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Botaya, horas antes de su evacuación por el incendio de La Peña: "Nos han dicho que estemos preparados para estar fuera varios días"

Guardia Civil y Protección Civil han avisado a la treintena de vecinos presentes en la localidad de la posibilidad de tener que abandonar el municipio, una situación que se ha confirmado a primera hora de la tarde

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Sergio H. Valgañón

Sergio H. Valgañón

Botaya

En Botaya el día huele a humo, pero sabe a nervios. Desde primera hora de la mañana, la treintena de vecinos que pasan el mes de agosto en el pueblo están activos. El martes por la noche, el fuego de Las Peñas de Riglos que ya ha calcinado 5.000 hectáreas les hizo meterse en la cama "con el corazón a 2.000 por hora". Poco antes del mediodía, el cielo luce más despejado que entonces, "que parecía aquello el infierno". La prealerta está: varios coches de la Guardia Civil y una pareja de Protección Civil han completado viajes hasta el municipio para "preavisar" sobre una evacuación que se ha confirmado, ES-Alert mediante, a primera hora de la tarde del miércoles. Nadie puede seguir en Botaya.

Los vecinos de este pequeño municipio, el más cercano al Monasterio de San Juan de la Peña, veían desde sus teléfonos móviles fotografías y vídeos de cómo avanzaba el fuego. "Alguno ha subido hasta la entrada, en el alto, para poder ver mejor cómo avanza", recuerdan en corro los habitantes del pueblo. Una decena se junta en la plaza, en la que se pueden ver casas en obras: "Las estamos recuperando desde hace varios años".

No tiene mucho misterio el motivo central de la conversación. "Yo no quiero irme, pero si avisan, es lo que tocará", reflexionan unos, mientras que otros dudan de que todos los vecinos cumplan: "Yo creo que a Gustavo no lo sacan de aquí, tiene sus raíces". "Si lo manda la Guardia Civil..." es el mensaje que queda en el aire. Una pareja de agentes de la Benemérita se acaba de ir, otra ha llegado. Todavía no hay alarma, pero sí prealerta: "Nos dicen que preparemos una maleta pequeña, con lo necesario. Pero que estemos preparados para estar fuera unos cuantos días".

La primera previsión que manejan Begoña y Sergio, dos vecinos que conversan frente al Centro Social del municipio, es que todo dependerá de la lluvia. "Nos dicen que se espera algo de agua para el fin de semana y que eso ayudaría a parar el fuego", concretan. Se da por hecho, al mediodía, que si tienen que abandonar el pueblo no volverán "hasta el lunes o martes que viene". Una broma: "A ver si para fiestas hemos podido volver". En Botaya la música sonará más el fin de semana del 22 de agosto.

Mapa del incendio en Riglos

Entre los nervios, la sonrisa de Jean-Ybes, un ciudadano francés que se afana en cuidar su huerto, situado en la entrada del pueblo. Se lo cedió Fidel, el vecino más veterano de Botaya. "A las 8.00 no había humo, pero ahora ya se ve y así estamos", resume el vecino galo, que se dirige hacia la plaza de la localidad para charlar con el resto de los vecinos.

"Somos pocos en el pueblo y estamos en contacto", explica sobre lo vivido durante las últimas horas: "Alguno tiene amigos bomberos y te chivan, te pasan algo de información". Duda de que todos los vecinos quieran irse, porque "varios tienen aquí sus raíces y no se quieren arrancar". Él llegó a Botaya de rebote. “Hago rutas en moto y en aquella curva -señala a lo alto del monte- se me apareció el pueblo", explica Jean-Ybes, que se enamoró. "Bajé, me dijeron que solo había una casa y aquí sigo nueve años después", resume, defendiendo que fue “el destino" el que le mandó disfrutar de su jubilación. "Esta es la curva desde la que vi Botaya por primera vez. Ahora cuando vuelvas, solo verás humo", concreta.

Así ha sido el desalojo de los vecinos de Botaya por el incendio de La Peña.

Fidel, vecino de Botaya, antes de ser evacuado por el incendio. / Rubén Ruiz

Jean-Ybes llama a la puerta del mencionado Fidel. Tiene 93 años, "y la mejor memoria de todo el pueblo". Abre mientras coloca el segundo tirante sobre el pantalón: "Poco podemos hablar porque nos acaban de avisar de que nos tenemos que ir". El vecino más mayor de la localidad "claro" que recuerda el incendio de 1994, que también cercó el municipio: "Entonces sí que se veían las llamas, por ahora solo vemos el humo". Fidel muestra su preocupación por su perra y espera que "si algún vecino se queda se acerque a darle de comer durante el tiempo que esté sola".

"Hasta el año pasado llevaba yo el huerto, pero ahora se lo he dejado a Juanito (apodo de Jean-Ybes), y desde hace cuatro años ni conduzco", cuenta Fidel, mientras repasa que tiene que meter en una bolsa "algo de ropa y las medicinas". Suena de fondo el teléfono de la casa: "Os dejo, que creo que nos tenemos que ir". Una hora después, una de las sobrinas de Fidel entra en su coche en Botaya para llevarse a su veterano tío.

"Hay que prepararse para cualquier cosa"

Varios coches salen de Botaya sin esperar a la orden definitiva de la Guardia Civil. "Ya hemos visto que alguno ha marchado por si acaso", dicen los vecinos que aguantan, pensando en cómo organizarse. Carmen comenta que el primer mensaje les decía "que se podía ir a Jaca", pero algunos piensan volver a sus casas, incluso en Barcelona. "Puedes venir a nuestro apartamento, hay sitio", destacan solidariamente en los momentos complicados.

Botaya se quedó vacío a mitad de tarde. Sus vecinos recogieron los enseres necesarios para pasar "demasiados días" lejos de sus casas. Miran y remiran las fotografías, los vídeos y los mensajes sobre el avance del fuego. "Es una angustia, porque no sabes qué más hacer", sentencian. Alguna de esas imágenes enseñan el pueblo desde lo alto, oculto por el humo o recortado por las llamas, a última hora de la tarde del martes: "Así toda la noche". Por la mañana estaba despejado, "daba tranquilidad". La mañana del jueves la vivirán lejos de casa, contando las horas para volver a su pueblo.

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