Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La cruda realidad de los estudiantes que buscan piso en Zaragoza: "Tuvimos miedo de quedarnos en la calle"

La dificultad para hallar un piso asequible obliga a los universitarios a aceptar condiciones impensables hasta hace solo unos años causados por la subida de alquileres y la poca oferta de vivienda

Denis Benito, estudiante de la Universidad de Zaragoza.

Denis Benito, estudiante de la Universidad de Zaragoza. / Servicio Especial

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Zaragoza

Encontrar un piso se ha convertido para muchos estudiantes en una auténtica carrera de fondo. A la búsqueda de una vivienda asequible, con un buen precio y una buena ubicación, ahora hay que sumarle la rapidez para contactar con los propietarios, la competencia entre decenas de interesados e incluso las exigencias de algunas inmobiliarias.

El resultado de todo esto es un mercado cada vez más tensionado, en el que los universitarios invierten más tiempo en las páginas web para buscar piso que en las bibliotecas, con tal de conseguir un lugar donde vivir por temor a no encontrar nada, como explica Yoel Sanz, estudiante de la Universidad de Zaragoza: «Temíamos quedarnos en la calle».

La búsqueda es un proceso largo y frustrante que obliga a muchos jóvenes a aceptar condiciones que hace apenas unos años eran impensables. «La situación ahora mismo es lamentable. Puedes empezar a buscar piso en abril y llegar a finales de junio sin tener ninguno asegurado. Yo he llegado a llamar a casi 40 pisos», relata Denis Benito, estudiante de la Universidad de Zaragoza que se ha enfrentado a esta situación.

Su experiencia no es una excepción. Junto a él está su compañero de piso, Manuel Gutiérrez, también estudiante de la Universidad de Zaragoza, quien reconoce que, tras comenzar la búsqueda, se encontraron con un mercado casi imposible: «Al principio nos dimos cuenta de que había un montón de obstáculos para poder llegar a ver un piso. Te anuncian una vivienda y luego no puedes contactar con la agencia».

Yoel Sanz, estudiante de la Universidad de Zaragoza.

Yoel Sanz, estudiante de la Universidad de Zaragoza. / Servicio Especial

La rapidez y el esmero son claves a la hora de encontrar algo asequible donde poder vivir. Muchos estudiantes comienzan a buscar meses antes de que acabe el curso, tratando de adelantarse a la ola de demanda del verano, aunque eso tampoco les garantiza encontrar vivienda. En ocasiones, incluso hay quienes consiguen cerrar un contrato asumiendo gastos adicionales para no perder la oportunidad, según asegura Manuel, tras haber conseguido finalmente alojamiento «a costa de pagar por meses en los que no vamos a residir».

Menos oferta y más cara

A esta falta de oferta se suma un incremento de los precios, que perciben los estudiantes, como en el caso de Denis y Manuel, que han visto cómo su alquiler aumentaba en 100 euros respecto al anterior piso en el que vivían. «El incremento es notable. Han pasado dos años desde que entramos en el primer piso y, aunque teníamos una situación de privilegio con el dueño, no es ninguna justificación», afirma Manuel.

Junto a esta, hay otras muchas experiencias similares. Yoel Sanz es otro estudiante de la Universidad de Zaragoza que también se ha enfrentado a grandes dificultades para encontrar una vivienda, tras abandonar su residencia y mudarse a un piso con un compañero debido a los precios desorbitados. «Fue muy difícil, ya que era imposible encontrar uno asequible y con una buena relación calidad-precio». Según explica, las viviendas mejor conservadas escondían gastos adicionales o problemas relacionados con los suministros, mientras que aquellas que incluían todos los servicios presentaban «alquileres desorbitados e imposibles de pagar incluso para grupos de cuatro personas».

En numerosos casos, el elevado coste de las residencias universitarias también está empujando hacia el alquiler a estudiantes como Yoel: «Nuestra residencia cambió de dueños y, tras los cambios, los precios de las habitaciones eran elevadísimos; eran imposibles de asumir». Paradójicamente, este cambio ha supuesto un ahorro económico, ya que, incluso compartiendo el piso solamente entre dos personas, el precio de sus gastos se reducirá aproximadamente a la mitad.

Estas tres historias muestran la realidad que viven numerosos universitarios, para quienes conseguir un lugar donde dormir resulta más difícil que los exámenes de la carrera y una habitación puede llegar a ser más cara que un piso completo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents