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Entrevista | César Valero Víctima de la riada y exalcalde de Tramacastilla de Tena

«Gracias a un muro de piedra salvé la vida y el río no me arrastró por el barranco»

El exalcalde de Tramacastilla, César Valero, fue una de las personas atrapadas por la tormenta antes de coordinar los trabajos de rescate

El exalcalde de Tramacastilla, César Valero, fue una de las personas atrapadas por la riada.

El exalcalde de Tramacastilla, César Valero, fue una de las personas atrapadas por la riada. / Miguel Ángel Gracia

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David Chic

David Chic

Biescas (Huesca)

-La sensación general en Biescas es que se tiene que pasar página.

-Fue algo muy triste y se tiene que recordar. Pero hasta alí. Biescas es una zona turística de la que tenemos que hablar por su gastronomía, por sus servicios, por rutas. No hace falta volver todos los años dolorosamente la tragedia. Pasa lo mismo en Sallent de Gállego con el atentado de ETA. Fue algo muy triste y desgraciadamente ocurrió.

-La catástrofe este año parece más presente que nunca.

-Tiene que ver con la dana de Valencia. Si queremos recordar tenemos que fijarnos en que Biescas fue muy solidario. El pueblo y todos los turistas afrieron sus hogares para la gente que lo necesitaba. Ellos son los grandes olvidados: la gente de Zaragoza o de San Sebastián que abrió su casa para acoger a las víctimas cuando estaban todas las carreteras cortadas.

-Usted sufrió la tragedia en primera persona.

-Estaba en el coche haciendo el trayecto entre Sabiñánigo y Tramacastilla, pueblo en el que era el alcalde. A la altura de Senegüé había una nube negra y grande que descargaba mucha agua. Conforme avanzabas notabas que te metías en la boca de la tormenta. Cuando llegué a la altura del camping el agua llegaba a la altura del motor y se me paró el coche. Caían unos rayos impresionantes y llovía como no se puede explicar.

-¿Estuvo mucho tiempo atrapado?

-Hasta que pasó un camión, pude poner en marcha el motor y lo seguí por detrás como si fuese un quitanieves. Dándole casi con el morro. El camión me abría el agua, eso me salvó, y pude pasar el camping. Pero cuando llegué al cruce de Aso de Sobremonte, donde hay un pequeño barranco, vino una avalancha de barro, lodo y piedras. Se nos llevó a dos coches que quedaron atrapados en un árbol. Yo tenía 38 años y tuve que sacar a un abuelo con un niño pequeño, los arrastré como pude hasta que vino un guarda forestal que nos subió a Tramacastilla.

-¿Temieron acabar arrastrados por el barranco?

-Tuvimos la suerte de que también había un murete de piedra al lado de la carretera, el árbol y la pared fueron los elementos que pararon los dos coches. Si no llega a estar esa cortada se nos lleva el río. Nadie podía desplazarse por la zona hasta que bajaron las máquinas que entonces estaban trabajando en la construcción de Formigal y con ellas se pudieron limpiar todas las toneladas de piedra que se interponían en todas las carreteras.

-La rapidez de la respuesta fue sorprendente, según coinciden muchos testigos.

-Yo era radioaficionado y llamé por la red de radioemergencias cuando ya se me llevaba el coche para decirles que estaba lloviendo mucho y que estaba pasando una barbaridad. Me acuerdo que usaba el indicativo TAU-609 en la Red Radio de Emergencia de Protección Civil en España . En fin, historias que quiero olvidar.

-¿Esa fue una de las claves para coordinar aquellas primeras horas en la tragedia?

Al llegar a Tramacastilla pude hablar con el alcalde de Biescas y estuve atendiendo el teléfono una parte de la noche, hasta que vinieron profesionales. No fue fácil estar en contacto. Las primeras cifras de muertos ya nos parecían estremecedoras y ni siquiera estaban cerca del número final.

-La gestión se acabó centralizando en Biescas, por lo que ha contado tuvo que volver.

-Fue una noche muy larga en la que la información sobre las víctimas iba en aumento a medida que llegaban las novedades desde el camping y los informes que nos trasladaba la Guardia Civil y los equipos de bomberos, que se desplegaron rápidamente.

-¿Cuánto tiempo costó que volviera la normalidad?

-Bueno, a la normalidad no, porque todavía no se ha vuelto. Pero recuperar la vida cotidiana en el valle fue algo bastante rápido. Todos nos volcamos. Los primeros días no teníamos agua porque el pueblo se había quedado sin suministro. El Delegado del Gobierno nos dijo: «Tenemos que encontrar agua como sea». Fue entonces cuando me acordé de un tráiler con cisterna que subía al balneario a descargar, el mismo que me había abierto paso a mí anteriormente, y que también se había quedado atrapado sin poder continuar. Con la ayuda de la Policía Nacional, fuimos a buscarlo y repartimos el agua por todo el pueblo para garantizar que, al menos, la población tuviera suficiente para beber.

-¿Temieron aquella noche por la seguridad en otras zonas?

-En el valle llovió mucho, pero la tromba más dañina fue la que descargó en la cabecera del barranco de Arás, sobre la zona de acampada. El mayor peligro para el resto de los vecinos fue que se quedó el acceso cortado hasta que abrieron la carretera del valle sobre las dos o las tres de la mañana. Fueron momentos duros.

-¿Qué pensó cuando vio la catástrofe de Valencia? La dana ha avivado el recuerdo de lo sucedido en el camping de Las Nieves.

-Es cierto que te trae muchos recuerdos. Lo mal que lo han tenido que pasar, y también la solidaridad. Pero creo que han estado más abandonados los de Valencia, porque aquí la respuesta de las administraciones fue bastante rápida. La Guardia Civil, el Delegado del Gobierno, el subdelegado, todos llegaron bastante pronto. En nuestro caso, la respuesta del Estado fue inmediata, mientras que allí tardaron más en reaccionar. Lo cierto es que es comprensible hasta determinado punto, ya que allí la magnitud del desastre fue mucho mayor y afectó a un territorio más extenso. Nosotros tuvimos la suerte de que el barranco desembocara rápidamente en el río Gállego. De haber habido más acumulación de piedras y grava, no sé qué habría pasado. Mucha gente jamás habría aparecido. De hecho, el cuerpo de uno de los niños desaparecidos tardó más de un año en encontrarse.

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