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Campus público aragonés

La Universidad de Zaragoza suma 22 graduados mayores de 65 años en los últimos cinco cursos

Los sociólogos explican que continuar formándose en la vejez aumenta el capital social, mejora la capacidad cognitiva y favorece el enriquecimiento personal

Entrada al campus San Francisco de la Universidad de Zaragoza, en una imagen de archivo.

Entrada al campus San Francisco de la Universidad de Zaragoza, en una imagen de archivo. / Laura Trives

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Zaragoza

Hay 22 personas de más de 65 años que se han graduado por la Universidad de Zaragoza en el último lustro, con una mayoría de mujeres (13). Las cifras avalan la percepción de Tatiana Íñiguez, que es profesora de Sociología en el campus público aragonés y comparte que estudios llevados a cabo con muestras pequeñas, y de los que por tanto «no se pueden inferir resultados», concluyen que hay una mayoría femenina. En juego entran también el factor demográfico, ya que más mujeres que hombres llegan a edades avanzadas, y el sesgo de género.

De uno u otro género, hay quienes superados los 65 años optan por matricularse en un grado, y así lo demuestran los datos de la Universidad de Zaragoza, que concretan que en el curso 20-21 se graduaron tres personas de 73 años. Al año siguiente lo hicieron cuatro alumnos de 69, 70, 72 y 77 años.

Tanto en el curso 22-23 como en el 23-24 obtuvieron un título de la Universidad de Zaragoza tres alumnos que superaban los 65 años. En concreto, hace tres años se graduaron una de 66, una de 72 y una de 76, y hace dos lo hicieron una de 65, una de 66 y una de 69.

El campus público aragonés superó esta barrera de cuatro egresados mayores por año en el curso 24-25, cuando salieron de sus aulas con una formación y un título cinco personas mayores de 65 años. Dos de ellas tenían 66, otra 69 y las dos últimas 70 y 74 respectivamente. Un año lectivo después, que es este último que acaba de terminar, lo hicieron tres personas de 74, 75 y 79 años. Esta última es la persona de más edad graduada por la Universidad de Zaragoza en el último lustro.

Este ligero incremento también lo ha notado la profesora Íñiguez, que tiene la sensación de que «hay más personas mayores en las aulas» en los últimos años aunque, incide, es una «percepción personal» extraída de su experiencia en el campus público aragonés.

La socióloga apunta a los grados de Filosofía y Letras como los más elegidos entre los mayores porque aportan un «enriquecimiento personal y de conocimiento». «Mientras un joven estudia para salir al mercado laboral, losmayores lo hacen por una motivación propia, intrínseca, que es muy importante». Además, estudiar superados los 65 años aumenta el capital social, sobre todo si se hace con personas de distintas generaciones. «Tienen otras interacciones y socializan», apunta.

A ello añade que incrementa la capacidad cognitiva porque «está demostrado que el envejecimiento activo es positivo, y uno de los elementos clave es el aprendizaje a lo largo de la vida» y también el enriquecimiento personal. «Es la combinación entre lo que reciben y lo que dan a quienes están en clase con ellos», aclara Íñiguez, que en sus clases ha visto que hay «un enriquecimiento recíproco». También es beneficioso para los profesores, que se encuentran con un perfil de alumno motivado con el estudio.

La profesora añade a estos otros aspectos enriquecedores para los mayores que estudian, como es una mejora de la salud tanto física como mental. La primera, porque la lectura, el estudio y la aplicación–«ahora la educación universitaria es muy práctica», dice– permiten entrenar el aspecto cognitivo; y la segunda porque «seguir estudiando implica un envejecimiento activo a nivel físico». «Hay que salir de casa, ir a la universidad, donde además ofrecen programas y clases de gimnasia...», ejemplifica. 

Y va a más. Íñiguez comparte que «las personas que siguen estudiando tienen un mayor compromiso cívico, una mayor participación social, que las que no lo hacen», y aunque matiza que la relación no es totalmente directa, «sí existe porque se enriquece el componente sociocultural».

Esta apuesta por estudiar siendo mayor también se explica porque «la sociedad de ahora no sigue tanto el esquema de ir a la universidad, trabajar y jubilarse, sino que es mucho más líquida», indica. Y eso, afirma, es positivo.

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