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INCENDIOS FORESTALES

Tres noches protegiendo el rebaño en las Cinco Villas: "Aquí nos quedaremos las ovejas, los perros y yo: el fuego no nos saca"

Un ganadero de Uncastillo declara que se quedará con sus ovejas y perros para proteger su modo de vida ante el avance del fuego

Los parajes en el entorno de Uncastillo han sido arrasados por el fuego.

Los parajes en el entorno de Uncastillo han sido arrasados por el fuego. / Pablo Ibáñez

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David Chic

David Chic

Uncastillo

El desalojo de un pueblo implica dejar atrás una casa, recuerdos o un modo de vida. Es lo que están viviendo el millar de vecinos de las Cinco Villas que tuvieron que salir con lo puesto para evitar daños personales por el avance de las llamas. Sin embargo, algunas personas han decidido no acatar la norma arriesgándose a una sanción administrativa. Lo hacen conscientemente alegando que lo que dejan atrás es mucho más importante. "Aquí nos quedaremos las ovejas, los perros y yo: el fuego no nos saca", afirma el agricultor y ganadero Jesús Vajillero. Lleva tres jornadas pasando la noche junto a su rebaño en el entorno de Uncastillo. "He creado un vallado en medio de la alfalfa verde, esto es seguro", dice.

La primera noche su ausencia del pueblo creo una alarma significativa. Las comunicaciones, que todavía son precarias, todavía no se habían recuperado en absoluto. La falta de comunicación y el haberse retirado a la zona del embalse de Anás provocaron que sus amigos pensarán que había sucedido una desgracia. Como gran parte de los vecinos, había pasado la primera tarde luchando contra el fuego con su tractor.

"Me fui a controlar el rebaño pensando que era imposible que se hubiera escapado el incendio, pero veía las llamaradas y me decía: me cago en la puta, ya me puedo quedar aquí que esto es peligroso", recuerda. Califica la sensación noctura de estas madrugadas como "impresionantes", a pesar de que con la noche se calman las llamas. "Estaba en la hondonada y ver los reflejos en los cerros es apabullante, casi se hace de día", cuenta.

No se arrepiente de la decisión. Eso le ha permitido salvar las más de doscientas cabezas de ganado que posee. "Menos mal que nos hemos quedado donde estaba: el primer día me las quería llevar a casa, que tengo ahí una nave, pero ha estado a punto de quemarse", señala. Tras una noche entera sin dormir pendiente de la evolución de la emergencia, regresó brevemente a su casa a medianoche para ducharse, logrando descansar apenas un par de horas hasta las cinco de la mañana, momento en el que se puso en pie de nuevo para salir de inmediato hacia el punto de reunión.

Uno de los aperos agrícolas quemados en Uncastillo.

Uno de los aperos agrícolas quemados en Uncastillo. / Pablo Ibáñez

Desde entonces ha permanecido activo sobre el terreno, con algunas pausas para desplazarse a zonas más elevadas para poder encontrar cobertura móvil y comunicarse. Su intención es resistir mientras persista el peligro, pues los vientos reviven focos que se consideran apagados cuando menos se espera.

En Uncastillo se mantienen los turnos de vecinos para dar asistencia a las labores de extinción y a los voluntarios que se encargan de arar el monte para evitar que se reproduzcan los focos, reparten agua, bocadillos o se agarran a los batefuegos. "Nosotros somos los que conocemos el monte, no entiendo que no quieran que echemos una mano, nosotros no hacemos locuras y podemos aportar medios, algo que no hacen los políticos que solo vienen a sacarse fotos", asegura. Asimismo, lamenta la falta de coordinación y de recursos reales sobre el terreno, señalando que la gestión actual resulta "caótica y se centra más en la imagen pública" que en la eficacia.

En este sentido, en el pueblo ha sentado muy mal la jornada de este sábado que se tratara de impedir su labor de cooperación. "Entiendo perfectamente que es por seguridad, pero cuando el fuego se acerca, deberíamos tener la posibilidad de ayudar a sujetarlo", insiste. "No me puedo ir y dejar mi pueblo atrás: yo me quedo aquí a colaborar en lo que haga falta, ya sea llevando víveres o trabajando con el tractor, porque he vivido aquí toda la vida", reitera.

Vajillero señala que en Uncastillo afortunadamente no se han registrado daños en los animales de las granjas, aunque sí que numerosos destrozos en parideras, corrales y almacenes. "Todos los que han podido las han llevado a otros sitios para salvaguardarlos", indica. Lo que sí que se ha perdido es todo el entorno: campos, árboles, senderos y otros espacios de gran riqueza cultural y natural. Algo que nadie podía imaginar. "Lo que ha pasado aquí es de juzgado de guardia, se han quemado las cuatro caras del pueblo", asegura.

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