemado, ni de cerca con el incendio de Luna. Es un susto terrible y una incertidumbre total que no te sacas del cuerpo", concluyen madre e hija.

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