El legado agrario de Javier Lambán

Marisa Lázaro y Javier Lafuente con el libro. A la derecha, numerosas autoridades asistieron a la presentación. | JAIME GALINDO/ SERVICIO ESPECIAL
El aula magna de la Universidad de Zaragoza, en el Paraninfo, fue escenario el 24 de noviembre de la presentación del libro póstumo de Javier Lambán. La obra editada por Doce Robles lleva como título La reforma agraria en Aragón (1931-1936): Comunales, latifundios y colectividades campesinas y ofrece una radiografía de la población aragonesa durante la II República.

El legado agrario de Javier Lambán
En la sala estaba presente el actual presidente del Gobierno de Aragón, Jorge Azcón, y los consejeros Javier Rincón y Mar Vaquero, así como el presidente y la vicepresidenta de la Diputación de Zaragoza, Juan Antonio Sánchez Quero y Teresa Ladrero, entre otros dirigentes políticos. Además el acto estuvo arropado por la rectora de la Universidad de Zaragoza, Rosa Bolea, así como por representantes del PSOE en la comunidad.
En la presentación intervinieron asimismo la viuda de Javier Lambán, Marisa Lázaro; el historiador Carlos Forcadell, director del Instituto Fernando el Católico, y Javier Lafuente, editor de Doce Robles. A continuación, el historiador Alberto Sabio , encargado de dirigir la tesis que se ha convertido en esta publicación, y Eliseo Serrano, vicerrector de Cultura de la Universidad de Zaragoza, desgranaron el contenido y los diferentes apartados del libro.
En esta tesis Lambán aborda uno de los proyectos «más ambiciosos y controvertidos» del pasado reciente cuando un país de grandes latifundios, con enormes desigualdades y con una masa campesina que se encontraba al borde de la miseria trató de modernizar el acceso a la tierra.
El expresidente inició su investigación sobre la reforma agraria en 2004, impulsado en gran medida por los recuerdos familiares en Ejea y las Cinco Villas, la comarca aragonesa donde quizás más efecto causó el proyecto legislativo de los gobiernos de la República. «Su interés por este periodo fructificó en los paseos con su padre por la plana de la colectividad cuando le hablaba de jornaleros y pequeños labradores trabajando las tierras en común», destaca el director de la tesis.
Así, durante diez años consultó archivos, hemerotecas, la amplia bibliografía de la época y otras fuentes documentales de relevancia para acometer una tesis sobre el impacto que este proyecto tuvo en Aragón, dejando claro que fue un proceso «fundamentalmente más reformista que revolucionario».
Según Sabio, Lambán trabajó duramente en la adaptación del texto académico en formato divulgativo. «El texto está concebido casi como un homenaje a los alcaldes y concejales de la República que defendían la necesidad de una reforma agraria hasta el punto de que muchos pagaron este empeño con sus vidas», indica.
Además, la obra sirve como una detallada radiografía sobre cómo era la población aragonesa durante la II República, con sus miedos y sus esperanzas. Pero el ideal de cambio se esfumó en 1936 con el estallido de la guerra civil. Precisamente, el autor considera en una de sus conclusiones que la reforma agraria, centrada en el deseo de reducir las desigualdades sociales y de devolver a los campesinos tierras comunales usurpadas durante siglos por la nobleza española, fue una de las causas importantes del conflicto.
Para Lambán el corazón de estas reformas estaba en su defensa del municipalismo. Pues como exalcalde de Ejea sabía que los montes comunales tienen una gran trascendencia para la sostenibilidad municipal. «En aquella época subió muchas veces a las falsas del ayuntamiento donde se guardaban los legajos amarillentos que explicaban aquellos procesos», señala Sabio.
La obra se cierra con una mirada al futuro del campo aragonés. «El problema no es el paro; el problema es la despoblación, una cuestión que, tal y como se plantea, no tiene solución, aunque haya muchos que predican mitos y timos al respecto», escribe.
En su opinión el desafío actual «radica en impulsar un modelo de desarrollo rural sostenible económica y medioambientalmente, en el que los recursos estén bien cuidados y aprovechados y las gentes que se asienten en los pueblos, al margen del número, disfruten de un buen nivel de vida».
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