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VERANO NEGRO EN ARAGÓN

El fuego de Las Peñas de Riglos calcina el entorno protegido de San Juan de la Peña pero respeta los dos monasterios

Ocho días después de que se declarara el incendio, EL PERIÓDICO accede a la zona afectada, de la que emergen humeros y en la que trabajan los operativos. Los restos óseos y las piezas históricas volverán al monumento una vez extinguidas las llamas

El cortafuegos que ha salvado el monasterio nuevo de San Juan de la Peña-

El cortafuegos que ha salvado el monasterio nuevo de San Juan de la Peña- / Jaime Galindo

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San Juan de la Peña

Respira aliviada la cuna de Aragón. Los monasterios viejo y nuevo de San Juan de la Peña han logrado salir intactos del incendio de Las Peñas de Riglos, que corrió raudo desde que fue declarado el pasado lunes y a los cuatro días amenazó con reducir a cenizas ambos monumentos. Ocho días después, EL PERIÓDICO accede al entorno natural en un convoy que garantiza las medidas de seguridad y confirma que el cenobio ha sobrevivido a las llamas que lo cercaron gracias al trabajo de los múltiples operativos. Son los mismos que hoy siguen trabajando en el terreno para sofocar un fuego que ha reducido a cenizas el paisaje protegido que lo rodea, del que todavía emergen columnas de humo.

El monte calcinado marca el camino desde Santa Cruz de la Serós hasta el monasterio viejo, que tras el paso de las llamas conserva su estado habitual. La roca que lo cubre actuó como escudo protector y su fachada muestra las manchas de humedad que desde hace tiempo lo acompañan. Solo hay una diferencia: las urnas con los restos óseos de los reyes aragoneses Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, y otras piezas históricas como la indumentaria del X Conde de Aranda, ya no están en su interior. Miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME) intervinieron para ponerlos a salvo y, según informan fuentes del Gobierno de Aragón, no volverán al histórico monumento hasta que el incendio se dé por extinguido y el riesgo sea cero. También entonces se reabrirá al público.

Como el antiguo, el monumento nuevo, que fue construido porque un incendio en 1675 dejó el viejo en condiciones inhabitables, mantiene intacta su estructura tras el paso de las llamas. Esta resistencia al fuego se explica sobre todo por el trabajo de cientos de profesionales a los que desde el terreno pone voz Francisco Javier Barrio de Pedro, coordinador de Agentes de Protección de la Naturaleza en el Área Medioambiental 1 en La Jacetania: "Defendimos los alrededores de los monasterios con fuego técnico y con las pocas motobombas que pudieron llegar aquí en ese momento. Era una zona muy peligrosa porque venía el fuego tanto por el este, por el oeste como por el norte".

En la pradera de San Indalecio solo ciertas zonas están quemadas, bien por el fuego técnico que se realizó, bien por la caída de pavesas, que según indica el APN llegaron a alcanzar los 100 metros de altura y recorrer varios kilómetros por aire. Por eso, se vislumbra una fila de copas de árboles calcinados frente al monasterio y otra detrás del mismo: la materia ardiente voló de uno a otro lado y cayó en forma de ceniza.

Barrio de Pedro muestra los cortafuegos que también hicieron en la pradera de San Indalecio para salvaguardar el Centro de Interpretación, situado frente al cenobio, y el monumento. El llano ha sorteado las llamas porque carece de matorral, lo que hace al fuego avanzar despacio y llegar a la carretera, que hace de barrera. La dificultad está cuando el terreno cuenta con mucho matorral cubierto por árboles, lo que según informa el APN hace que haya “una continuidad brutal”. Para romperla se realizan los cortafuegos.

El momento de tensión

Son estas las condiciones que presenta gran parte del paisaje natural que rodea los cenobios y que evidencia la voracidad del incendio de las Peñas de Riglos. “Estaba bastante lejos al inicio, hacia el sur, y venía muy fuerte. Lo intentamos parar para evitar la afección al monasterio de San Juan de la Peña, a la pradera de San Indalecio, pero nos fue realmente imposible”, relata Barrio de Pedro. Se desplegaron muchos medios, pero el terreno, que describe como “muy complicado, con mucha pendiente”, dificultó las labores. “Para la gente que se quedó aquí (luchando contra el fuego) fue un momento de mucha tensión”, expresa.

A ello se sumó el calor extremo y un viento desfavorable, que le hizo saltar la carretera, redirigirse hacia el norte y bajar hacia Santa Cruz de la Serós. El APN recuerda la que se conoce como regla del 30-30-30, tres índices que toman como base para analizar la situación. Si se superan los 30 grados de temperatura, la humedad relativa es inferior al 30% y el viento sopla a más de 30 kilómetros por hora, hacen de la extinción un objetivo inalcanzable. Las comarcas de la Hoya de Huesca y la Jacetania los superaron (y superan) “por todos lados”. “Estamos teniendo humedades imposibles para el Pirineo”, lamenta. Es el impacto del cambio climático.

El incendio continúa activo

El incendio de las Peñas de Riglos permanece activo y, aunque las dos últimas noches han sido favorables, cientos de profesionales de Aragón, de comunidades vecinas y de países como Francia o Polonia continúan con las labores de extinción. El APN explica que en estos momentos se trabaja en “rematar los puntos calientes que quedan en el perímetro del incendio” y en consolidarlo, labores que desempeñan con una herramienta manual “picando y retirando la zona quemada de la verde”.

El acceso de maquinaria a la zona es complejo y una gran parte del trabajo se realiza de forma manual, lo que hace asegurar a Barrio de Pedro que quedan varias semanas de esfuerzo por delante. “Se seguirán viendo humeros durante mucho tiempo”, afirma. La esperanza está puesta en que sean dentro de la zona quemada y no se propague a la zona verde que ha resistido al fuego. Por eso, distintos operativos permanecerán los próximos días en el entorno para vigilar y apagar puntos calientes.

Los operativos también combaten el fuego cuando cae el sol, a excepción de los medios aéreos. Pero Barrio de Pedro asegura que “el esfuerzo físico y la maquinaria funciona igual” e incluso “se trabaja mejor” porque se reducen las temperaturas y los puntos calientes son más visibles. “Se trabaja más de noche que de día”, sostiene.

Pero este esfuerzo incansable hace mella en los múltiples profesionales. “Estamos agotados”, expresa el APN. Hace ocho días que lucha junto a sus compañeros en sofocar un incendio que se ha llevado por delante más de 17.000 hectáreas y que le duele en lo personal. “Al final te sacrificas personalmente”, apunta el que fuera forestal de la zona durante 16 años. Su esfuerzo y el de sus compañeros han puesto a salvo los monasterios de San Juan de la Peña, único respiro en un entorno protegido calcinado por tramos.

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