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VERANO NEGRO EN LA COMUNIDAD

En el 'mirador de la desgracia' con un bombero y vecino de Arrés: "Nos hemos salvado por los pelos"

El subjefe de intervención del operativo del Ayuntamiento de Zaragoza y afectado por el incendio relata el temor de los vecinos de Arrés a que el fuego saltara la carretera que les separa de Bailo

El bombero y vecino de Arrés, Ángel López Gascón, junto a la casa del pueblo donde se guardaba un equipo de extinción.

El bombero y vecino de Arrés, Ángel López Gascón, junto a la casa del pueblo donde se guardaba un equipo de extinción. / Miguel Angel Gracia

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Arrés (Bailo)

El incendio de Las Peñas de Riglos ha corrido como un caballo desbocado por las sierras del prepirineo aragonés durante esta semana. Los vecinos de Arrés, una pedanía de Bailo, han rebautizado una de sus lomas ante el negro horizonte que emerge frente a ellos tras el paso del virulento siniestro forestal. "Ahora le decimos el mirador de la desgracia, porque desde aquí se ve hacia donde se dirige el fuego y lo que ya ha arrasado", dice Ángel López Gascón, vecino de la localidad, mientras da detalles sobre el avance de las llamas. Puede hacerlo por partida doble, tanto por su conocimiento del terreno, como por su profesión, que es la de bombero en el cuerpo del Ayuntamiento de Zaragoza.

"Nosotros estamos a unos cinco kilómetros de Bailo, separados por la carretera. Nuestro mayor temor era que el fuego la saltara y estábamos ya con las maletas hechas por si acaso. Ahora la cosa está mejor por aquí. Ha empezado a soplar viento del norte y el fuego ha vuelto a donde empezó, que es una zona quemada, pero nos hemos salvado por los pelos", señala López, subjefe de intervención del operativo del consistorio de la capital aragonesa.

Ángel López Gascón, en el rebautizado como mirador de la desgracia, una loma de Arrés desde la que se ve el paso del incendio.

Ángel López Gascón, en el rebautizado como mirador de la desgracia, una loma de Arrés desde la que se ve el paso del incendio. / Miguel Angel Gracia

La previsión era "horrorosa" para toda la semana, por lo que en Arrés se tomó la resolución de poner una larga manguera, de unos 120 metros, en la casa del pueblo y conectarla al hidrante para refrescar el entorno del pueblo si se acercaban las llamas. "La situación es regulera tirando a mala. Mientras no cambie el aire y baje la temperatura… Es lo que se conoce como fórmula 30-30-30: si hay más de 30 grados de temperatura, que los hay, menos de un 30% de humedad, que estamos muy por debajo, y viento de más de 30 kilómetros por hora... Pues va a ser difícil", señala.

Dos peregrinos de avanzada edad caminaban este viernes por la mañana por la carretera nacional N-240, cortada al tráfico por la peligrosidad de las llamas. Ese, el tramo aragonés del Camino Francés, es uno de los reclamos de Arrés, un milenario pueblo cercano a San Juan de la Peña, donde viven hoy unos 40 vecinos, según el censo oficial. La semana pasada se celebraron las fiestas locales, lo que generó un crecimiento poblacional que podría haber generado más problemas logísticos a la hora de gestionar la cercanía de las llamas.

"El miedo era que el fuego bajara por el Camino Francés. Cuando empezó el incendio había muchos nervios porque veíamos que el pueblo se podía ir 'a cascarla' por cómo venía el fuego. Por otra parte, sabemos que si llega a algún pueblo en seguida se moviliza la caballería y se defienden los cascos urbanos. Pero claro, cuando tienes tu casa, tu vida, tu todo en peligro, lo vives de una forma distinta", dice el bombero zaragozano, que tiene su traje y equipo de extinción en la puerta de su casa por si hay que hacer uso de él.

El amplio despliegue del operativo de extinción de incendios, voluntarios incluidos, permitió detener el fuego en su camino hacia Arrés. A ellos agradece y felicita el compañero López Gascón, que "se la han jugado" por la integridad de los pueblos.

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