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Ángel, ganadero de Botaya evacuado en Jaca: "Es un fuego devastador, todo se ha quedado abrasado"

El vecino y su esposa, Cristina, llevan casi una semana en la Escuela Militar de Montaña y desean volver a su hogar, mientras piden más tiempo para atender a sus animales y reivindican la labor de los voluntarios

Ángel, ganadero de Botaya evacuado en Jaca, frente a la Escuela Militar de Montaña.

Ángel, ganadero de Botaya evacuado en Jaca, frente a la Escuela Militar de Montaña. / Rubén Ruiz

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Sergio H. Valgañón

Sergio H. Valgañón

Jaca

Ángel se emociona cuando recuerda su última imagen de Botaya. Fue uno de los voluntarios que hizo cortafuegos cuando el incendio de Las Peñas de Riglos se dio a conocer. Y uno de los últimos en dejar la localidad. "Ha sido un incendio devastador, ha quedado todo abrasado", cuenta con lágrimas en los ojos en un restaurante cercano a la Escuela Militar de Montaña de Jaca, donde duerme junto a su esposa, Cristina, desde que el lunes fueron evacuados de Villalangua. Reclama más tiempo para atender a sus animales, a los que solo ha podido ir a ver dos veces "y a toda prisa" y reivindica el trabajo de todos los voluntarios que han hecho cortafuegos y siguen trabajando para evitar que las llamas lleguen a los núcleos urbanos.

"Nos evacuaron de Villalangua, pero fui a Botaya en previsión para empezar a labrar campos perimetrales", recuerda Ángel, que cuenta "entre ocho y diez tractores, y más voluntarios" los que llegaron a la localidad para hacer esa primera línea de defensa. Volvieron el martes y lo intentaron el miércoles, "pero el fuego era ya incontrolable y nos mandaron para detrás".

Sí ha podido volver en un tres ocasiones a la zona. La primera, por petición de un agente forestal. "Nos llamaron para labrar una zona que por las prisas no hicimos", cita Ángel, que reconoce que entre los voluntarios "no se imaginaban que iba a ir por ahí el fuego". Insiste el veterano ganadero que nadie pensaba que "pudiera cambiar tanto" el avance de las llamas.

Las otras dos ocasiones que ha regresado a su hogar ha sido para "dar de comer a los animales y ver que todos estaban bien". Caballos, terneros, ovejas, gallinas, perros y gatos viven en su granja. "Nos metieron en un viaje con gente que solo tenía su segunda residencia y llegamos tarde por esperar, creo que eso tiene que cambiar y que los que estamos todo el año podamos hacer mejor las tareas", lamenta Ángel.

Incendio Peña de Riglos

Ángel y su esposa, Cristina, celebran la llegada de la lluvia a Jaca. / Rubén Ruiz

Sobre la mesa traza "el triángulo en el que se ha quemado todo" entre las carreteras y caminos que tan bien se conoce. "Es una zona protegida, y entiendo que se hace con buena fe, pero igual hay que pensar cómo se cuida el monte el resto del año", reflexiona este hombre de campo, conocedor de toda la zona: "No queda nada de Botaya, todo está negro y a saber cuándo vuelven los pinos".

Unos árboles que, en algún caso, se plantaron después del incendio de 1994. "No se parece en nada aquello, este ha sido mucho peor", concreta Ángel, que afirma que "el de este año se ha salido de toda previsión" y ha llegado a quemar "un montón" de parcelas que cita de memoria, entre caminos, zonas de trabajo agrícola o pistas.

Ángel no deja de agradecer el tratamiento que están recibiendo en la Escuela Militar de Montaña, donde les tratan "realmente bien", y el trabajo de personas como "el alcalde de Riglos, que hace una labor excepcional y nos informa a cada momento de la situación". Enseña, como prueba, un grupo de WhatsApp en el que se ven fotografías de bomberos y la llegada de hidroaviones y helicópteros a la zona quemada.

El veterano agricultor solo se enfada al hablar del presunto autor del incendio. "Hay gente que intencionadamente quiere hacer daño y ya no sé si a esta persona le falta un hervor o tiene malos sentimientos", critica Ángel, que pide celeridad a la administración para que "las ayudas lleguen, porque han afectado a mucha gente".

Termina el café y sale hacia el cuartel militar. Entonces, la lluvia empieza a caer sobre Jaca. Ángel y Cristina sonríen, posan para la fotografía bajo las gotas. Hay esperanza: "A ver si el martes o el miércoles nos dejan volver a casa".

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