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El negocio de las fiestas en Aragón: hasta 20.000 euros por una orquesta

El auge de estas formaciones musicales ha ido acompañado de una evolución en sus repertorios y espectáculos haciendo quss siendo el centro de todas las programaciones

La Charanga Los Espartanos durante su actuación esta semana en Trasobares

La Charanga Los Espartanos durante su actuación esta semana en Trasobares / Servicio Especial

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Zaragoza

Cuando llega el verano, los pueblos de Aragón cambian el ritmo. Las calles se llenan de vecinos, las plazas recuperan su bullicio y las fiestas patronales convierten durante unos días a cada localidad en una celebración. En ese escenario hay dos protagonistas que difícilmente pueden faltar: las charangas y las orquestas. Dos formatos diferentes, pero con la misma misión de poner música a las fiestas y conseguir mover a todo un pueblo al mismo ritmo.

El auge de las charangas vuelve a hacerse especialmente visible entre los más jóvenes. Alberto Barrios, percusionista de la Charanga El Cachondeo, reconoce que en los últimos años "el espíritu charanguero está volviendo a tomar protagonismo" y las charangas continúan recorriendo todos los rincones de Aragón y España. Una tendencia que también se refleja en sus agendas: "Cada año tenemos más trabajo, sólo en verano hacemos casi cien bolos. Estamos muy contentos de que se vuelva a disfrutar así".

La charanga tiene, además, una particularidad que la diferencia de otros espectáculos, no espera al público sobre un escenario, sino que directamente se mete entre él. Sus músicos recorren las calles acompañando los actos y convirtiendo los pasacalles en una fiesta en movimiento. Ese contacto directo hace que la relación con los vecinos sea especialmente estrecha, asegura Alberto: "En los pueblos pequeños eres el protagonista de ese acto o incluso de ese día de fiestas".

La Charanga El Cachondeo durane las fiestas patronales de Villanueva de Gálego

La Charanga El Cachondeo durane las fiestas patronales de Villanueva de Gálego / Miguel Ángel Peropadre

Por otro lado, Víctor Pérez, de la Charanga Los Espartanos, pone el acento precisamente en ese vínculo que se construye con el paso de los años. A diferencia de otros espectáculos que actúan una sola vez en los pueblos, las charangas suelen permanecer durante varios días y regresar temporada tras temporada. "La charanga es más personal, normalmente cuando vas a un pueblo sueles estar dos, tres o cuatro días y creas más relación", explica. Esta relación puede acabar convirtiéndose en una amistad, Víctor cuenta que hay localidades a las que llevan años acudiendo y donde ya se sienten como en casa. En Trasobares, por ejemplo, llevan cinco años y aseguran que ya consideran el municipio como "una de sus casas". En Juslibol acumulan una década de actuaciones y en codo llevan años regresando: "Tienes vínculos con la gente del pueblo tras tantos años".

El boom de las orquestas

Si las charangas son el movimiento y la cercanía, las orquestas representan el gran espectáculo de la noche. Íñigo Sorozabal, uno de los propietarios y cantante de la Orquesta Nueva Era, asegura que las formaciones de gran formato están viviendo "uno de sus mejores momentos" después de unos años en los que habían perdido protagonismo. La clave, a su juicio, está en haberse adaptado a las nuevas generaciones y en ofrecer algo más que una verbena tradicional. "La verbena ha dejado de ser lo que era, ahora somos todo un espectáculo, con bailarines, coreografías, cambios de vestuario, pantallas y equipos cada vez más sofisticados", cuenta Íñigo sobre la transformación que han vivido en su orquesta que cuenta con un equipo total de hasta 25 personas.

En este cambio también se está consiguiendo recuperar a los jóvenes, organizando los repertorios y la fiesta más allá de la música que tradicionalmente triunfaba y volviéndose en un punto de encuentro para todas las edades o gustos. "Notamos que la gente joven cada vez se anima más a venir a la verbena. Son un muy buen termómetro para saber cuando funciona un repertorio, el público nunca miente", expresa el propietario de la Orquesta Nueva Era.

La Orquesta Nueva Era durante una de sus actuaciones este verano

La Orquesta Nueva Era durante una de sus actuaciones este verano / Servicio Especial

El fenómeno de las charangas y las orquestas tiene un importante componente económico y profesional. Las agendas de las formaciones se concentran especialmente en los meses de verano, pero las agendas se cierran con casi más de un año de antelación en ambos casos, con pueblos reservando fecha para el próximo año durante sus fiestas actuales.

En cuanto al sector económico de estos espectáculos el rango de precios tiene distintos puntos de vista, una charanga puede partir de un precio rondando los 700 euros y llegar a alcanzar los 2.000 euros en la suma final de su factura de contratación, variando de las condiciones que cada una de ellas estipule. Aunque su coste también depende del número de actuaciones realizadas, distancia recorrida o componentes del grupo. Si miramos a las orquestas, su precio varía según el formato de cada una de ellas pudiendo partir de los 5.000 euros hasta rozar los 20.000 euros de algunas de las de mayor formato. Esto se debe al número de músicos, técnicos, la infraestructura y desplazamiento que tengan que realizar, además de variar según el caché o la popularidad de demanda de cada una.

Así cuando una charanga empieza a tocar por las calles o una orquesta enciende las luces del escenario, no empieza simplemente una actuación, sino que comienza uno de los momentos centrales de las fiestas. Porque si algo tienen en común ambas es que, más allá de las canciones, su verdadero espectáculo está en conseguir que todo un pueblo termine formando parte de la fiesta.

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