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El Pirineo sufre un 30% más el aumento de temperaturas por el cambio climático

La cordillera pirenaica es uno de los ecosistemas que más padecen los efectos del calentamiento global

El incendio de Las Peñas de Riglos visto desde la zona de San Juan de la Peña, este jueves.

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Laura Carnicero

Laura Carnicero

Zaragoza

El Pirineo sufre un 30% más el aumento de las temperaturas que provoca el cambio climático. Así lo constatan los investigadores del Observatorio Pirenaico del Cambio Climático, organismo que opera en tres Estados (España, Francia y Andorra) y que trabaja sobre el terreno de siete regiones pirenaicas (Aragón, Cataluña, País Vasco, Occitania, Nueva Aquitania y Andorra). Su análisis de los datos y la comparativa de los registros en el Pirineo a lo largo del tiempo les llevan a afirmar que esta cordillera es uno de los ecosistemas que más padece el calentamiento global como consecuencia del cambio climático. También hay otros factores de riesgo de los que alertan. Y en un verano en el que en Aragón y en Cataluña se van sucediendo los incendios cada vez en zonas más altas y más cerca del Pirineo cobran especial relevancia las recomendaciones de los científicos para «adaptarse» y tratar de actuar frente a riesgos como los grandes incendios forestales. De hecho, el pasado invierno ya lanzaron una serie de advertencias y propuestas que, lamentan, no se han tenido en cuenta por ahora.

«Las consecuencias del cambio climático ya las estamos sufriendo, no es una cuestión que estemos analizando para el futuro, sino que exigen un cambio de la gestión actual», explica Eva García-Balaguer, científica del Observatorio Pirenaico del Clima.

Sobre el impacto que el cambio climático está teniendo en fenómenos extremos, como los incendios, señala que «ahora nos centramos mucho en la extinción, pero lo ideal sería no tener que llegar hasta ahí. Porque un incendio arrasa con todas las perspectivas y el trabajo de mucha gente durante muchos años», confiesa. Por eso, tienen claras las claves: «Tenemos que trabajar y gestionar de forma nueva el paisaje y hacerlo desde esta nueva perspectiva que incorpore las nuevas condiciones que marca este cambio climático».

Desde el Observatorio inciden en que a nadie le pueden pillar por sorpresa estos efectos. «Desde el año 1992 se está diciendo que hay un gran cambio climático y las montañas sufren un impacto especial», explica García. «La realidad es que todo el mundo ve que hay un problema: no es una cuestión ideológica, es un problema complejo y por eso es necesario integrarlo en las políticas generales», incide la experta.

Desde el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático (OPCC), Eva García-Balaguer plantea dos actividades que podrían dar un giro a la gestión de los montes y ayudar a que el impacto del calentamiento global no sea tan grande. O, al menos, ayudarían a mitigar sus peores efectos, como estos macroincendios. Sus palabras cobran especial relevancia mientras el incendio sigue activo en Las Peñas de Riglos, tras arrasar más de 10.000 hectáreas y poner en riesgo parte del patrimonio aragonés más importante, a nivel histórico y emocional, como son los monasterios nuevo y viejo de San Juan de la Peña, que se vieron cercados por las llamas.

Volver al pastoralismo

«El agropastoralismo es una actividad que podría ayudar al mantenimiento de los montes y que ahora está prácticamente abandonada», explica. Es un hecho que, con el abandono del medio rural en las últimas décadas, también se han perdido actividades como el pastoreo. Ello ha redundado en un aumento de la maleza, un crecimiento desordenado de hierbas y una mayor dificultad para gestionar el monte cuando hace falta.

El abandono paulatino del medio rural por sus habitantes se ha sustituido, en parte, por el crecimiento del turismo rural, que deja impactos en el territorio, a menudo, concentrados en épocas y lugares concretos. Y ello es también un reto de gestión para las políticas públicas. «El turismo ha sido hasta ahora una actividad clave para las montañas, pero necesita ser complementario con otras actividades para no convertirse en un riesgo mayor», considera la experta en cambio climático.

Y recuerda que el pasado mes de noviembre ya se analizó que el «riesgo de incendios en el Pirineo era altísimo». Su principal problema, reflexiona, es que rápidamente «pasan a ser macroincendios y se deja de tener capacidad de control sobre ellos». «Esa es nuestra mayor preocupación porque cada vez que hay un gran incendio, las consecuencias para la atmósfera son muy graves y la recuperación del territorio es cada vez más complicada», explica.

Así, pone el foco también en el día después de esos grandes incendios que lamentablemente han llegado este verano al Pirineo y al prepirineo aragonés. «Siempre ha habido incendios, pero no incendios así. Y después de un fuego de estas características, el problema es la gestión de la erosión y de las cenizas que quedan en el terreno», concreta. Por eso, reclaman analizar bien si después de estos fuegos «hay que hacer una reforestación, o si estas generarían futuras vulnerabilidades». De entrada, proponen fomentar la «regeneración natural» y buscar la adaptación a estas nuevas condiciones climáticas sin dejar de apostar por acciones que mitiguen sus dramáticos efectos.

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