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VERANO NEGRO

Los vecinos luchan contra el incendio cerca de la Peña Oroel: "Estamos viendo cómo se nos come el fuego y no podemos estar de brazos cruzados"

Los vecinos de la peña Oroel se arman con tractores y motosierras para crear cortafuegos ante el avance del incendio de San Juan de la Peña

Los vecinos de Navasa y Baros crean cortafuegos para salvar sus pueblos del fuego

Pablo Ibáñez

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David Chic

David Chic

Barós

Tractores, motosierras y desbrozadoras. Botellas de agua. Carretillos, azadas. Este es parte del equipo con el que los vecinos que tiene sus pueblos y residencias a los pies de la Peña Oroel se preparan ante el peligroso avance de las llamas en el incendio de San Juan de la Peña. El riesgo real a que el frente alcance a los municipios del entorno de Jaca, tras quemar la zona natural protegida, ha provocado que este sábado centenares de residentes y voluntarios se lanzaran al monte a crear cortafuegos. Horas limpiando barrancos, cauces y laderas. Una lucha a la desesperada.

Así trabajaron durante horas en Ulle, donde llevaban desde el punto de la mañana retirando zarzas, maleza y árboles muertos del perímetro del pueblo. «Estamos viendo cómo se nos come el fuego y no podemos estar de brazos cruzados, llueve ceniza», señaló Urbano Ansa. Con la llamada a colaborar se volcó como el resto de los voluntarios. «Aunque soy navarro vivo en Jaca, no me perdonaría que todo este paraje quedará arrasado», indicó protegiendo con los guantes sus manos. «Estos días estamos viendo que se protege mucho el patrimonio, pero no tanto lo que está cerca de las casas», lamentó.

Vecinos de Baros y Navasa crean cortafuegos para salvar sus pueblos del fuego.

Vecinos de Baros y Navasa crean cortafuegos para salvar sus pueblos del fuego. / Pablo Ibáñez

En la explanada donde de recogen las ramas muertas de los árboles también trabaja «a la desesperada» Ignacio Peralta. «Es nuestra obligación dar la vida por esto, aquí hay muchas cosas bellas y no podemos dejar que las llamas avancen descontroladas», incidió. En los rostros se aprecia el cansancio de toda una jornada de trabajo y algunos lamentan abiertamente que no acudan a la zona técnicos de Protección Civil para guiar y coordinar la acción altruista.

En Barós o Navasa los residentes y turistas también se han lanzado con serruchos y sus manos a limpiar el entorno antes de que un fuego que calculan que puede llegar en dos días acabe cercando sus hogares como ha pasado en Santa Cruz de la Serós.

«Vamos tirando para adelante agobiados, hemos venido desde Zaragoza para trabajar en lo que podamos, la situación es muy mala, el fuego se va a plantar aquí», dice Lúa Avellaned, vecina de Navasa. El Gobierno de Aragón ante el avance del fuego ha pedido a la gente que abandonen el monte, pues el riesgo de que se mantenga su avance es más que evidente.

Desde Jaca se han tratado de coordinar los esfuerzos. Una primera convocatoria sirvió para enviar voluntarios a los diferentes espacios naturales que rodean el municipio, centrando los esfuerzos en las faldas de la Peña Oroel. La concejal Lucía Guillén destaco que es fundamental «prevenir el avance del fuego» por las complicadas situación meteorológica que se espera durante los próximos días.

Vecinos de Navasa crean cortafuegos para defender su pueblo.

Vecinos de Navasa crean cortafuegos para defender su pueblo. / Pablo Ibáñez

«No se puede hacer otra cosa que limpiar y tratar de protegernos, no acaba de caer agua y el tiempo no ayuda, está siendo algo muy complicado y va de río a río», afirmó el agricultor Albino Lacasa en una de las calles de Barós por las que se repartían los vecinos. Algunos trataban de llevar agua con sus mangueras para que los trabajadores pudieran refrescarse en medio de las altas temperaturas. Con su tractor y con el trabajo de varias decenas de voluntarios fueron poco a poco limpiando la ladera por la que se sube al pueblo mientras el resplandor del fuego resaltaba la silueta de Oroel. El humo cubre el ambiente y la ceniza obliga a muchos a llevar mascarillas.

«Estas cosas se tienen que hacer antes, no ahora deprisa y corriendo cuando ya hay tanto monte perdido», indicó a su vez la voluntaria Belén Gonis. En sus manos una horca y con otro grupo trasladan al centro de los campos, en los que se han dibujado cortafuegos, ramas de chopos cortadas. Muchos brazos se ven cubiertos de arañazos. El objetivo es limpiar todo el perímetro de estas localidades para facilitar la labor de los bomberos cuando la situación pueda ser irreversible.

Una vecina de Navasa, ya jubilada, habla de «miedo» ante lo que están observando. Casi una veintena de pueblos desalojados y fuegos descontrolados. «Vemos que hay mucha gente trabajando para controlar la situación, esperemos que sus esfuerzos tengan su recompensa», indica. Mientras, a su alrededor, más vecinos llegan con garrafas de gasolina para alimentar las motosierras. Es el momento de los cortafuegos a los pies de la Peña Oroel.

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