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JUANJO BONA, ARTISTA DE MAGALLÓN

«La jota no es solo música, es memoria, identidad y verdad»

Juanjo Bona tiene siempre muy presente su tierra y sus raíces.

Juanjo Bona tiene siempre muy presente su tierra y sus raíces. / SERVICIO ESPECIAL

Noelia Navascuez

Magallón

Juanjo Bona atraviesa un momento de plenitud creativa mientras trabaja en su segundo disco. En esta charla repasa sus raíces, su paso por la televisión y su firme apuesta por llevar el folclore a nuevos horizontes sin perder la esencia de su tierra. Hace unas semanas fue uno de los galardonados con los Premios Ciudad de Zaragoza al Mérito Cultural.

Hay artistas que buscan su identidad fuera, y hay otros que la encuentran mirando al paisaje que los vio crecer. Para el artista aragonés, ese paisaje tiene nombre propio: Magallón, el campo abierto, el Moncayo y el silencio. Un silencio que, según confiesa, hoy es más valioso que nunca.

«Mi tierra es mi refugio»

«Mi tierra significa absolutamente todo», afirma sin titubeos. «Es mi mayor fuente de inspiración, el lugar que me vio nacer y donde aprendí todo lo que sé musical y personalmente. Es mi refugio, donde vuelvo cada vez que necesito respirar».

Su educación artística comenzó pronto, entre la banda de música y la escuela de jota. Pero no todo fue escenario y ensayo. También hubo juegos, aprendizajes, vivencias propias de crecer en un pueblo pequeño. «Todas esas experiencias, tanto las buenas como las malas, han forjado mi personalidad. Gracias a eso soy quien soy hoy, con mis valores y mi forma de entender la vida. Creo que los aragoneses tenemos una manera muy particular de ser, y en los pueblos pequeños esa cercanía es aún más evidente», señala.

Cuando regresa a casa, mantiene un ritual casi íntimo: «Lo primero que hago es mirar al Moncayo, observar el campo y, sobre todo, contemplar el silencio. En Madrid ese silencio prácticamente no existe».

La ‘academia’ que cambió su vida

Su paso por Operación Triunfo (OT) marcó un antes y un después. «Lo más importante de OT fue el aprendizaje personal y profesional. Fue la experiencia que me permitió dedicarme a lo que siempre soñé, vivir de la música».

Pero no solo se lleva formación artística. La academia también dejó huella en lo personal. «Además de todo lo aprendido, me llevo a un montón de amigos y a Martín, mi actual pareja. Eso es algo que siempre agradeceré. OT no solo me dio una carrera, me dio personas que forman parte de mi vida».

Recuerda especialmente con cariño el proceso previo al programa. «El casting fue muy bonito. Dentro todo fue increíble, pero el camino hasta entrar fue muy especial». Asegura que ha evolucionado, como cualquier persona, pero que su esencia permanece intacta. «He crecido, he madurado muy rápido, pero sigo siendo yo. Y tuve claro que mi identidad artística debía estar ligada a mi jota y a mis raíces».

La jota, raíz y bandera

La jota no es para él un recurso estilístico ni una etiqueta. Es identidad. En sus conciertos percibe una diferencia muy clara cuando interpreta canciones con base folclórica. «Cuando canto algo que parte de la jota, el público que la conoce la recibe con un trasfondo emocional muy profundo. Es una melodía que ya forma parte de su historia. En cambio, cuando alguien la escucha por primera vez, es precioso ver su reacción. Descubren un universo nuevo».

Tras su paso por Operación Triunfo, Juanjo Bona tuvo claro que no quería desprenderse de sus raíces para adaptarse a tendencias. Al contrario. «He evolucionado, como cualquier persona, pero mi esencia sigue siendo la misma. Dentro del programa descubrí todo lo que llevaba dentro y reafirmé que la jota y el folclore debían ser mi identidad artística».

Madurar antes de tiempo

En los dos últimos años su vida ha cambiado radicalmente. «En este tiempo he madurado muy rápido. Me he convertido en adulto antes de lo previsto, pero también he conseguido mi sueño y estoy muy orgulloso de ello».

