Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La industria del automóvil atrae a trabajadores de la Ribera de Navarra a Borja en busca de empleos más estables

La ampliación de KDK y la nueva planta de Lieder Automotive impulsan un flujo de familias, muchas de origen latinoamericano, que dejan atrás las campañas agrícolas para incorporarse a la industria

La planta de Fagor Ederlan en Borja, que cerró sus puertas en 2019 y ahora podría reabrir gracias a un pedido de Leapmotor.

La planta de Fagor Ederlan en Borja, que cerró sus puertas en 2019 y ahora podría reabrir gracias a un pedido de Leapmotor. / Ayuntamiento de Borja

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zaragoza

El cambio de ciclo que refleja el último informe del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), que sitúa a Aragón como una comunidad capaz de atraer más trabajadores de los que pierde, ya tiene ejemplos visibles sobre el terreno. Uno de ellos se encuentra en Borja, donde las nuevas contrataciones de la industria del automóvil están empezando a atraer a trabajadores residentes en la Ribera de Navarra, muchos de ellos de origen latinoamericano, que abandonan empleos ligados a las campañas agrícolas para acceder a puestos de trabajo más estables y mejor remunerados.

El alcalde de Borja, Eduardo Arilla, asegura que el fenómeno se ha intensificado durante las últimas semanas coincidiendo con los procesos de selección abiertos por las empresas KDK y Lieder Automotive, que necesitan incorporar más de 250 trabajadores para atender su crecimiento. La primera, de capital coreano y dedicada a la producción de piezas plásticas y componentes para el interior de automóviles, cuenta hoy 560 empleados y la previsión de ampliar su plantilla con las recientes adjudicaciones de la marca Cupra. la segunda firma, creada por la alianza de Fagor Ederlan (Mondragón Corporación) y la china Duoli, prevé iniciar su actividad en septiembre con la incorporación de unos 170 trabajadores.

La bolsa de desempleo de Borja y de la comarca está prácticamente agotada, según el regidor, por lo que las empresas han comenzado a ampliar su radio de búsqueda hacia la vecina Navarra. La proximidad geográfica facilita ese movimiento. «Borja colinda directamente con Navarra y están llegando ciudadanos, sobre todo de procedencia hispanoamericana, que vivían en la Ribera y trabajaban en la recogida de verduras por campañas», explica.

La diferencia, añade, no radica tanto en el salario como en la estabilidad. Mientras la agricultura concentra el empleo en determinadas épocas del año, la industria ofrece contratos continuados y perspectivas de permanencia. «Ven una oferta de empleo más consistente y con futuro y deciden incorporarse al mercado laboral de Borja», resume.

La falta de vivienda

Ese cambio está teniendo también consecuencias demográficas. Algunas de esas personas no solo trabajan en Borja, sino que han decidido instalarse en la localidad junto a sus familias. En algunos casos, incluso han iniciado procesos de reagrupación familiar con parientes procedentes directamente de sus países de origen.

El crecimiento del padrón refleja esa tendencia. Borja alcanza ya los 5.423 habitantes y el Ayuntamiento calcula que gana entre 100 y 120 vecinos al año, con la previsión de superar los 5.500 habitantes antes de que termine el ejercicio. Sería una cifra impensable hace apenas tres décadas, cuando la población descendió hasta rondar los 4.000 habitantes.

La principal preocupación del consistorio ya no es encontrar empleo, sino disponer de vivienda suficiente para absorber ese crecimiento. El alcalde reclama al Gobierno de Aragón un plan específico para rehabilitar las antiguas casas de camineros, un conjunto de 27 viviendas de titularidad autonómica que considera clave para facilitar la llegada de nuevos trabajadores y familias jóvenes.

Un fenómeno que se extiende

No obstante, el fenómeno no se limita a quienes cambian de residencia. Muchos trabajadores continúan viviendo en Tudela y otras localidades de la Ribera de Navarra y se desplazan diariamente hasta Borja para trabajar. «Nosotros encantados de poder ofrecer ese empleo», señala Arilla, convencido de que Borja se ha convertido en un motor económico que beneficia también al conjunto de la comarca y a municipios cercanos.

El alcalde cree, además, que este movimiento puede extenderse a otros polos industriales de la provincia como Figueruelas, Pedrola o Épila, donde la expansión del automóvil y de la industria auxiliar también está generando una creciente demanda de mano de obra.

El caso de Borja ilustra, a pequeña escala, la transformación que empieza a reflejar el mercado laboral aragonés. La comunidad ya no solo retiene trabajadores, sino que comienza a atraerlos desde territorios vecinos. En este caso no porque Navarra atraviese dificultades económicas, sino porque una parte de los trabajadores que allí desarrollaban empleos agrícolas temporales encuentra en la industria aragonesa una oportunidad para acceder a una mayor estabilidad laboral y construir un proyecto de vida más duradero.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents