Testimonio
El miedo y la incertidumbre de los aragoneses afectados por la situación de Ceuta: "Lo estamos pasando muy mal"
EL PERIÓDICO habla con una matrona de Zaragoza que trabaja allí y también con un matrimonio ceutí que reside en la capital aragonesa y está en contacto permanente con su familia

Varios migrantes en las calles de Ceuta, en una imagen reciente. / Servicio Especial
La situación que atraviesa Ceuta ha cambiado por completo la vida de quienes viven en la ciudad, pero también la de quienes, aunque se encuentran lejos, mantienen allí a sus familias y sus raíces. Luis Vilche y Rocío Alonso son un matrimonio ceutí que vive actualmente en Zaragoza y sigue cada día la evolución de lo que ocurre al otro lado del Estrecho. El teléfono, los mensajes de familiares y amigos, junto con las noticias, se han convertido en su principal conexión con una ciudad que según cuentan continúa "viviendo con miedo".
"Estamos aquí, pero estamos allí", resume Luis. "Vivimos todo el día pendientes al teléfono intentando ver qué hay nuevo o cómo evoluciona la situación por las noticias". La distancia física no ha conseguido alejarles de la preocupación. Al contrario, cada noticia aumenta la "incertidumbre, impotencia y miedo", según relata Rocío. Además, la hija de Luis se encuentra trabajando en Ceuta y, según relatan, muchas mujeres de la ciudad han comenzado a extremar las precauciones: "Va con el spray de pimienta, al igual que casi todas las mujeres de la ciudad".
Otro testimonio de lo que está sucediendo allí es el de Silvia Alcolea, una zaragozana que lleva 26 años viviendo en Ceuta y que trabaja en el hospital de la ciudad, que refleja desde dentro una sensación similar. "Lo estamos pasando muy mal, porque la situación no avanza. Está muy estancada", relata. Asegura que el ambiente de la ciudad continúa muy alejado de la normalidad y que siguen sin saber cuántos migrantes permanecen en las calles del centro y en los distintos puntos del territorio.
El caos se ha trasladado también a los hogares, como es el caso de un compañero suyo de trabajo que tuvo que suspender sus vacaciones porque su hija se encontraba sola en casa cuando escuchó ruidos en la terraza y descubrieron que una persona había entrado en la terraza superior de la vivienda. "Ni la chica quería quedarse sola, ni ellos querían irse porque tenían miedo", relata la zaragozana. En el hospital, la tensión está ganando protagonismo. "Todos los días una compañera se echa a llorar por la tensión acumulada", asegura. Las conversaciones entre los trabajadores durante los desayunos se han convertido en una sucesión de historias sobre lo que están viviendo, especialmente los que se encuentran en el departamento de urgencias, el cual confirma que ha vivido un incremento de trabajo "bestial".
La incertidumbre afecta también a la vida cotidiana. Según Luis, los niños han tenido que dejar de moverse libremente por la ciudad y las familias han comenzado a organizar cuadrantes para evitar que los niños vayan solos ni siquiera a casa de sus amigos. La llegada del nuevo curso escolar añade otra preocupación, ya que muchos niños ceutíes se desplazaban solos hasta las escuelas, pero ahora muchos padres tienen miedo de que sus hijos vuelvan a las clases.
Sensación de "tristeza colectiva"
Silvia también pone el foco en el impacto psicológico, y habla de una población "triste", asegurando que algunas personas están llegando incluso a tener que tomar antidepresivos. "Es una sensación de tristeza colectiva, se siente por toda la ciudad", explica. Sus propias hijas acudieron a Ceuta con motivo de la feria, pero la familia decidió que no salieran de casa ante la situación que se había declarado el día previo al inicio de estas.
Ambos testimonios coinciden además en rechazar que la situación se interprete únicamente desde una perspectiva política, e insisten en que la bandera española que muchos ceutíes han sacado a las calles no responde a una determinada ideología. "No es ningún símbolo político para nosotros, es una forma de decir que nuestra pertenencia a España no se encuentra en discusión", afirma Silvia. Junto a ella, el matrimonio ceutí reivindica la convivencia existente en Ceuta, y habla de una ciudad en la que hay numerosos matrimonios interculturales como el mayor ejemplo de convivencia, además de la particularidad con la que cuenta la ciudad, al coexistir cuatro comunidades como son la cristiana, la musulmana, la judía y la hindú.
Mientras la situación continúa a la espera de una resolución, la vida de los ceutíes sigue detenida. "Allí el ciudadano de Ceuta se mantiene en pie", afirma Luis, una frase que resume la sensación que, desde la distancia intenta trasladar: la preocupación por sus familiares, el miedo ante lo que ocurre y la voluntad de recuperar antes una normalidad que, aseguran, queda muy lejos.
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