Cuando Zaragoza se vacía y los pueblos se llenan: el 15 de agosto que multiplica la vida en Aragón
El 15 de agosto la población de municipios como Moyuela se multiplica por diez, llenando tiendas y peñas ante la llegada de quienes regresan a sus raíces.

Pregón de fiestas en Calatayud. / Servicio Especial

Con el termómetro rozando los 40 grados podría parecer evidente que, a la hora de comer, lo que más apetece es algo fresco como una ensalada, un gazpacho o cualquier plato que ayude a sobrellevar el calor. Pero imagínese por un momento una escena muy diferente.
Es un día de agosto y, desafiando al mercurio, un grupo de jóvenes se resguarda bajo una sombrilla de propaganda que probablemente ha visto más veranos que ellos. Ya están sentados a la mesa y lo que tienen delante no es precisamente una ensalada. Lo que se sirve es una buena ración de rancho. Sí, rancho en pleno agosto.
Pero es que hoy no es un día cualquiera. Hoy es 15 de agosto.
Ya lo cantaban los míticos Ixo Rai en Como todos los meses de agosto: al llegar la fiesta mayor... Y pocas cosas definen mejor el verano aragonés que las fiestas de sus pueblos.
El 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen, es por antonomasia una de esas fechas marcadas en rojo en el calendario de muchos municipios. Es el día en el que las calles vuelven a llenarse, regresan quienes viven fuera y las familias se reúnen alrededor de una mesa, una peña o una plaza.
Algunos pueblos lo celebran con emotivos pregones desde el balcón del ayuntamiento; otros, con disfraces, carrozas y verbenas; y otros, como no podía ser de otra manera en Aragón, alrededor de almuerzos, paellas o ranchos populares.
Este último es precisamente uno de los grandes protagonistas del 15 de agosto en Tórtoles, barrio rural de Tarazona, en la Comarca de Tarazona y el Moncayo. Y su imagen ejemplifica a la perfección algo que se repite estos días en buena parte del territorio aragonés que cuando la ciudad se vacía, los pueblos se llenan.
De 80 vecinos a casi 1.000
Bien lo saben en Moyuela, en el corazón de la Comarca Campo de Belchite. El municipio pasa de contar con alrededor de 80 vecinos durante el invierno a acercarse al millar en torno al 15 de agosto.
Su alcalde, José Antonio Sánchez Tirado, explica que “es lo que toca”. Con la llegada del verano, las vacaciones y las fiestas patronales, las tiendas, los bares y las peñas “se llenan hasta los topes”.

Elaboración del rancho en Tórtoles. / Servicio Especial
La inmensa mayoría de quienes regresan estos días tienen raíces en el municipio, nos cuenta el primer edil que “sus abuelos o sus tíos viven aquí. De ahí que para muchos niños y jóvenes el pueblo siga siendo uno de los destinos preferidos de las vacaciones.
Pese a este notable incremento de población, Sánchez Tirado asegura que “no hay problemas de saturación o suministro”. “Pasa lo mismo todos los años”, recuerda, y tanto los establecimientos como los vecinos están ya acostumbrados a ese desembarco veraniego. Como mucho, bromea, “te toca esperar un poco más en la fila de la tienda”.
Fiesta sí, pero con responsabilidad
Para muchos, unas buenas fiestas de pueblo son uno de los momentos más esperados del verano. Pero detrás de las verbenas, las vaquillas y los almuerzos, este año hay también una llamada obligada a la prudencia.
Aragón atraviesa una situación especialmente delicada por el riesgo de incendios con 22 zonas de la comunidad en alerta roja y las siete restantes en alerta naranja. Las ganas de disfrutar de los festejos deben ir acompañadas de la responsabilidad que exige el momento.
Pueblos pequeños y no tan pequeños
Con la muda bien limpia están también los vecinos y visitantes de El Burgo de Ebro, que este 15 de agosto se prepara para celebrar San Roque por todo lo alto.
El municipio tampoco puede definirse como un destino “especialmente turístico”, explica su alcalde, Vicente Royo, pero “es llegar estos días y casi multiplicamos la población”.
La mayoría de quienes se incorporan a las fiestas “no viven aquí de normal”, pero mantienen algún vínculo con El Burgo porque tienen familia, amigos o conocidos y regresan cada verano para sumarse a la celebración.
Y eso es, precisamente, lo bonito de que la ciudad se vacíe y los pueblos se llenen. Porque por mucho que cambien las generaciones, las costumbres o la manera de pasar las vacaciones, hay algo que permanece. El verano —y Aragón— no sería exactamente lo mismo sin las fiestas de sus pueblos.
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