Ese crecimiento acelerado no le ha hecho perder el norte. «Quiero mantener intacta mi forma de ser y a mi gente. Sigo haciendo planes con mis amigos, sigo celebrando, sigo encontrándome con los míos. Eso es lo que me mantiene con los pies en el suelo».

Reconoce que hay etapas que quedaron a medias, como su experiencia universitaria o el paso por el colegio mayor. «Son momentos que a veces recuerdo con emoción porque no los viví del todo. Pero el sueño de dedicarme a la música siempre estuvo ahí», apunta.

Entre fogones y partituras

Su paso por MasterChef Celebrity fue para él un desafío distinto. «Fue más difícil enfrentarme a las cocinas porque no es mi medio habitual. Pero sentí que era el momento. Me lo propusieron y fue una gran oportunidad para llegar a un público más amplio», comenta.

Para él, cocina y música comparten algo esencial: la creatividad. «Ambas permiten la libre creación, pero también exigen muchísimo. Son profesiones duras e inciertas. Tanto un cocinero como un músico tienen que esforzarse al máximo».

Si tuviera que elegir un plato que lo represente, no duda: cualquiera de su tierra. «Donde mejor me desenvuelvo es en la cocina tradicional, igual que en la música de raíz», menciona.

La ópera y el hilo invisible del folclore

Otro de sus sueños se cumplió con su participación en Aria: locos por la ópera, emitido en La 1. «Descubrir la ópera desde dentro fue maravilloso. Me reencontré con el equipo de OT y conecté con un estilo elegante y lleno de historia. Además, entendí que todo está unido: la zarzuela, la jota, el folclore. Sin darme cuenta, siempre he estado moviéndome dentro de ese mismo universo», el magallonero.

Aunque asegura que la técnica vocal es diferente y no cambiará su forma de cantar, sí le ha servido como fuente de inspiración. «Las historias que cuenta la ópera, su profundidad, su dramatismo, todo eso nutre».

Un segundo disco con más verdad

Actualmente trabaja en su nuevo proyecto discográfico. No quiere desvelar demasiado, pero sí deja clara su intención. «En el primer disco mostré solo la punta del iceberg. Ahora quiero seguir investigando la jota, fusionarla con otros estilos y otros folclores de España e incluso del mundo. Hay mucho camino por recorrer», indica.

También desea abrirse más a nivel personal. «En diez canciones no pude contar todo lo que llevaba dentro. Ahora quiero seguir narrando mi proceso vital, porque no solo he vivido en Magallón, hay muchas experiencias que forman parte de mí». Entre sus metas está retomar los conciertos, cruzar fronteras y colaborar con otros artistas. «Me encantaría llevar mi música a Latinoamérica y al extranjero. Y ojalá algún día pueda decir que ayudé a llevar la jota a lo más alto», añade.

El público y la emoción

Cuando ve al público cantar sus canciones, la emoción es difícil de describir. «Recuerdo el primer concierto en el que lo viví. Es algo abrumador. El cuerpo tiene que aprender a tomar cierta distancia porque si no sería imposible seguir cantando viendo a la gente llorar o emocionarse con tu música», señala.

Mirando al futuro

Aunque hoy Madrid es parte de su presente profesional, el futuro lo imagina en un entorno rural. «Cada día me gusta más Zaragoza, Magallón… Me veo viviendo en una casa en el campo, con animales, donde pueda crear en paz. Las grandes ciudades tienen muchos medios, pero es difícil aislarse para componer», comenta.

Y a los jóvenes de la comarca que sueñan con dedicarse al arte les deja un mensaje claro: «Que luchen por sus sueños, que no hagan nada para satisfacer a nadie. Cuanto antes apuestes por lo que quieres, antes podrás dedicarte a ello. Y, sobre todo, que sean libres. Si aquí no encuentran esa libertad, que no tengan miedo de salir. Siempre hay tiempo para volver y reencontrarse con las raíces», concluye.

Porque, como demuestra Juanjo Bona, hay caminos que empiezan en un pueblo pequeño… y terminan resonando muy lejos, sin dejar nunca de mirar al Moncayo. Si su agenda se lo permite, él está llamado a ser el pregonero de honor el domingo 13 de septiembre de las fiestas en honor al Santo Cristo de la Cruz a Cuestas de Magallón.

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