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La transformación de la red viaria aragonesa

Cinco años sin peaje: la AP-2 dispara su tráfico y vacía la vieja N-2

La liberalización de la autopista entre Zaragoza y Cataluña ha incremento su tráfico un 60%, al tiempo que persisten reclamaciones sobre accesos y conservación

Las antiguas cabinas de peaje de la AP-2, en una imagen de archivo antes de la liberalización de la autopista.

Las antiguas cabinas de peaje de la AP-2, en una imagen de archivo antes de la liberalización de la autopista. / El Periódico de Aragón

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Zaragoza

El 1 de septiembre de 2021 desaparecieron las barreras de peaje de la AP-2 entre Zaragoza y Fraga, un hito que cambió de forma radical el mapa de las carreteras entre Aragón y Cataluña. Cinco años después, el gran trasvase de tráfico que durante décadas reclamaron instituciones, transportistas y municipios se ha producido, aunque la transformación ha dejado también nuevas necesidades y algunas promesas pendientes.

La liberalización tenía en Aragón una dimensión que iba mucho más allá del ahorro para los conductores. La N-2 acumulaba desde hacía años una elevada siniestralidad y el desvío de los camiones hacia la autopista era considerado una de las principales vías para reducir el riesgo en una carretera convencional que soportaba un intenso tráfico pesado.

Cinco años después, el objetivo de sacar vehículos de la N-2 se ha cumplido con claridad. Los datos de intensidad media diaria del Ministerio de Transportes comparan 2019, antes de la liberalización, con 2024, el último año consolidado disponible sin peajes. En el conjunto de la AP-2, el tráfico pasó de 13.200 a 21.100 vehículos diarios, un aumento del 60%. Pero el cambio más profundo se produjo entre los camiones: de 3.050 al día en 2019 a 7.500 cinco años después, un salto del 146%.

Cambios del tráfico

Entre Alfajarín y Fraga, la intensidad media creció de 14.100 a 23.400 vehículos diarios, un 66% más. Al otro lado de la balanza quedó la N-2, la carretera que durante años soportó buena parte del tráfico que evitaba el coste del peaje. Esta vía pasó de unos 10.000 vehículos diarios en 2019 a 2.700 en 2024, un 73% menos.

Miles de vehículos, y especialmente camiones, han dejado de circular por una carretera convencional para hacerlo por una vía de alta capacidad. Sin embargo, el balance de la siniestralidad es más complejo. Los accidentes no han desaparecido y parte de la presión se ha trasladado a una AP-2 que soporta ahora mucho más tráfico, especialmente pesado.

La transformación también ha creado una nueva realidad para la autopista. Los transportistas que recorren la ruta entre Zaragoza y Barcelona advierten de que la AP-2 soporta «muchísimo tráfico» y reclaman mayores inversiones en conservación. Los accidentes y las retenciones convierten algunos tramos en una «ratonera», según los testimonios recogidos este verano por este diario.

Las actuaciones pendientes

Los municipios del corredor también han tenido que adaptarse. La caída del tráfico en la N-2 hacía temer por la supervivencia de restaurantes y hoteles, aunque buena parte de esos negocios ha resistido gracias a los transportistas y viajeros que abandonan la autopista para realizar sus paradas.

Otra de las asignaturas pendientes son los accesos. Tras la liberalización se proyectaron nuevas conexiones para acercar la AP-2 a municipios que, pese a tener la autopista cerca, carecían de una entrada directa. Los nuevos enlaces previstos en Osera de Ebro y Candasnos, sin embargo, siguen sin ejecutarse cinco años después, pese a las reclamaciones de los ayuntamientos.

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