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Trabajar mucho, pero cotizar poco: la realidad de muchos pensionistas en Aragón que no llegan a fin de mes

La precariedad laboral de su generación ha dejado a Eulalia Gracia y a muchos otros jubilados con pensiones insuficientes para cubrir gastos básicos

Eulalia Gracia, Lali para los amigos, tiene 70 años, es viuda y vive en Huesca.

Eulalia Gracia, Lali para los amigos, tiene 70 años, es viuda y vive en Huesca. / Servicio especial

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Rebeca Magallón

Rebeca Magallón

Zaragoza

Eulalia Gracia, Lali para los amigos, tiene 70 años, es viuda y vive en Huesca. Lleva trabajando “toda la vida”, pero cuando llega el momento de que esos años se reflejen en su pensión aparece el problema, porque “casi siempre ha sido en negro”. Su historia es también la de muchos jubilados aragoneses que, después de décadas trabajando, comprueban con impotencia que la pensión no es suficiente para “llegar a fin de mes”.

Aunque la pensión media de jubilación supera los 1.300 euros y la máxima rebasa los 3.000, existe otra realidad muy diferente, la de quienes afrontan cada mes con cantidades muy inferiores y deben medir prácticamente cada gasto.

Trabajar mucho, cotizar poco

Lali pasó buena parte de su vida en la hostelería. Trabajó “en la cocina de bares y restaurantes de familiares”, aunque durante años tuvo que compaginar esos empleos con el cuidado de sus padres. Eso significaba, explica, aceptar trabajos por horas y jornadas sueltas.

Llegó a cotizar durante “algunos años”, especialmente después de casarse, cuando tuvo que regresar al mercado laboral porque su marido sufrió una cardiopatía y sobre ella recayó buena parte de la responsabilidad de “llevar dinero a casa”.

La situación volvió a complicarse a los 55 años cuando Lali sufrió un accidente y obtuvo una incapacidad, pero los pocos años cotizados tuvieron una consecuencia directa porque “había cotizado muy poco” y la cantidad que llegaba cada mes a su cuenta era muy pequeña.

Tiempo después falleció su marido. También entonces apareció el mismo problema. “Había trabajado mucho, pero había cotizado poco”, cuenta, por lo que la pensión de viudedad que le correspondió “también era muy limitada”.

Eran años en los que había que hacer cuentas continuamente. “Había que vigilar los gastos”, recuerda. La realidad era que “prácticamente no llegábamos a fin de mes”, especialmente porque todavía tenía que “alimentar a dos hijos”, aunque el mayor ya había comenzado a trabajar.

Lali participa activamente en la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (Coespe).

Lali participa activamente en la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (Coespe). / Servicio especial

Apenas 1.000 euros y un alquiler que pagar

Cuando sus hijos ya eran mayores, Lali volvió a casarse. Pero “por desgracia”, explica, su segundo marido falleció de un infarto. Entonces tocó volver a sacar la calculadora.

Entre su propia pensión y las cantidades que recibía por viudedad, la suma apenas alcanzaba los 1.000 euros mensuales. Era una prestación “bajita”, como ella misma la define, con la que podía “pagar el alquiler y poco más”.

Y el alquiler ha sido precisamente uno de los grandes condicionantes de su economía. Durante “toda la vida”, Lali ha vivido en viviendas arrendadas, por lo que buena parte de lo que ingresaba cada mes “se lo comía el alquiler”.

Una situación que ha cambiado recientemente. Su hijo ha podido comprarle un pequeño apartamento en Huesca para que viva sin esa preocupación constante de pensar cómo afrontar el siguiente mes. Ahora, explica emocionada, vive “un poquito mejor”.

Agradece especialmente a su hijo Alejandro y a su nuera esta “gran ayuda”, que le ha permitido quitarse de encima uno de sus principales gastos y, sobre todo, ayudarle a “vivir más tranquila”.

Lali participa activamente en la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (Coespe).

Lali participa activamente en la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (Coespe). / Servicio especial

“Ha trabajado mucha gente en negro”

Lali insiste en que su caso no es excepcional. “Conozco a muchas más personas” en una situación parecida, asegura. Para ella, una de las explicaciones está en la realidad laboral que vivió su generación. “Hemos trabajado mucho, sí, pero en negro y sin cotizar”, resume.

Lali no se limita a contar su historia, también participa activamente en la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (Coespe).

Desde esta plataforma, junto a otros pensionistas aragoneses, reclama que las pensiones mínimas se sitúen al nivel del Salario Mínimo Interprofesional y pide la anulación de aquellas reformas laborales y del sistema de pensiones que consideran que han reducido la cuantía de las prestaciones.

En su caso, detrás de esas reivindicaciones hay algo mucho más cotidiano que cualquier cifra, lo que se encuentra bajo la superficie son años de trabajo, meses haciendo cuentas y la preocupación constante de saber si el dinero será suficiente hasta final de mes.

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