Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

SINIESTRALIDAD EN LA MONTAÑA

Un día de julio con los rescatistas del Pirineo aragonés: "El helicóptero hace tres vuelos al día en verano"

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN acompaña a los agentes del Greim de Benasque durante una jornada de rescates en la que se halló el cuerpo de un montañero fallecido en las inmediaciones del pico Cregüeña

El helicóptero basado en Benasque enciende motores para salir en buscar a un montañero desaparecido, el pasado sábado.

El helicóptero basado en Benasque enciende motores para salir en buscar a un montañero desaparecido, el pasado sábado. / Laura Trives / EPA

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Benasque

El teléfono de la casa cuartel de la Guardia Civil de Benasque rompe a sonar a las once en punto de la mañana del sábado 25 de julio. Al otro lado de la línea habla un hombre: avisa de que su amigo, un veterano mantañero burgalés, debió haber regresado el viernes a casa después de varios días ascendiendo las cimas del parque natural Posets-Maladeta. Las últimas noticias que tuvo de él las recibió el martes, cutro días atrás. La engrasada maquinaria del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de Benasque se pone en marcha. En pocos minutos, las pesquisas de los agentes descubren que el hombre no regresó a su alojamiento en Castejón de Sos, que salió del hospedaje en coche portando una mochila roja y que planeaba hacer la ruta que conecta los picos Cregüeña y Estatás, cerca de Benasque. A la postre se certificará el funesto desenlace del desaparecido, uno de los siete fallecidos en las montañas del Pirineo en lo que va de verano, cuyos restos pudieron ser rescatados en un operativo a contrarreloj con una tormenta de lluvia y viento que descargó al mediodía del sábado en el entorno de la Ribagorza.

EL PERIÓDICO DE ARAGÓN acompañó durante una jornada de verano a los agentes del Greim de Benasque, donde los sábados de julio son un hervidero de llamadas que buscan el auxilio de los rescatistas del Pirineo aragonés. Allí, en el municipio ribagorzano, hay 15 agentes formados en técnicas avanzadas de escalada, esquí, orientación y soporte vital en condiciones meteorológicas extremas. Junto a los grupos de rescate de Huesca, Boltaña, Panticosa, Tarazona, Rubielos y Pamplona, todos ellos coordinados por el área de Jaca, donde también cuentan con una de estas unidad especializadas, se trabaja a destajo para atender los avisos de emergencia que llegan a sus dependencias.

Solo este fin de semana, la unidad de Benasque tuvo que actuar en seis rescates, una cifra que, ampliada a todo el operativo en el Pirineo, ronda las 600 maniobras. «La mayoría de las intervenciones son por accidentes de gente que, mejor o peor, va preparada a la montaña. Lo que pasa es que los casos que trascienden a los medios o en las redes sociales son los casos en los que alguien se pone a subir el glaciar del Aneto con chanclas, pero es que son los menos», señala el Sargento Jefe del Greim de Benasque, Arturo Suárez.

Así fue el rescate de un montañero fallecido en el Pirineo.

Laura Trives

Un cuarto de hora después del aviso de la desaparición del montañero burgalés, el móvil de Suárez recibe una llamada de un compañero de la brigada de Seguridad Ciudadana. «¿Dices que está el coche en el aparcamiento? Salimos a volar de inmediato», dice el Sargento Jefe. «Mala señal. Quizás iba bien preparado y ha tenido un accidente que le ha impedido descender. Pero han pasado muchos días desde el martes. No pinta bien», refiere el sargento mientras entra a la carrera al almacén donde guardan los equipos junto al agente Ángel (‘Lillo’) Delgado Iglesias.

Los agentes se equipan en un santiamén: mosquetones, cuerdas por si la caída se ha producido en una cresta, taladros, pulses y friends. «No sabemos qué nos vamos a encontrar, pero tampoco podemos ir excesivamente cargados», dice Suárez, antes de salir corriendo hacia el helicóptero, que levanta una polvareda antes de lanzarse a la búsqueda del desaparecido.

