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Mamadou Bah, uno de los temporeros estafados en Caspe por una empresa falsa de trabajo: "Nunca me habían engañado así"

El temporero lleva ocho años trabajando en España y este verano se había desplazado a la zona de Nonaspe a la recogida de la fruta

Imagen de archivo de unos temporeros trabajando en el campo.

Imagen de archivo de unos temporeros trabajando en el campo. / EFE/MIGUEL VAZQUEZ

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David Chic

David Chic

Zaragoza

Natural de Mali, Mamadou Bah lleva ocho años trabajando en España. Ha ejercido en diferentes ocupaciones agrarias desde Valencia hasta Logroño. Como ha hecho en los últimos veranos, en junio se desplazó a Lérida para incorporarse a la campaña de la fruta.

En ese momento cayó dentro de las redes de una de las estafas a las que tienen que hacer frente los temporeros en los últimos años: las falsas empresas de trabajo temporal que supuestamente ejercen como intermediarios agrarios. "Nunca me habían engañado así ", afirma.

El sindicato CCOO ya ha denunciado este caso que afecta a una veintena de trabajadores que fueron empleados falsamente en Nonaspe. El falso intermediario, de origen pakistaní, entregó su curriculo "a un hombre en un coche rojo" en la localidad de Fraga y con otros migrantes (tanto con papeles como sin papeles) fueron llevados a Nonaspe para un trabajo de, supuestamente, cuatro meses.

Una vez en esa finca se encontraron alojados en dos casas precarias en la calle Zaragoza de Nonaspe, en las que les cobraron 100 euros por la cama y luego seis euros por cada día que se trasladaban al campo en materia de transporte. El contrato que les hicieron era falso.

"Desde el principio fue un mentiroso porque solo hicimos 15 días de trabajo que no hemos cobrado porque el dueño dice que ha pagado el dinero a la persona que nos ha engañado" dice Bah, que prefiere no mostrar su rostro por miedo a represalias. La empresa de trabajo temporal a la que hacen referencia los papeles que posee está registrada en una localidad de Murcia.

La primera denuncia la presentaron ante la Guardia Civil de Maella después de un enfrentamiento con cuatro ciudadanos de Pakistán que, según declaró, le habían destrozado el móvil para que no tuviera pruebas de la estafa. "Menos mal que había un rumano cerca de mí y un marroquí, que nos hemos defendido, si no, ellos querían hacernos daño", recuerda.

Ahora Bah está viviendo de nuevo en Valencia. Recuerda el alojamiento de Nonaspe como un lugar "con un montón de camas, como un hospital", que entre las dos residencias podían albergar una cuarentena de trabajadores.

La experiencia ha sido dolorosa y le coloca en una situación aún más precaria. "He pagado para dormir, he pagado para el transporte y entonces el dinero de mi cuenta no ha llegado. Estoy sufriendo ahora, sin comida ni nada. Ha roto mi móvil. Tengo muchos testigos allá, en Nonaspe", afirma.

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