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La propuesta de los expertos para proteger los pueblos de Aragón de los grandes incendios

La Universidad de Zaragoza y los investigadores forestales recomiendan crear zonas sin riesgo alrededor de los municipios para evitar grandes evacuaciones

Vídeo | El incendio de La Peña desde Santa Cilla de Jaca.

Miguel Ángel Gracia

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David Chic

David Chic

Zaragoza

La proliferación de grandes incendios forestales en los meses de verano ha puesto sobre la mesa el riesgo real que sufre Aragón de que las cosas se descontrolen. Los expertos en la gestión de bosques, asociaciones internacionales y diferentes voces en la Universidad de Zaragoza llevan tiempo alertando de que puede producirse un gran fuego que arrase gran parte del Prepirineo y que exceda la actual capacidad de extinción. Así quedó establecido en el proyecto Bio For Piri impulsado por la fundación Biodiversidad que ponía el foco en el abandono rural.

«La mayor presión humana sobre el territorio y el alargamiento de las temporadas propicias para el fuego están favoreciendo episodios cada vez más frecuentes y difíciles de atajar», dice el investigador del departamento de Geografía y Ordenación del territorio de la Universidad de Zaragoza, Marcos Rodrigues. Sobre la mesa no existen muchas soluciones más que adaptarse a las nuevas condiciones.

«A veces la clave en la lucha contra el fuego no está en los medios disponibles, pues cuando las llamas superan la capacidad de control del operativo o avanzan por topografías complejas la labor de los efectivos terrestres y aéreos se ve severamente limitada por cuestiones de seguridad», recuerda el investigador, que cita lo sucedido en San Juan de Plan como un punto de inflexión: pocas veces se tiene que trabajar en un fuego declarado a tanta altura, un problema que cada vez será más frecuente.

Asimismo, como se ha visto en el incendio que ha cercado la Peña Oroel, en la actualidad la alta presencia de combustible provoca «episodios convectivos capaces de alterar la meteorología local» convirtiendo estas emergencias en situaciones erráticas, donde el fuego de copas proyecta pavesas a larga distancia superando barreras naturales o carreteras y ríos. Los cortafuegos naturales también se están quedando cortos.

Ante este panorama, la recomendación de los especialistas pasa por priorizar «medidas de autoprotección» en las zonas en las que se mezclan los bosques con las casas. La estrategia prioritaria consiste en crear franjas defensivas y cinturones de seguridad alrededor de los núcleos urbanos, las áreas agrícolas y los espacios de mayor valor patrimonial. El objetivo es evitar que el fuego alcance zonas residenciales y reducir la necesidad de desalojos masivos, asegurando que un conato o un accidente no derive en una amenaza directa para los municipios. «Estamos viendo un incremento de evacuaciones que generan gran incertidumbre», señala el investigador de la Universidad de Zaragoza.

Más dehesas

Desde la fundación Quebrantahuesos, implicada en el proyecto Bio For Piri, consideran que, con unas olas de calor que no dan tregua, el problema de apagar incendios es «especialmente complejo». La mirada de la entidad también está puesta en la gestión del territorio. «Viendo el alcance de los últimos fuegos, y sabiendo que la tan nombrada limpieza de montes es algo que no es factible porque excede nuestra capacidad presupuestaria tenemos que diseñar estrategias que nos permitan garantizar la protección de núcleos y pedanías», explica el presidente de la organización, Óscar Díez. Sobre la mesa está la transformación de la masa boscosa que rodea a muchos pueblos en dehesas, parques y otro tipo de zonas verdes menos peligrosas.

«Para evitar situaciones indeseables, hay que crear cinturones de protección en torno a los pueblos expuestos a las masas forestales y en las áreas agrícolas o interfaz donde suelen iniciarse estos incendios, muchos de ellos ligados a actividades humanas o accidentes mecánicos», insiste Rodrigues. Además, pide que se regulen las obras públicas, las labores de cosecha o la circulación de coches en momentos de gran riesgo.

Los expertos en gestión forestal también piden un desarrollo completo de la actual ley de montes, pues creen que ya resuelve muchos de los conflictos que están sobre la mesa. «Hay que debatir en profundidad qué modelo de territorio queremos, porque el diseño del paisaje determinará los fuegos que sufriremos en el futuro», incide. A largo plazo, el análisis apunta a la planificación territorial y a la gestión forestal continua como las únicas herramientas capaces de moldear el comportamiento de las llamas. «Diseñar el paisaje de forma estratégica determinará el tipo y la intensidad de los incendios a los que se enfrentará el territorio en las próximas décadas», reconoce Díaz.

En este sentido, el miembro del Consejo de la Ingeniería de España (UPCI) y decano del Colegio de Ingenieros de Montes de Aragón, Ignacio Pérez-Soba, manifiesta que es necesario avanzar en una nueva regulación de las superficies forestales, apostando por los usos económicos que se derivan de la gestión y la explotación de la madera. «Tenemos cientos de hectáreas en situación de abandono que es normal que se vean afectadas por estos cambios», reflexiona.

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