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30 aniversario

Las lecciones que dejó la tragedia de Biescas: la riada acabó con las acampadas en zonas inundables

La tragedia sirvió para mejorar los caducos protocolos de respuesta ante las catástrofes

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David Chic

David Chic

Biescas

La tragedia de Biescas marcó un antes y un después en el desarrollo de la incipiente Protección Civil y en la organización de la respuesta tras grandes catástrofes. Como se ha visto en la reciente dana de Valencia, una respuesta inmediata es vital cuando las aguas arrasan un núcleo de población. Gracias a la labor coordinada de los equipos judiciales, forenses y de seguridad, a raíz de aquel suceso se establecieron nuevas orientaciones para estructurar la atención a las víctimas y a sus familias en momentos de extrema complejidad. Aquella experiencia dio lugar a protocolos de actuación que hoy constituyen el estándar a nivel nacional.

Medidas fundamentales como la designación de portavoces oficiales para priorizar la información a los allegados, la canalización organizada del voluntariado según sus capacidades y la creación de áreas de trabajo especializadas (que abarcan desde la asistencia psicológica a la identificación forense, pasando por los puestos de avituallamiento) tuvieron su origen en la respuesta a esta tragedia. Este enfoque permitió pasar de la acción desordenada regida por las buenas intenciones, que fue la que primó en Biescas, a una línea de trabajo coordinada y eficaz, diseñada para aliviar de la carga organizativa a los afectados.

En la actualidad, Aragón cuenta con sistemas de prevención, alerta temprana y respuesta operativa significativamente más avanzados. La disponibilidad de avisos meteorológicos precisos, la obligación de disponer de planes de evacuación locales y la existencia de normativas actualizadas ante riesgos específicos, como las inundaciones, permiten prever y gestionar situaciones de riesgo con mayor antelación. Asimismo, la capacidad de movilizar rápidamente a efectivos especializados y coordinar recursos a escala autonómica y estatal garantiza una reacción estructurada ante cualquier tipo de emergencia.

«Hoja de ruta»

En lo concreto, en Biescas se ha aprobado este verano un nuevo plan de inundaciones. «No hay mejor homenaje en el 30 aniversario de la tragedia del campin Las Nieves», ha destacado la alcaldesa, Lorena Cajal. Estas directrices representan «una hoja de ruta fundamental para actuar en los primeros minutos de una crisis».

Entre sus objetivos destaca la catalogación de elementos vulnerables y la ordenación del territorio en función del riesgo, en concordancia con lo establecido por el plan especial de emergencia de Protección Civil ante inundaciones de Aragón, así como la delimitación de áreas según los posibles requerimientos de intervención o actuaciones para la protección de personas y bienes, además de la especificación de los procedimientos de información y alerta a la población.

Además de estas herramientas para afrontar tragedias, en aquel 1996 el elevado número de muertos y heridos obligó a las autoridades de Aragón a endurecer la normativa que regula los cámpines. En la actualidad, está prohibido instalar zonas de acampada en los cauces de ríos, ramblas y barrancos y, en general, en cualquier área inundable. Se considera que estas ubicaciones (al igual que las expuestas a incendios, las próximas a grandes infraestructuras de transporte o las situadas junto a vertederos) constituyen un «riesgo inaceptable».

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