El verano más asfixiante no da tregua en Aragón: "Ya hemos alcanzado el promedio anual de noches tropicales"
Pablo Sola, técnico superior de Meteorología de la Aemet en Aragón, advierte de que junio fue el segundo más cálido de la serie histórica y de que julio camina hacia otro registro excepcional

Varios niños se refrescan, este miércoles, en una fuente de Zaragoza, en la zona de la Expo. / Laura Trives
El calor sofocante que está marcando el verano en Aragón no es una percepción subjetiva. Los datos que maneja la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) confirman que la comunidad atraviesa un episodio extraordinario que, lejos de ser una anomalía puntual, encaja en una tendencia cada vez más evidente. "Los últimos cinco años muestran una desviación de las temperaturas mucho mayor que en décadas anteriores y eso nos está indicando claramente que hay un cambio", resume Pablo Sola, técnico superior de Meteorología de la Aemet en Aragón. Su conclusión es contundente: "Esta es la nueva normalidad".
El mejor ejemplo es el mes de junio, que ya ha sido analizado por la agencia. Ha sido, según explica, el segundo junio más cálido de toda la serie histórica, únicamente superado por el de 2025, con una anomalía de 3,6 grados respecto al periodo de referencia 1991-2020.
Y todo apunta a que julio seguirá el mismo camino. Aunque la Aemet no cerrará el balance hasta finalizar el mes, la evolución de las temperaturas permite anticipar que estará "entre los más cálidos de la serie histórica y quizá pueda convertirse en el más cálido", apunta el meteorólogo.
Un verano de noches asfixiantes
Uno de los indicadores que mejor refleja la intensidad del calor son las noches tropicales, aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 20 grados y el descanso resulta especialmente difícil. En Zaragoza, tomando como referencia la estación del aeropuerto, 2026 ya acumula 29 noches tropicales, de manera que ya se ha alcanzado el promedio anual de este tipo de noches del último lustro. Lo llamativo es que esa cifra se ha alcanzado cuando todavía no ha transcurrido ni la mitad del verano.
Solo en julio se han registrado 13 noches tropicales de las 15 transcurridas, ya que únicamente en dos ocasiones el mercurio descendió por debajo de los 20 grados. En junio, fueron 16 veladas en las que el mercurio no bajo de los 20 grados.
Además, este verano ya ha dejado dos noches ecuatoriales -ambas en julio-, que son aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 25 grados, un fenómeno que hace apenas unos años era excepcional. "Antes era algo muy raro; ahora prácticamente todos los últimos veranos registran dos o tres noches ecuatoriales", explica Sola.
El pico de calor llega con 42 grados
La jornada de este miércoles ha representado el momento más extremo de este episodio, con previsiones de hasta 42 grados en la ribera del Ebro, lo que ha obligado a activar el aviso rojo por temperaturas extremas.
No obstante, Sola introduce un matiz importante. A pesar de las temperaturas excepcionales en Aragón, la Aemet no lo considera oficialmente una ola de calor, ya que este fenómeno requiere cumplir unos criterios de extensión territorial y duración en el conjunto de España. En esta ocasión, el episodio se concentra principalmente en el valle del Ebro y el noreste peninsular.
A partir del jueves comenzará un descenso progresivo de las temperaturas, aunque el alivio será relativo. "Seguiremos por encima de los 35 grados en el valle del Ebro durante varios días", advierte.
Una tendencia que continuará
Las previsiones estacionales elaboradas por la Aemet antes del verano ya apuntaban a un trimestre –junio, julio y agosto– con temperaturas superiores a la media, una previsión que, de momento, se está cumpliendo. El organismo no puede anticipar con semanas de antelación nuevas olas o episodios concretos, pero sí mantiene una elevada probabilidad de que el conjunto del verano finalice por encima de los valores normales.
Para Sola, el aumento sostenido de las temperaturas responde a una tendencia ampliamente constatada por los registros meteorológicos. "Lo que observamos objetivamente es que los valores medios aumentan década tras década", señala. Ese incremento, añade, está asociado en gran medida al calentamiento global provocado por la actividad humana.
Las consecuencias van mucho más allá del malestar provocado por el calor. El experto recuerda que las altas temperaturas incrementan el estrés térmico, especialmente durante las noches, y afectan con mayor intensidad a personas mayores, enfermos crónicos o niños. Además, favorecen periodos de sequía más intensos, elevan el riesgo de incendios forestales y contribuyen a fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas severas o inundaciones repentinas, favorecidos también por un mar Mediterráneo cada vez más cálido.
Ante este nuevo escenario, considera que Aragón y España deberán acelerar su adaptación. A su juicio, todavía existen numerosos edificios públicos que no están preparados para soportar veranos como los actuales. "Colegios, hospitales y muchos otros edificios no disponen de la climatización suficiente para afrontar temperaturas como las que estamos viviendo", señala. Una situación que, en su opinión, exigirá inversiones y cambios en la planificación, porque "desgraciadamente, este tipo de veranos van camino de convertirse en la norma".
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