Ayuntamiento de Huesca

Orduna cierra un primer año marcado por la polémica y la tensión con Vox

La alcaldesa oscense aguanta el chaparrón de la ultraderecha y marca una política continuista, mientras aspira a resucitar Huesca como destino vacacional

Ricardo Oliván, Lorena Orduna y José Luis Rubió, en una imagen de archivo.

Ricardo Oliván, Lorena Orduna y José Luis Rubió, en una imagen de archivo. / EL PERIÓDICO

Sergio H. Valgañón

Sergio H. Valgañón

El aterrizaje en política de Lorena Orduna ha tenido más turbulencias de las deseadas por la mujer que cumple un año como alcaldesa de Huesca. Desde su investidura hasta ahora, las polémicas, las discusiones con Vox y el continuismo en muchas acciones de Gobierno han marcado el primer cuarto de una legislatura que queda siempre supeditada al pacto de gobernabilidad firmado entre el PP y la ultraderecha para mantener estables los ayuntamientos y, sobre todo, el Gobierno de Aragón.

Precisamente ha sido la relación con Vox la que ha marcado el ir y venir de un Ayuntamiento de Huesca que se volvió a teñir de azul en mayo de 2023 tras ocho años de Gobierno socialista. Lo hizo, eso sí, con Vox como pieza clave para aprobar mociones, presupuestos y acciones del Gobierno municipal, pero desde fuera. Así, la ultraderecha se aseguraba, como en Zaragoza, un papel clave para condicionar la vida de Huesca, pero sin tanta responsabilidad. El descalabro interno de Vox, con Antonio Laborda como tránsfuga, terminó de dinamitar la poca tranquilidad con la que se inició la andada de Orduna en el consistorio.

Una primera zona de conflicto se encontró en los presupuestos, los primeros de la popular. En su momento, para PSOE y Vox, unas cuentas continuistas con las presentadas en los últimos ejercicios por el socialista Luis Felipe. Eso sí, con dos marcas verdes de la ultraderecha para que el presupuesto se firmase en tiempo y forma. En primer lugar, la reducción hasta la casi desaparición de las ayudas a la cooperación –recuperadas hace un mes por el consistorio, en claro desafío a sus socios– y el fin del festival Periferias. Razones, quizá muchas, conclusiones, una sola: había que contentar a Vox para que Ayuntamiento de Huesca e instituciones a medias siguieran estando tranquilas.

El caso del festival Periferias saltó las fronteras de la capital oscense y llegó hasta Moncloa, con enfrentamiento en redes sociales incluido entre la propia Orduna y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. La marca sigue siendo del consistorio oscense, que abrió un proceso participativo para buscar cómo será la propuesta cultural que sustituya en las mismas fechas al eliminado Periferias.

Otro punto caliente para Orduna fueron las licencias. A comienzos de mandato se supo que el Alcoraz, como adelantó EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, no contaba con varios permisos para poderse abrir al público. Lo mismo con Jai Alai, la sala de la peña Alegría Laurentina, que sigue en pleitos con el consistorio y mantiene su intención de celebrar conciertos. Las fechas para San Lorenzo, momento cumbre de la ciudad, se acercan sin resolverse un conflicto que puede ir a más si no se encuentra un arreglo definitivo.

Donde no hay solución posible es en la relación del PP con Vox en Huesca. El pacto-no pacto, porque nunca hubo uno específico para la ciudad pero sí un acuerdo sometido a la unión autonómica, se extinguió y hoy ya no se habla de socios preferentes para tomar las decisiones importantes. «Tenemos dos partidos en la oposición», decía Orduna en una entrevista con este diario. Una situación que irá a más, ya que la ultraderecha no está convencida de que el camino marcado por la popular sea el correcto. El presidente y líder popular Jorge Azcón eligió a Orduna como su candidata y la ha protegido hasta la fecha, evitando que la crisis en Huesca pueda llegar a salpicar a la relativa tranquilidad con la que él gobierna en el Pignatelli desde el pasado mes de agosto.

Las principales conquistas de Huesca en este primer año de Gobierno popular se han logrado de la mano de la DGA. En vivienda y en la expansión logística y tecnológica que está viviendo toda la comunidad, la capital altoaragonesa ha cogido un buen pellizco de las actuaciones políticas a llevar a cabo desde el Ejecutivo autonómico.

Como reto propio, Orduna se propuso revitalizar el turismo de una Huesca que exhibe el dudoso honor de ser la segunda capital de provincia con menos turismo. Este verano es el primero en el que se pondrá en marcha la estrategia propia, con su primera prueba importante en las fiestas de San Lorenzo