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GRANDES TRAGEDIAS

Rogelio Allepuz, fotógrafo de EL PERIÓDICO que cubrió la tragedia de Biescas: "Hicimos bastantes fotos que no se llegaron a publicar"

El fotoperiodista recuerda unos días intensos de mucho trabajo y de mucha carga emocional por lo que se estaba viviendo

Varias personas socorren a una víctima de la riada en Biescas, el 7 de agosto de 1996.

Varias personas socorren a una víctima de la riada en Biescas, el 7 de agosto de 1996. / ROGELIO ALLEPUZ

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David Chic

David Chic

Zaragoza

Las páginas de EL PERIÓDICO DE ARAGÓN en los días siguientes a la tragedia de Biescas se llenaron de fotos que trataban de acotar el tamaño de la tragedia vivida en Biescas. Cuerpos arrastrados por el barro, coches destrozados. Infraestructuras impracticables. Cuando llegaron las primeras llamadas a la redacción nadie se podía hacer una idea de lo que estaba sucediendo. Así lo recuerda el fotógrafo Rogelio Allepuz, enviado de urgencia con el primer equipo de informadores. «Los jefes no sabían si movilizarnos o no, hasta que informaron de que había muertos», explica.

Llegaron al lugar de la riada «casi al anochecer», cuando la Guardia Civil lo tenía todo cortado. «Nos identificamos y nos dejaron pasar hasta el propio camping, pero trabajar en esas condiciones era muy complicado porque apenas se veía nada, solo ambulancias», dice.

Fueron horas de luces de los servicios de emergencia, destellos de las cámaras de los fotógrafos. «Lo más duro fue empezó a amanecer, en ese momento fui consciente de la tragedia y de que la avalancha de agua lo había arrastrado todo», afirma Allepuz.

El panorama que dejó la mañana fue desolador. «Había coches volcados amontonados, casi tapados por el barro, y tiendas de campaña arrastradas con gente dentro. Ya se veía a los equipos de emergencia sacando a víctimas fallecidas del lodo, fue algo tremendo», detalla.

El fotógrafo Rogelio Allepuz fue uno de los primeros periodistas que llegaron a la zona afectada.

El fotógrafo Rogelio Allepuz fue uno de los primeros periodistas que llegaron a la zona afectada. / El Periódico de Aragón

La cobertura informativa, además de muy exigente en lo emocional, requirió un esfuerzo adicional de logística, debido al mal estado de las comunicaciones. Hasta el final de la mañana siguiente no se abrieron las carreteras, pocas horas después de que las autoridades ofrecieran un primer balance de a situación. «Después nos volvimos a toda prisa para Zaragoza a revelar los carretes de fotos y preparar la información en la redacción, nos fuimos cargados con todo el material porque no había otra forma de hacerlo llegar», indica.

Con las sucesivas visitas fueron momentos de gran complejidad informativa. «Éramos conscientes de que había sido una tragedia enormemente grave, pues este tipo de sucesos se te quedan grabadísimos», dice. También tuvieron que lidiar con la delicada línea entre la información y el morbo. «Hicimos bastantes fotos que no se llegaron a publicar, porque no quisimos apostar por ese tipo de imágenes de cuerpos en el barro», narra.

Para Allepuz aquellas jornadas de Biescas fueron de las más duras de su carrera, junto con las coberturas de los atentados terroristas de la casa cuartel de Zaragoza o el de San Juan de los Panetes, que también fueron especialmente dramáticos. «Se te quedan dentro muchas historias de los supervivientes, aquellas personas que salvaron la vida amarrados a un árbol o dentro de un coche, de hecho hoy en día, cada vez que paso por esa carretera para ir a la montaña, no puedo evitar volver la vista hacia la zona del camping y recordar todo aquello», dice.

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