VERANO NEGRO EN ARAGÓN
La escuela de forestales de Jaca, albergue de campaña contra el incendio de Las Peñas de Riglos: "Vienen con ánimo, pero se nota el cansancio"
El Instituto de Formación Agroambiental de Jaca acoge a cerca de 120 bomberos forestales que luchan contra el incendio. Allí se ha ubicado uno de los puestos de World Central Kitchen, que reparte 2.500 raciones de comida al día

Rubén Irisarri, director del Instituto de Formación Agroambiental de Jaca, este lunes en el comedor de la escuela. / Jaime Galindo
Muy cerca del flanco más caliente del incendio de Las Peñas de Riglos, en la carretera que conecta Santa Cilia con Jaca, al lado de Atarés, el Instituto de Formación Agroambiental de Jaca se ha transformado de un día para otro en un albergue de campaña para los profesionales que luchan contra el fuego que asola el reino de los Mallos y el entorno de la Jacetania. Las instalaciones ubicadas en la carretera entre Atarés y Jaca, que normalmente dan cobijo a unos 40 aprendices de la escuela de forestales, sirven ahora mismo de alojamiento para cerca de 120 profesionales, repartidos en dos tandas según los turnos de trabajo en el incendio.
"El lunes por la tarde nos llamaron desde el 112 y el martes a las nueve de la mañana ya teníamos aquí a los primeros bomberos. Como dependemos del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, la interlocución ha sido muy fluida. Todos los trabajadores, incluso los que estaban de vacaciones, no dudaron en venir a ayudar para preparar las instalaciones para acoger a los profesionales de extinción. Es una situación crítica y todos debemos aportar de la forma en que podamos", señala Rubén Irisarri, director del Instituto de Formación Agroambiental de Jaca, que se ha transformado en una suerte de gestor hostelero para ofrecer las mejores condiciones habitacionales al operativo de extinción.
Los efectivos se están alojando en las habitaciones de los estudiantes, que cuentan con dos camas y baño privado. Ceder instalaciones para los retenes, autobombas y técnicos. "La capacidad es de 54 personas pero hemos habilitado alguna habitación más. Incluso hemos puesto colchones en algún aula para que la gente no se quedara sin dormir", señala Irisarri, que incide en que se ha contratado limpieza entre turnos, como coincide con la visita de este diario a las instalaciones.

Una de las habitaciones donde duermen los bomberos forestales en Aragón. / Jaime Galindo
Las banderas ondeaban a media asta este lunes en la entrada de la escuela de forestales, apenas unas horas después del fallecimiento de un militar de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en las labores de extinción del incendio. El accidente ocurrió muy cerca de la escuela, en un barranco en el término municipal de Atarés, después de una tormenta que hizo deslizante el suelo de una pista forestal. La muerte del soldado a mermado los ánimos, lo que se suma a unas arduas tareas de extinción que se prolongan ya una semana en el peor incendio de la historia de Aragón.
"Al principio vienen con mucho ánimo, pero conforme pasan los días se nota el cansancio, se ven lloros, abrazos y nervios. Es muy triste por el esfuerzo y la situación que se vive", cuenta Rubén Irisarri, quien explica que estos días han pasado profesionales de distintas comunidades autónomas, como Castilla y León o Cataluña. En ese momento llegan al aparcamiento del complejo varias dotaciones de bomberos con matrícula francesa. Son los profesionales y bomberos de los distritos 64 y 66 de Francia, desplegados por el país galo para ayudar en la extinción del incendio.

La food truck de la oenegé del chef José Andrés, que reparte 2.500 raciones de comida al día. / Jaime Galindo
Allí hay un comedor con capacidad para más de 60 personas, un avituallamiento que en los primeros compases recayó en los trabajadores del complejo. Fue el miércoles cuando se solicitó la colaboración del 112 para gestionar los turnos de comidas, momento en el que entró en servicio la oenegé del chef José Andrés, World Central Kitchen, que desde entonces se encarga de preparar alimentos, bebidas y fruta para el operativo y los voluntarios.
"Estamos repartiendo 2.500 raciones de comida al día", indica uno de los responsables, inmerso en gestionar el trajín de pedidos que llegan desde distintos pueblos desalojados donde hay voluntarios trabajando. Este lunes, el menú incluía platos calientes, como garbanzos con gambas o merluza con arroz y salsas, así como bocadillos fríos, entre los que figuran hamburguesas con panceta y perritos calientes, repartidos por dos simpáticas señoras y coordinados por algunos jóvenes de la organización.
Denuncias de los bomberos forestales
Más allá del caso de la escuela de forestales, los sindicatos con representación en el operativo Infoar han denunciado en los últimos días precariedad laboral y falta de medios. Denuncian que "no se están respetando los tiempos de descanso mientras la gente lleva una cantidad excesiva de horas de trabajo acumuladas durante todo el verano, encadenando demasiados días seguidos en incendios», entre otras cuestiones, como el retraso en la entrega de los avituallamientos, que "no llegan a las horas adecuadas y eso provoca que la gente no se nutra bien".
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