VERANO NEGRO
Los vecinos de las Cinco Villas vuelven a casa tras el "duro" incendio que ha castigado la comarca: “Esto duele verlo”
Tras varios días realojados fuera del municipio zaragozanos, los residentes regresan aliviados a sus viviendas, donde el fuego ha dejado un paisaje desolador tras arrasar en torno a 15.000 hectáreas en las Cinco Villas
En imágenes I Los vecinos de Luesia vuelven a sus casas tras ser desalojados por el incendio de Orés / RUBÉN RUIZ
La pared de una casa sirve de respaldo para Juan Montañés. Le da la sombra necesaria para observar cómo los vecinos de su Luesia natal regresan a casa tras varios días reubicados en alojamientos y espacios municipales por el devastador fuego que en menos de una semana ha arrasado más de 15.000 hectáreas en las Cinco Villas (Zaragoza). Él ha sido de los primeros en llegar al pueblo este lunes por la mañana en el que todos los evacuados por las llamas, que fueron en torno a 1.000 personas de Orés, donde se originaron, Asín, Luesia, Malpica de Arba, Uncastillo y Petilla (Navarra). El incendio está ahora estabilizado y sobre el terreno continúan trabajando varios medios de Infoar, dispositivo de prevención y extinción de incendios forestales del Gobierno de Aragón.
"Llevo seis días fuera de casa, sin nada, y en aquellas condiciones… mal. Es demasiado tiempo para estar fuera de casa, y la gente joven puede estar de cualquier manera, pero los mayores… Como en casa no estás en ningún lado”, comparte a este diario desde Luesia unos minutos después de llegar. Desde que se declarara el incendio el pasado miércoles, ha viajado en al menos dos ocasiones al pueblo para ayudar con algunas tareas de trabajo. Aunque no queda rastro del humo de los días anteriores, se mantiene el desazón.
Juan reconoce que le ha resultado difícil el camino de vuelta a Luesia y ver cómo el paisaje que ahora rodea al pueblo está lleno de carbón. "Esto duele verlo... cosa mala", expresa. Recuerda incendios anteriores y asegura que “nunca había visto una arrasada como esta". También "se ha hecho duro" la estancia fuera, dice. Aunque el Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros habilitó dos espacios municipales para los evacuados, él se ha quedado en casa de un familiar.
Mientras Juan habla, más coches llegan a Luesia. Familias, parejas. Todavía no lo hacen los usuarios de la residencia de ancianos, que fueron evacuados a otro centro de las mismas características en Zaragoza y que, según han trasladado desde el Gobierno de Aragón, volverán a sus pueblos "cuando esté garantizada la asistencia en perfectas condiciones en sus residencias de origen". El consejero de Medioambiente y Turismo, Luis Biendicho, ha informado de que los Servicios Sociales evaluarán mañana el posible regreso.

Juan y María Jesús Montañés, en su regreso a Luesia este lunes. / Rubén Ruiz
"Se me han metido dos gaticos dentro", cuenta María Jesús Montañés mientras sale de su vivienda. "Limpiando todo estoy", comparte entre risas. Está contenta, está de vuelta en casa. Ella estaba junto a Pedro fuera de casa y se enteraron algo más tarde del aviso Es-Alert que les indicaba que debían marcharse del pueblo. "Vemos uno que marchaba, otro que tal... y pasa un Guardia Civil y nos dicen, ¿tenéis sitio u os llevo?", recuerda. Enseguida contactaron con sus familiares y se marcharon a Ejea de los Caballeros.
"Me cogí el bolso y marché, así... Dejé todo en la fregadera", recuerda entre risas. Así lo dejó y así se lo ha encontrado este lunes. "De eso he aprendido también, que hay que ser un poco más disciplinado por si acaso", reflexiona en voz alta. A María Jesús se le mezclan unas y otras emociones. Se siente feliz por estar de vuelta en casa, pero quisiera que el verde volviera a rodear Luesia. "Mi sentimiento es mucha pena de ver el monte quemado, y el horror de la carretera, pero el llegar al pueblo y ver que ha estado protegido, que tu casa está bien... eso te permite respirar", relata.
María Jesús recuerda la "angustia" con la que salieron de casa el miércoles pasado "sin saber cuándo se podría volver a entrar", y agradece en profundidad el trabajo que han realizado todos los medios (del Gobierno de Aragón, del ministerio, de la DPZ, de comunidades vecinas...) y los voluntarios. "Nos han salvado de un incendio como un monstruoso. Pienso que los agricultores de aquí han hecho mucho, y la fuerza principal han sido todos los medios que han venido", expresa, y sentencia: "Para esto pagamos impuestos".
En su primer día de vuelta a casa, la luesiana tiene dudas como si en algún momento se ha ido la luz y su nevera se ha desconectado. Baja al pabellón municipal para ver si allí encuentra a alguien que le pueda ayudar. Y así se vuelven a ver, de nuevo, en su pueblo natal. Allí los vecinos se saludan, se sonríen, y se reparten aguas, zumo, algo de comida.
Uncastillo respira tranquilidad
También se viven reencuentros en Uncastillo, donde uno de sus bares sirve este lunes de punto de reunión para los vecinos que vuelven a sus casas. Allí ha acudido Concha Vicente al salir de su trabajo en Ejea de los Caballeros. "Aún no he pasado por casa, aún llevo aquí la ropa de repuesto que me trajo mi hija", comparte mientras enseña el interior de su bolso. Cuando llegue a casa verá en que estado está la coliflor que su marido cocinó el jueves y que no pudo guardar en la nevera antes de que les desalojaran. "Ahí la tengo...", comparte entre risas.
Para Concha han sido días de "mucha preocupación" e "incertidumbre" en los que han seguido con atención cómo evolucionaba el fuego. Ella comprende y agradece que las administraciones priorizaran poner a salvo a la población y luego se volcaran con las labores de extinción, que han conseguido estabilizar las llamas que han arrasado con miles de hectáreas. "El miércoles veía una nube de humo y cuando llegué a casa hice unas fotos. Hoy, ese mismo monte verde al que hice las fotos, está negro", expone. La imagen "impresiona".
Las viviendas de Luesia y Uncastillo apenas han sufrido afecciones por el fuego, pero sí lo han hecho otras de localidades vecinas como Asín. Pero toda la población de las Cinco Villas está a salvo y, por fin, en casa. Los lugareños se miran, se saludan, se respaldan. Devuelven la vida a unos pueblos sombreados por el que ha sido el segundo incendio más destructor de la historia de Aragón.
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