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SINIESTRALIDAD EN LA MONTAÑA

Así fue el rescate de un montañero fallecido en el Pirineo: "¿Habéis encontrado el coche? Salimos a volar de inmediato"

Un aviso de desaparición movilizó de inmediato a los efectivos del Greim de Benasque, que lidiaron con una tormenta para recuperar el cuerpo de un burgalés de 63 años que se precipitó por un risco entre los picos Cregüeña y Estatás, en el parque natural Posets-Maladeta

Así fue el rescate del cuerpo montañero burgalés fallecido en las inmediaciones del pico Cregüeña.

Laura Trives

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Benasque (Huesca)

El teléfono de la casa cuartel de la Guardia Civil de Benasque suena a las once en punto de la mañana. Al otro lado de la línea habla un hombre: su amigo, un veterano burgalés y aficionado a la montaña, debió haber regresado el viernes a su casa después de varios días ascendiendo las cimas del parque Posets-Maladeta. No hay noticias de él desde entonces. La engrasada maquinaria del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de Benasque se pone en marcha. En pocos minutos, las pesquisas de los agentes descubren que el hombre no regresó a su alojamiento en Castejón de Sos el martes, que salió del hospedaje en coche y con una mochila roja y que planeaba hacer la ruta que conecta los picos Cregüeña y Estatás, cerca de Benasque. A la postre se certificará el funesto desenlace del desaparecido, uno de los siete fallecidos en las montañas del Pirineo en lo que va de verano, cuyos restos pudieron ser rescatados en un operativo a contrarreloj con una tormenta de lluvia y viento descargando en el parque natural Posets-Maladeta.

Un cuarto de hora después del aviso de la desaparición es el móvil del Sargento Jefe Arturo Suárez el que recibe una llamada de un compañero de la brigada de Seguridad Ciudadana. "¿Dices que está el coche en el aparcamiento? Salimos a volar de inmediato", dice Suárez. “Mala señal. Quizás iba bien preparado y ha tenido un accidente que le ha impedido descender. Pero han pasado muchos días desde el martes. No pinta bien”, refiere el sargento mientras entra a la carrera al almacén donde guardan los equipos junto al agente Ángel (‘Lillo’) Delgado Iglesias.

Los agentes se equipan en un santiamén: mosquetones, cuerdas por si la caída se ha producido en una cresta, taladros, pulses y friends. “No sabemos qué nos vamos a encontrar, pero tampoco podemos ir excesivamente cargados”, dice Suárez, antes de salir corriendo hacia el helicóptero, que levanta una polvareda antes de lanzarse a la búsqueda del desaparecido.

Un fin de semana de julio como el que acaba de terminar hay tres agentes de guardia, que van rotando con los rescates. En este caso, dos vuelan en el helicóptero y la agente Lucía Sevillano se queda pendiente del teléfono junto al agente Fernando Vicente, por si se recibiera un nuevo aviso o por si los desplegados requirieran apoyo. Es esto último lo que ocurre unos minutos después. El helicóptero ha visualizado la mochila y el cuerpo del montañero desaparecido en un risco, pero necesitan una camilla rígida que se pueda arrastrar por las rocas. Cuando la agente Sevillano sube a la aeronave, la tormenta ha empezado a descargar en Benasque, lo que indica que también llueve en las montañas que se alzan ante el municipio ribagorzano.

“Sabíamos que iba a empeorar el tiempo. Ahí arriba nos ha empezado a llover, pero lo peligroso es el viento. Ahí el protocolo nos manda agilizar el operativo, buscar una zona de extracción segura para los pilotos y para nosotros. Hemos desplazado el cuerpo hacia esa zona, pero como estaba el ambiente un poco difícil hemos pedido el apoyo de la compañara para que nos ayudara a introducir la camilla desde dentro del helicóptero”, relata el agente Delgado Iglesias.

La huella emocional de los rescatistas

Al rato, el helicóptero aterriza con los tres agentes del Greim y el cuerpo del fallecido. Se apean del vehículo con rostros serios. "Es el curro", dice la agente Lucía Sevillano. “Lo que va delante es el uniforme", comenta su compañero, que añade: "Es que estamos para esto, para dar la tranquilidad a la familia de que puede haber un luto para el fallecido. En este caso quizás no podíamos hacer nada por salvar su vida, pero le podemos entregar los restos a la gente que le quiere”.

Es entonces cuando aparece de nuevo el Sargento Jefe Arturo Suárez. Hay otro rescate. Un hombre requiere asistencia médica cerca de Bisaurri. Son las 12.57 horas de un sábado de julio en el Pirineo. Queda todavía un largo fin de semana por delante.

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