VERANO NEGRO
El incendio de Las Peña de Riglos pone en jaque un proyecto turístico de la familia de los ositos Haribo
El empresario y directivo de la marca de golosinas Hans Guido Riegel planea un complejo natural de lujo en Bailo, ahora en vilo tras perder sus 266 hectáreas por el fuego

Algunas de las construcciones de la pardina de Esporret en el término municipal de Bailo. / Martín Estallo

La familia propietaria de los ositos de gominola Haribo lleva unos años tratando de montar un gran complejo turístico en el corazón del Prepirineo aragonés. Con gran discreción, están trabajando en la rehabilitación de una vieja pardina junto a los monasterios de San Juan de la Peña, a pesar de las trabas burocráticas que han encontrado, según han denunciado. El incendio de este mes de agosto ha afectado a prácticamente la totalidad de la finca que habían adquirido a comienzos de la década y deja en el aire la ambiciosa iniciativa. Pese a todo, fuentes conocedoras de la operación esperan retomar el proyecto "con más energía si cabe".
La iniciativa turística, en la que llevan trabajando de forma discreta desde hace varios años, plantea la rehabilitación de las edificaciones tradicionales de la pardina de Esporret, en el término municipal de Bailo, para destinarlas a alojamientos turísticos, así como a difundir la riqueza natural del entorno. También se valora la posibilidad de realizar recorridos de caza. El promotor es Hans Guido Riegel, actual director ejecutivo (CEO) de la multinacional alemana de golosinas Haribo, creadora en 1922 de los ositos de gominola que han hecho a la firma mundialmente famosa. El nombre de la marca responde a las siglas de su abuelo y fundador, Hans Riegel, y su ciudad natal, Bonn (Ha-ri-bo).
La actuación planteada por el empresario alemán afecta a un conjunto de arquitectura tradicional aragonesa de 1.254 metros cuadrados situado en una finca de unas 266 hectáreas, dentro del paisaje protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel y cercana al pueblo de Arbués. Esta ha sido una de las zonas más afectadas por el incendio declarado en la localidad de Las Peñas de Riglos y desde la promoción de la iniciativa confían en poder establecer una colaboración estrecha con el Gobierno de Aragón en la recuperación del paisaje. Desde la adquisición del terreno los nuevos propietarios han trabajado en la renaturalización de la pardina, retirando el ganado original para intentar fomentar la biodiversidad y la conservación de especies de aves, una práctica que la familia de Haribo aplica en otras propiedades en Europa.
El Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (Inaga) emitió en octubre del pasado año una declaración de impacto ambiental favorable a todo el proyecto con condiciones. Según está publicado en el Boletín Oficial de Aragón (BOE) la intervención incluye la reforma de la casa principal y otros edificios, la creación de una piscina de doce metros y el acondicionamiento de espacios para invitados, guardeses y almacenes. También se proyecta una línea eléctrica de media tensión de casi cinco kilómetros, soterrada en su mayor parte, además de sistemas de abastecimiento de agua, depuración y calefacción mediante aerotermia. La vivienda temporal podría tener, según la autorización, una capacidad máxima prevista de diez personas.
Alto poder adquisitivo
En los últimos meses, antes de la declaración del incendio que ha quemado la vegetación del entorno, los propietarios estaban trabajando en sacar adelante las medidas de protección de la fauna y del paisaje, siguiendo un complejo proceso burocrático que supuestamente no estaban facilitando desde la administración autonómica. A la familia propietaria de Haribo también se le exige restaurar las zonas afectadas y mantener un programa de vigilancia ambiental durante las obras y los primeros años de funcionamiento.
El incendio declarado en la zona puede poner en riesgo toda la operación, que contemplaba abrirse al público general una vez que se hubiera consolidado una primera fase destinada a visitantes de alto poder adquisitivo, ofreciendo la posibilidad de recorrer un espacio de gran diversidad de fauna y flora. Tras la situación actual insisten en que si se consolida la colaboración pública, especialmente a la hora de tramitar permisos, están dispuestos a seguir adelante con una iniciativa que ven beneficiosa para todo el entorno.
Curiosamente, la propia declaración de impacto ambiental recogía que la restauración de las viejas edificaciones ganaderas en la pardina de Esporret podría aumentar el riesgo de incendios forestales de forma temporal. Sin embargo, también se señala que el proyecto evitaría el abandono de la finca y reduciría la propagación de posibles fuegos gracias al mantenimiento continuo.
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