GREIM GUARDIA CIVIL BENASQUE

El sargento jefe Arturo Suárez recibe una llamada mientras se prepara para un rescate en helicóptero. / Laura Trives / EPA

En un día de fin de semana de julio como el que acaba de terminar, los efectivos del Greim se turnan las guardias en grupos de tres. Para este rescate, mientras el sargento jefe Suárez vuela en el helicóptero junto al agente Delgado, la agente Lucía Sevillano se queda pendiente del teléfono junto al agente Fernando Vicente, por si se recibiera un nuevo aviso o por si los desplegados requirieran apoyo. Es justo lo que ocurre unos minutos después. El helicóptero ha visualizado la mochila y el cuerpo del montañero desaparecido en un risco, pero necesitan una camilla rígida que se pueda arrastrar por las rocas. Cuando la agente Sevillano sube a la aeronave, la tormenta ha empezado a descargar en Benasque, lo que indica que también llueve en las montañas que se alzan ante el municipio ribagorzano.

«Sabíamos que iba a empeorar el tiempo. Ahí arriba nos ha empezado a llover, pero lo peligroso es el viento. Ahí el protocolo nos manda agilizar el operativo, buscar una zona de extracción segura para los pilotos y para nosotros. Hemos desplazado el cuerpo hacia esa zona, pero como estaba el ambiente un poco difícil hemos pedido el apoyo de la compañara para que nos ayudara a introducir la camilla desde dentro del helicóptero», relata el agente Delgado Iglesias.

La agente Lucía Sevillano junto al sargento jefe Suárez, antes de descubrir la aparición del coche del montañero fallecido.

La agente Lucía Sevillano junto al sargento jefe Suárez, antes de descubrir la aparición del coche del montañero fallecido. / Laura Trives

Apenas regresaron a la casa cuartel de la Guardia Civil en Benasque, un nuevo aviso los llevó hasta una pista de mountain-bike cerca de Bisaurri, donde un ciclista se había dislocado el hombro. Los acompaña un médico del 061, uno de los diez doctores especializados en rescates de montaña en la provincia de Huesca que siempre están de guardia junto a los rescatistas.

«Nunca sabes lo que te vas a encontrar, si es un lugar accesible donde el accidentado va a poder caminar o si es necesario desplegar el helicóptero», explica Paco Gallego, a quien le toca atender a un hombre valenciano cuya bicicleta impactó con un árbol. Allí, junto a la agente Lucía Sevillano, le administran potentes opioides para tratar de recolocar el hombro, pero la lesión es más grave de lo que parece e impide caminar al varón. «Hay una pradera ahí abajo, desplegamos el helicóptero y que la ambulancia venga a Benasque para llevarlo al hospital», resuelve el Sargento Jefe Arturo Suárez.

Un helicóptero que vuela a 180 km/h

La aeronave basada en Benasque, que refuerza el operativo en los cuatro meses de verano (de junio a septiembre), se suma a la unidad aérea ubicada en la helisuperficie de Huesca. Juntas forman la joya de la corona de la que disponen estos grupos de intervención para la temporada de alta activación. «Se trata de un Airbus EC135, un helicóptero ligero. Está especialmente indicado para este tipo de trabajos, yo diría que es de lo mejorcito que se podría disponer: motores Pratt & Whitney de 700 caballos, una carga útil de entre 500 y 600 kilos y una velocidad máxima de 180 km/h. En verano hace tres vuelos diarios de media», detalla el agente Damián, mecánico encargado del mantenimiento de la nave.

Los avisos no dejan descanso en el Greim de Benasque. Los efectivos se retiran a dar un bocado a eso de las cuatro de la tarde después de cinco horas de frenética actividad. Les quedaba un largo día de guardia por delante, con dos avisos de rescate que saltaron a las siete de la tarde y a las diez y media de la noche, después de que todo empezara con el rescate de un cuerpo sin vida.

El médico Paco Gallego atiende a un ciclista que se había dislocado el hombro.

El médico Paco Gallego atiende a un ciclista que se había dislocado el hombro. / EL PERIÓDICO

¿Cómo lidiar con la cara más negra de la montaña? «Es el curro», dice la agente Lucía Sevillano. «Lo que va delante es el uniforme», comenta el agente Lillo, que añade: «Es que estamos para esto, para dar la tranquilidad a la familia de que puede haber un luto para el fallecido. En este caso quizás no podíamos hacer nada por salvar su vida, pero le podemos entregar los restos a la gente que le quiere».

Es entonces cuando aparece de nuevo el Sargento Jefe Arturo Suárez. Otro montañero requiere la intervención de los guardianes del Pirineo. Minutos después, los motores del helicóptero vuelven a rugir por las crestas del Pirineo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents