Así vivieron el eclipse solar los fotógrafos de El Periódico de Aragón: "Me siento un privilegiado por haber cubierto algo tan especial; pone la piel de gallina"
Cuatro profesionales del diario cubrieron este hito astronómico único en más de un siglo desde diferentes partes de Aragón

Miguel Ángel Gracia, fotógrafo de El Periódico de Aragón, junto a Brian May, guitarrista de Queen / El Periódico de Aragón
Hay momentos que solo se viven una vez en la vida y un eclipse total es uno de ellos. Hasta este pasado miércoles 12 de agosto, el último visible desde la Península Ibérica en todo su esplendor fue en 1912. Hace más de un siglo. Los vecinos de las islas Canarias vivieron uno total casi 50 años después, en 1959, pero a cambio este 2026 se han tenido que conformar este con verlo de forma parcial. No fue así en gran parte de Aragón, que fue uno de los territorios bajo la silueta de la franja de totalidad.
El Periódico de Aragón estuvo presente en varias partes del territorio para vivir este hito astronómico único y ayudar a conformar, junto con la experiencia individual de cada una de las personas que detuvieron el tiempo durante más de media hora para observar el astro, el mosaico de imágenes que son ya parte de la historia. El sentimiento de asombro fue unánime: "¡Qué emocionante, ha sido muy corto!", fue el comentario más repetido desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre (OAJ).
"Me siento un privilegiado"
Miguel Ángel Gracia, fotógrafo de este diario, vivió el eclipse desde el Pico del Buitre, situado en la sierra de Javalambre a 1.957 metros de altitud, donde se sitúa el OAJ, y desde la Agencia Espacial Europea retransmitió el fenómeno astronómico. Fue el lugar escogido también por Brian May, guitarrista de Queen.
"La cobertura fue larga porque no solo fue el eclipse como tal, sino también los momentos previos", explica Gracia. Cuenta que su día comenzó a las 07 horas, rumbo al municipio de Arcos de Salinas, para hacer fotos del ambiente en el pueblo y, de allí, a Galáctica, el centro de difusión astronómica. "Estuvimos haciendo reportajes con los investigadores y con la gente y cuando empezó el eclipse me sorprendió el grito de '¡Ala, ya está empezando!' de una de las personas que lo estaba viendo con las gafas puestas. Y efectivamente, vi que la luna ya estaba empezando a comerse el sol", relata.

Una mujer, emocionada ante el eclipse en el Pico del Buitre / Miguel Ángel Gracia
Y comenzó la tensión y los nervios. "Empiezas a tirar fotos sin talento buscando reacciones: gente mirando, sorprendiéndose, emocionándose y, sobre todo, me centré en los niños", comienza a relatar Gracia, buscando sacar cómo lo estaba viviendo la gente "más allá del eclipse como tal".
Con la llegada de la noche precipitada por el eclipse, llega el momento de preparar LA foto, en mayúsculas: "Cuando apenas quedaban un par de minutos eres consciente de que va a llegar el eclipse total y que necesitas tener la foto que tienes en mente, la que va a ir a la portada del periódico. Son unos minutos de nervios y un poco de ansiedad porque necesitas tenerla".

Una pareja se besa con el eclipse de fondo / Miguel Ángel Gracia
¿Y qué fotografiar? "Prioricé sacar a la gente y las siluetas de la gente, porque creo que el eclipse gana con la gente que lo ve. Me senté en el suelo y justo vi que un matrimonio se iba a besar, así que hice una ráfaga para mostrar cómo se daban el beso. Creo que es una foto bastante bonita". Tras conseguir esa imagen, su trabajo fue tratar de conseguir el máximo número de estampas, teniendo en cuenta que "solo tienes un minuto".
Su balance es claro: "Me siento un privilegiado por haber cubierto algo tan especial como un eclipse total desde el Pico del Buitre y estoy contento con cómo quedó el trabajo". Aunque, eso sí, también está algo contrariado por no poder disfrutarlo en todo su esplendor. Eso sí, reconoce que alejó el ojo del visor de la cámara "un par de segundos" para mirar directamente el eclipse: "Es un momento que pone la piel de gallina".
"Este tipo de eventos son un disfrute estético"
Pablo Ibáñez vivió el eclipse total en su pueblo, La Puebla de Híjar (Teruel). Barajaba dos ideas para plasmar. "La primera era con la iglesia de la Natividad y el eclipse a un lado", comienza a relatar, aunque finalmente se decantó por salir del casco urbano para tener una imagen "limpia, sin ningún obstáculo".

Eclipse desde La Puebla de Híjar / Pablo Ibáñez
Así lo hizo. Se desplazó a un terreno muy llano donde se podía ver sin ningún tipo de "obstáculo visual" y, como aficionado a la ornitología, buscó un sitio donde va habitualmente va a observar aves para tirar unas fotos que forman parte también de su archivo personal. "Este tipo de eventos son un disfrute estético a nivel tanto personal como profesional", confiesa.
"Un instante mágico"
Para Laura Trives, "mágico" es el adjetivo que define los algo menos de dos minutos que duró el eclipse total en Zaragoza. Su papel fue la de plasmar en un vídeo la espectacular corona solar desde el puente de la Unión de la capital.
El día anterior, coincidiendo con otro reportaje para el diario el día previo sobre los preparativos, se desplazó hasta esta ubicación para analizar cuál sería la mejor ubicación para llevarlo a cabo. Ese resultó ser justo en la mitad del puente "para tener una buena imagen de la basílica del Pilar con el río". Con esa labor previa hecha, solo faltaba esperar el momento.

Laura Trives
"Cuando se ocultó el sol, primero lo vi y luego ya hice el vídeo", asevera. "El momento más espectacular fue cuando se cubrió el sol, todo se oscureció y nos quitamos las gafas. Llegamos a ver las estrellas con una bandada de pájaros. Fue un instante mágico, me pareció increíble", confiesa.
"Lo fotografié desde uno de los sitios más bonitos del mundo"
"Lo viví con bastante emoción, como cualquier otra persona, pero sabiendo además que tenía que fotografiar un evento que no sucedía desde hacía más de un siglo y desde uno de los sitios más bonitos del mundo, obviando observatorios y sitios destinados para ello, para observar el eclipse", presume Josema Molina. A él le correspondió centrar el foco en el puente de Piedra, uno de los rincones que más gente atrajo para observar la alineación de los astros.
También en su caso tuvo unos días previos de preparación, tanto en el apartado técnico, con la búsqueda de los filtros para la cámara más adecuados, como detectar los encuadres deseados.

Centenares de personas poblaron el puente de Piedra de Zaragoza durante el eclipse / Josema Molina
"Me paseé por el entorno de la ribera del Ebro intentando encontrar un edificio donde me dejaran subir a la hora del eclipse para hacer una foto desde arriba. Mi idea era tener la foto del puente lleno de gente con la basílica al fondo y encontré a la maravillosa María Luisa, que fue encantadora y no dudó en dejarme subir a su casa a hacer fotos", agradece públicamente el fotógrafo de El Periódico de Aragón.
Sin embargo, la cita tuvo ciertos sinsabores. "El momento de oscuridad total se me quedó muy corto para todo lo que quería hacer", reconoce, enumerando una retahíla de cambios y ajusten en la cámara que tenía que hacer para preparar la siguiente foto que a cualquier aficionado le llevarían varios minutos. Un tiempo que no tenía. "Tuve la oportunidad de hacer una foto desde cada encuadre porque además de una foto bonita había que buscar que tuviera un valor periodístico, ya que desde el sitio en el que estaba era tan protagonista el sol como las personas", explica.

Imagen del eclipse con la basílica del Pilar y el Ebro / Josema Molina
Y cierra: "Apenas tuve 10 segundos para disfrutar del eclipse con mis propios ojos y quedarme asombrado".
"Esta experiencia debe vivirse en directo"
Y aquí está la última pieza de este rompecabezas. Rubén Ruiz siguió el eclipse total de Sol desde Juslibol, uno de los enclaves con mejores condiciones para observar el fenómeno en Zaragoza. Con su cámara captó algunas de las imágenes de una jornada histórica, aunque reconoce que ninguna fotografía puede transmitir por completo lo que se siente al vivir un momento así.
"Esta experiencia debe vivirse en directo, no en diferido. Solo después de haber presenciado un eclipse total se comprende plenamente lo que representa una fotografía de ese instante", explica Ruiz, para quien el verdadero valor de la imagen nace precisamente de haber estado allí cuando la Luna ocultó por completo al Sol.

Imagen de la corona solar del eclipse desde Juslibol, Zaragoza / RUBEN RUIZ
El fotógrafo sostiene que, tras vivir un eclipse total, "la imagen adquiere esa dimensión, más allá del registro, y se transforma en un vínculo con la experiencia vivida". En su opinión, cada fotografía "actúa como disparador de la memoria", capaz de transportar de nuevo a quien la tomó a un instante tan breve como irrepetible.

Uno de los instantes captados del eclipse solar desde Juslibol / RUBEN RUIZ
Con el equipo ya recogido y el cielo recuperando poco a poco su aspecto habitual, quedó la sensación de haber sido testigo de un momento excepcional. Uno de esos instantes que, aunque puedan fotografiarse, solo quienes estuvieron allí podrán recordar en toda su dimensión.
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