VERANO NEGRO
Los expertos analizan el día después del incendio de San Juan de la Peña: "El primer euro que se invierta en la reconstrucción tiene que ser para proteger el suelo"
Técnicos y biólogos advierten sobre la necesidad de no precipitarse en la recuperación de la zona afectada por el incendio


El incendio que se declaró en el término municipal de Las Peñas de Riglos ha acabado quemando vegetación en una zona de más de 18.400 hectáreas. Entre ellas uno de los paisajes más fotografiados de Aragón: el que se encuentra entre los monasterios de San Juan de la Peña y que tenían la condición de protegidos. En este momento técnicos y expertos preparan los planes de recuperación del terreno con un mensaje claro: lo mejor es no precipitarse y tratar de evitar la pérdida del suelo que ahora, sin árboles y arbustos que lo protejan, ha quedado a la intemperie.
"El área quemada es un territorio muy heterogéneo en topografía, microclimas, vegetación, influencia humana y valores ecológicos, por tanto, no existe una respuesta única ni una receta válida para la recuperación de todo el perímetro porque las decisiones afectan a múltiples aspectos: desde los valores ecológicos hasta las afecciones a los pastos o al impacto en el paisaje turístico, sin embargo, hay una prioridad absoluta: preservar el suelo", indica el presidente en funciones del del patronato del Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel y biólogo del Instituto Pirenaico de Ecología IPE), Daniel Gómez. "Donde no se pierda la capa fértil la recuperación de la vegetación será mucho más rápida y viable, por eso el primer euro que se invierte tiene que minimizar esa pérdida que puede llegar con las lluvias de otoño", señala.
El expresidente del Gobierno de Aragón Santiago Marraco es ingeniero forestal y dirigió la repoblación de los montes que ahora se han quemado. Coincide plenamente en que se tiene que evitar la pérdida de suelos para evitar que regrese a la comarca el panorama "pelado" que caracterizaba a ese paisaje hasta los años cuarenta del siglo pasado. "Debido al intenso pastoreo y a las quemas tradicionales en las antiguas pardinas ganaderas desde el siglo XIX el terreno quedó profundamente erosionado y desprovisto de su capa fértil", explica.
En su opinión, como conocedor de los trabajos generados para la construcción del emblemático paisaje, este incendio hará perder "una década" en la evolución de la vegetación, pero cree que lo avanzado en los últimos años seguirá esperando para una segunda fase. "Ya hay un suelo fértil, aunque evidentemente se ha dañado, sobre todo por el cambio del pH por el calor. Además, se ha perdido mucha de la microfauna que existe en el suelo forestal, como las lombrices, pero esa se recupera enseguida. En este momento creo que no es necesario reponer artificialmente, pues la naturaleza cuenta con todos los instrumentos para volver a regenerar la zona: esto no es la construcción de un edificio, hay que dejar paso al tiempo", detalla Marraco.
"Obviamente no se va a recuperar un bosque maduro en dos días, pero en pocos años volverá a haber una cubierta de pastos y matorral de porte considerable", manifiesta Gómez, que también confía en la capacidad de regeneración del terreno. En su opinión es el momento de centrarse en la gestión forestal, pues el paisaje que se ha quemado era "resultante del abandono del medio rural y del cese de los aprovechamientos tradicionales" después de que en las últimas décadas "la masa forestal haya crecido de forma continua sin apenas gestión forestal por falta de inversión".
Plantas resinosas
Ahí entra el debate sobre la presencia de plantas resinosas, que han favorecido la expansión de las llamas, pues "presentan una alta inflamabilidad y se propagan con rapidez". Una composición ecológica que se planteaba como un paso intermedio hasta la regeneración total de las zonas boscosas en la Jacetania y la Hoya de Huesca. "La cuestión clave a debate es qué modelo de paisaje queremos y podemos gestionar de cara al futuro, sabiendo que la gestión forestal requiere presupuesto constante", explica Gómez.
En este sentido, Marraco reconoce que ha llegado el momento de apostar por otro tipo de cobertura vegetal, superada la primera fase de colonización de los espacios pelados. "Probablemente ha faltado una reintroducción de semillas de cajicos, encinas o fresnos, especies más exigentes que se hubieran beneficiado de la protección de los pinos para llegar a una masa mixta de frondosas y resinosas, que es lo ideal para esa zona, algo para lo que era necesario esperar unos 80 años", indica el director de aquellos planes de reforestación.
Ahora, con el suelo quemado, los dos expertos coinciden en la misma receta. Dar tiempo a los procesos de recuperación natural y no actuar con precipitación. "Es el momento de evaluar sobre el terreno, coordinar a los sectores implicados, sean ingenieros, ecólogos, propietarios de los montes y poblaciones locales, y no olvidar destinar los primeros recursos de forma prioritaria a la conservación del suelo", adelanta el biólogo del IPE.
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