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VERANO NEGRO

El cansancio ya pesa en los desalojados por el incendio de Riglos: "Las carreteras son ratoneras, la situación nos sobrepasa"

Más de un millar de personas han sido desalojadas de 19 municipios de la provincia de Huesca a causa del avance de las llamas

Una parte de los vecinos desalojados se encuentran en Ayerbe.

Una parte de los vecinos desalojados se encuentran en Ayerbe. / Pablo Ibáñez

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David Chic

David Chic

Ayerbe

«Estamos desolados, la situación es muy complicada. Las carreteras se están convirtiendo en ratoneras, nos sobrepasa». Así reflexiona el alcalde de Las Peñas de Riglos, Juan Torralba, tratando de coordinar la labor de voluntarios en medio del humo espeso que cubre toda el área de los Mallos y San Juan de la Peña. Incendio permanece descontrolado tras quemar más de 16.000 hectáreas, estar a punto de entrar en Santa Cruz de la Serós y en la actualidad amenazando con sobrepasar la Peña Montañesa. El alcalde comparte la inquietud de sus vecinos, desalojados desde el lunes y sin una fecha para volver a casa.

«Ver las llamas nos genera una preocupación constante, vivir algo así en directo es muy duro», señaló en el pabellón de Ayerbe Monserrat Vicente, una de las residentes en Salinas de Jaca, uno de esos 19 núcleos desalojados. «Estar fuera de casa nos genera mucha inquietud, y además no puedes dejar de pensar en el día después», indica. Ella fue de las primeras personas en tener que salir cuando comenzó el veloz avance de las llamas.

Este sábado ya eran 19 los municipios desalojados en a provincia de Huesca que, en total, suman más de un millar de personas. Las poblaciones evacuadas son Botaya, Alastuey, Larués, Bailo, Villalangua, Salinas de Jaca, Ena, Centenero, Arbués, Santa Cruz de la Serós, Binacua, Santa María de la Peña, Triste, Peña Estación, Yeste, Atarés, Anzánigo, Osia y Bernués. Además, el Gobierno de Aragón también ha desalojado un camping. Todos los que lo han necesitado han recibido asistencia y en casi todos los casos se están garantizando alojamientos en hoteles y pisos de alquiler. Muchos de ellos se encontraban de vacaciones.

Alejandro y Monserrat en las piscinas de Ayerbe, donde han sido realojados

Alejandro y Monserrat en las piscinas de Ayerbe, donde han sido realojados / Pablo Ibáñez

En Ayerbe se encuentran alojados algunos de los desplazados que no han vuelto a sus primeras residencias. Alejandro Salcedo es uno de los voluntarios que se vuelcan en sus atenciones. «Todo lo que antes era verde, ahora es negro», indica en la cafetería de las piscinas, junto al polideportivo. Las tardes son los momentos más complicados de estas jornadas, pues es cuando llegan nuevos desplazados según avanzan las llamas al capricho de los vientos.

«Soy muy optimista, pues vemos cómo no dejan de trabajar, aunque siempre acabamos teniendo momentos de muchos nervios como cuando todos los medios se concentraron en San Juan de la Peña y parecía que todo estaba abandonado», señala Vicente.

«Es complicado trabajar en estas condiciones, pues los vecinos salen muy desorientados con sus casas, muchos llevando lo puesto», explica la coordinadora autonómica del equipo psicosocial de Cruz Roja, María Eugenia Trujillo. Además, todos tienen que sufrir durante horas el espeso humo que cubre las tres comarcas afectadas y la ceniza que llena los aires.

En atención a los desplazados durante el sábado alcaldes y algunos vecinos desalojados por el incendio forestal de San Juan de la Peña pudieron acceder a los municipios escoltados por la Guardia Civil y por responsables de Protección Civil. Lo hicieron en varios convoyes que recorrieron carreteras afectadas por el incendio, muchas de ellas con las llamas todavía muy cercanas. El objetivo era permitir recoger algunos efectos personales y alimentar a los animales que han dejado atrás durante casi una semana en corrales o gallineros. Los accesos y los permisos estuvieron organizados y regulados según el nivel de peligrosidad que presenta cada una de las zonas del incendio.

El cansancio y la inquietud también pesa en Santa Cruz de la Serós, otro de los pueblos que han sido desalojados a causa del devastador incendio iniciado en Las Peñas de Riglos provocando una semana de angustía y desesperación.

Son esos sentimientos los que tiñeron el discurso que la alcaldesa de la localidad, Marifé Vinacua, pronunció ante sus vecinos para anunciarles que debían abandonar el pueblo ante el avance del incendio. «Esta viniendo fuego por el otro lado y el pueblo se está convirtiendo en una ratonera», reconocía con la voz quebrada, según se difundió ayer. El temor a perder pasto de las llamas aquello que conocen como hogar es el mayor terror de los desalojados: «Solo se están quedando los bomberos profesionales y los efectivos de la UME. Me han asegurado que nuestras casas estarán tranquilas, que se van a salvar y que estarán aquí cuando volvamos», explicó.

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