Los rincones escondidos de Zaragoza que transportan a un pequeño pueblo dentro de la gran ciudad
Pequeños lugares de Zaragoza como Ciudad Jardín, Valdefierro o Torrero mantienen la sensación de pertenencia a un sitio concreto recordando la historia de la ciudad y la vida sencilla vida campestre

Imagen de Archivo de las casas de inspiración inglesa en el barrio de Las Fuentes / Miguel Angel Gracia
La ciudad de Zaragoza creció, se expandió y llenó de bloques de viviendas hasta convertirse en la capital que se conoce hoy en día, aunque buena parte del espacio estuvo ocupado por campos y pequeñas construcciones. Sin embargo, todavía quedan rincones en los que el tiempo parece haberse detenido, que conservan las calles estrechas, las casas de una planta y los jardines con parcelas y fachadas de estética propia, sobreviviendo rodeadas por los grandes barrios, creando una imagen más cercana a un pueblo que al centro de la ciudad.
Ciudad Jardín es probablemente el ejemplo más evidente, ya que se encuentra en pleno distrito de Delicias, entre las calles Franco y López, la Milagrosa y las avenidas de San Juan Bosco y Duquesa Villahermosa, pero conserva un conjunto de alrededor de 400 viviendas que mantiene casi la totalidad de su aspecto original. Con casas de una o dos alturas, zonas verdes y calles donde la sensación de estar en el centro de Zaragoza desaparece por momentos.
Su origen se remonta a 1934, cuando el Ayuntamiento aprobó un proyecto inspirado en las ideas del arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro, quien diseñó un pequeño núcleo de viviendas económicas rodeadas de jardines y espacios comunes, con el fin de crear un lugar asequible y tranquilo para familias que necesitaban una vivienda.

Imagen de Archivo de las casas unifamiliares de Ciudad Jardín / Laura Trives
Con unas obras que comenzaron en 1936 y avanzaban por fases, que se vieron interrumpidas por la Guerra Civil, pero se consiguió entregar las primeras viviendas en 1938. Con el paso de los años, el entorno cambiaba por completo, pero durante décadas, Ciudad Jardín ha permanecido prácticamente aislada mientras Zaragoza crecía alrededor.
Especialmente a partir de los años 70 los edificios y servicios comenzaron a rodear aquel pequeño núcleo de casas, que terminó completamente integrado en una ciudad cada vez más grande, pero a pesar de ello, esta conservó su escala y sus viviendas no fueron sustituidas por grandes bloques. Gracias a ello, hoy en día se puede apreciar una imagen difícil de encontrar en una ciudad como Zaragoza y de la cual se aseguró su protección tras declararse Bien de Interés Cultural, lo cual limita o evita sus modificaciones o levantamiento de viviendas de nueva construcción.
Otro ejemplo mucho más pequeño se esconde en el barrio de Las Fuentes, a menos de diez minutos del centro de la ciudad. Las calles Rusiñol, Figueras, Hogar Obrero, Eduardo Rosales, Pintor Zuloaga y Villa de Chiprana, conservan un conjunto de viviendas que se levantó en unos campos que poco más tarde serían rodeados por la vida cosmopolita. En este rincón, todavía se encuentran estos hogares unifamiliares de una escala completamente distinta a la que han acostumbrado las ciudades como Zaragoza.

Imagen de Archivo de las casas de inspiración inglesa en el barrio de Las Fuentes / Miguel Angel Gracia
Su historia comienza en los años 20, cuando un grupo de obreros y trabajadores, muchos de ellos carteros, creó una asociación para construir viviendas para sus propios miembros. Esta iniciativa funcionó como una cooperativa mucho antes de que ese modelo se popularizara, y las casas que crearon recuerdan a las viviendas adosadas británicas, pero que hoy en día recrea una imagen más próxima a cualquier pueblo aragonés. Sin embargo, el proyecto quedó a medias, ya que la crisis provocada por el crack de 1929 llevó la constructora a la quiebra haciendo que numerosos solares permanecieran vacíos, dando pie a levantar construcciones en años posteriores que rompen con la uniformidad inicial.
Los vecinos, sin embargo, lograron conservar una parte importante de aquella identidad, debido a que en los años 80 se limitaron las alturas para proteger la estética de la zona y, durante los 90, una consulta popular permitió que las calles pasaran a ser de titularidad municipal. A día de hoy, encontrar una vivienda allí es muy complicado, pero esta pequeña rareza dentro del céntrico barrio deja descubrir un paisaje que parece pertenecer a la Zaragoza de otra época.
Por otro lado, Torrero ofrece una imagen diferente, pero que comparte ese mismo ADN. Su crecimiento estuvo ligado a la llegada de la población procedente del medio rural durante los años 50 y 60, cuando muchas familias construyeron sus propias viviendas con los materiales que tenían a su alcance. El adobe dejó su huella en algunas fachadas y las casas bajas comenzaron a formar pequeñas tramas de parcelas de las que todavía quedan ejemplos en el entorno de las calles Cuarte, Fray Julián Garcés, Mesones de Isuela y San Marcial. Allí aparecen viviendas de una planta junto a bloques de varias alturas, fachadas decoradas con azulejos y construcciones modernas levantadas sobre antiguas parcelas. Bajo esta arquitectura popular que sobrevivió a la transformación de Zaragoza, también hay viviendas que desaparecieron o fueron sustituidas por construcciones modernas.

Una de las casas unifamiliares decoradas con azulejos en el barrio de Torrero / Laura Trives
Valdefierro es junto a estos, otro de los barrios que lleva todavía más lejos esa historia. En su caso, nació en los años 50, también a través del éxodo rural en España que fue formando el barrio prácticamente desde cero, y que durante años contó con numerosas carencias como el agua corriente. Aquella realidad convive con el Valdefierro actual, el cual cuenta con un crecimiento inmobiliario de gran potencia, donde las parcelas conviven con nuevas promociones y viviendas recién construidas. Pero todavía se reconoce el origen en sus calles, que cuentan con casas bajas y terrenos que recuerdan a aquel lugar en el que durante años se estableció la periferia humilde, alejada del centro y cercano al campo.
Finalmente, La Jota es otro de los privilegiados barrios que conservan un pequeño fragmento de la historia de aquella Zaragoza. En torno a las calles Pedro Lázaro, Once de Julio y Ruiseñor se encuentra una amplia parte de la antigua urbanización Escudero, uno de los núcleos fundacionales del barrio, un barrio que en los años 50 recibió otro impulso por parte de la empresa Obras y Construcciones Daman.
Esta empresa construyó decenas de casas bajas con parcela para trabajadores que llegasen de fuera, pero en su inicio no tuvieron éxito, ya que la gente que salí de los pueblos buscaba un modelo de vida diferente más similar a los pisos. Sin embargo, la llegada de los estadounidenses vinculados a la base militar cambió esa tendencia y para algunos de ellos, aquellas viviendas con parcela resultaban mucho más familiares y cercanos a su estilo de vida que los apartamentos.
En una ciudad que no deja de crecer, estos pequeños rincones recuerdan que no siempre formó parte de una gran trama urbana. Quizá por eso todavía conservan algo que los grandes bloques han ido perdiendo como es la sensación de pertenecer a un lugar concreto, a un espacio donde las viviendas tienen nombre y las calles cuentan historias.
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