Bokatines busca relevo tras 15 años de actividad en el corazón de Zaragoza: "No queremos que desaparezca"
El establecimiento convertido en un punto de encuentro para varias generaciones pretende continuar su actividad con un nuevo dueño tras la jubilación de su actual propietario, Julio Artajo

Julio Artajo y Carlos Val, dueños de Bokatines, delante del local de Cesáreo Alierta / Josema Molina
Casi 15 años después de abrir sus puertas, Bokatines afronta una nueva etapa en Zaragoza. El establecimiento convertido con el paso del tiempo en un punto de encuentro para buena parte de su clientela, prepara su traspaso con la intención de mantener vivo un negocio que ha logrado hacerse un hueco en la hostelería zaragozana. Detrás de esta decisión está la jubilación de Julio Artajo, propietario del local, que dejará atrás una actividad marcada, sobre todo, por la relación con sus clientes.
La historia de Bokatines comenzó con la idea clara de ofrecer un producto económico sin renunciar a la calidad. Así lo explica Carlos Val, propietario de la franquicia a nivel nacional, que recuerda cómo nació el concepto: "Empezamos con este local, queriendo tener un producto económico pero con muy buena calidad". El establecimiento apostó desde su inicio por un modelo principalmente cervecero, acompañado de los conocidos bokatines y una oferta que fue creciendo con hamburguesas, pizzas y diferentes productos para compartir.
El éxito del modelo hizo que las llamadas para abrir nuevos establecimientos comenzaran a llegar y llevó a desarrollar el concepto como franquicia. Desde entonces, se ha expandido por diferentes puntos de España, haciendo que lo que comenzó como un negocio sencillo haya terminado convirtiéndose en una marca reconocida dentro de su segmento.
Ahora, el objetivo es que esa historia continúe en el establecimiento zaragozano, ya que la intención no es cerrar, sino encontrar a una persona que tome el relevo y mantenga la esencia del negocio. "Queremos que continúe Bokatines porque a la gente le gusta, tiene su clientela fija y eso no queremos que desaparezca", señala Val. Por eso, el proceso contempla el traspaso de la franquicia y no del local, con la intención de que los clientes "no noten la diferencia".
Encontrar al sucesor adecuado será, sin embargo, una de las claves, porque la franquicia busca un perfil que no se limite a gestionar el establecimiento, sino que comprenda la filosofía del negocio y esté dispuesto a implicarse con la clientela, cuenta Julio: "Necesitamos una persona a la que le guste este sector y el tipo de clientes que tenemos". Para Carlos, el gusto por la hostelería y el buen hacer que ha caracterizado a Julio durante estos años han sido condiciones fundamentales para garantizar la continuidad.
Porque si hay algo que ha definido a Bokatines durante estos casi 15 años no ha sido únicamente su oferta gastronómica, sino el ambiente, que se ha convertido en una de sus principales señas de identidad. "Aquí la gente encuentra buen rollo, encuentra un ambiente normal, de gente normal, sin problemas, sin malos rollos, donde vienes a divertirte", remarca Julio. Un espacio en el que los clientes que inicialmente no se conocían han terminado relacionándose y donde los propios trabajadores han mantenido una relación cercana con quienes acudían habitualmente.
Para Julio, la despedida tiene además un componente especialmente emocional. Después de tantos años detrás de la barra, lo que más va a echar de menos no será el trabajo en sí, sino las personas que han formado parte de su día a día. "Son clientes a lo que he visto crecer desde que tenían 19 o 20 años, hemos construido una relación que trasciende de la de un hostelero y a quien sirve", relata. La clientela, además, tiene un perfil mayoritariamente joven por debajo de los 30 años y cuenta con una importante presencia universitaria.
Así, el relevo de Julio Artajo no supone necesariamente el final de Bokatines en el centro de Zaragoza, sino que comienza una nueva etapa tanto para él como para el negocio en el que, más allá de los productos y las cifras, su relación y cercanía se ha convertido en el principal legado.
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