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La crónica del Unicaja Málaga-Casademont Zaragoza: un cuarto decente, tres espantosos y a rezar

El Casademont solo dura diez minutos ante el Unicaja Málaga, demuestra por qué lleva ocho derrotas seguidas y se acaba llevando una paliza del Martín Carpena antes del duelo a vida o muerte ante el San Pablo Burgos

Marco Spissu trata de zafarse de la defensa de Perry.

Marco Spissu trata de zafarse de la defensa de Perry. / ACB Photo

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Zaragoza

Con tal desventaja en la clasificación, jugar ante el Unicaja era una visita al dentista. Incluso se podría pensar que no era su guerra y que la de verdad llegará la próxima semana ante el Hereda San Pablo Burgos, que será un drama. Pero lo que es inconcebible es que el Casademont Zaragoza, pese a ello, no plante batalla más que diez minutos y que después sea incapaz, salvo algún destello puntual y como siempre individual, ya no de competir, sino de no ser barrido.

Al equipo aragonés, a día de hoy, no le da para más, es su triste y dura realidad. Tendrá que sacar adelante la salvación ante rivales de su Liga salvo una reacción que, de momento, no llega y ya son ocho derrotas consecutivas y una crisis deportiva y de identidad colosal. El Unicaja, un equipo con mucha más calidad a nivel colectivo, apenas tuvo que sudar para acabar endosándole 112 puntos a un Casademont inoperante más allá de un cuarto.

Esta película ya la habíamos vista antes. El inicio del partido del Casademont fue esperanzador, con un camino marcado y un buen baloncesto. Con tres triples seguidos y una canasta y adicional de Joaquín comenzó el encuentro el conjunto aragonés. Fiable, rápido y con gran lectura de juego. Una cara nueva.

De todos modos, el Casademont seguía adoleciendo de uno de sus grandes problemas, su locura. El Unicaja le entró a ese capote, lo que ayudó al juego en transición y a que durante todo el cuarto fuese o empate o por delante, con un bagaje final corto para lo visto (24-26).

El camino estaba marcado, pero el Casademont Zaragoza se empeñó en desviarse. Quizá porque, a día de hoy, todavía no está para mucho más, pero el Unicaja le endosó un 11-2 de salida con un triple de Tillie, un robo de Audige con canasta y personal y una acción de puros fundamentos de Sulejmanovic. Ahí llegó la primera crisis, con siete abajo alejándose de lo que había funcionado hasta entonces (35-28).

Wright-Foreman rompió el parcial con un triple que fue un espejismo. Perry cogió la batuta y el Unicaja, desde el triple, fue mermando la moral de un Casademont desnortado con la segunda unidad y que se volvió a encomendar a los grandes nombres. Y, para sorpresa de pocos, de estar once abajo se llegó a poner a cinco con Robinson y Yusta en pista. Sin embargo, un nuevo cortocircuito con otros dos triples seguidos de los malagueños dejaron un preocupante -9 al descanso (52-43).

Tras el paso por los vestuarios, el Unicaja soltó a la presa durante unos minutos, se precipitó y el espectacular acierto de tres se diluyó ante el abuso del tiro exterior, pero el Casademont no aprovechó la oportunidad. En algún momento iba el Unicaja a morder otra vez... y así fue. Un triple de Perry, la enésima pérdida y canasta fácil de Djedovic y a 14 puntos ya.

Ahí parecía que iba a morir el partido para los aragoneses, pero en un minuto de locura, con un triple de Wright-Foreman y dos alley-oops de Robinson y Stephens en ataques rápidos devolvieron un hilo de vida al Casademont. Pero nada, otra vez con dos triples seguidos del Unicaja y vuelta la burra al trigo. Washington tuvo el último atisbo de reacción, pero otros 9 puntos exteriores, de Cobbs y Barreiro, dejaron el asunto visto para sentencia con un cuarto entero por delante (81-64).

El único objetivo era ya no ser masacrado para tener algún decente sabor de boca de Málaga. Pues ni eso. Fue un toma y daca sin control, con intentos rápidos y exteriores del Casademont en busca de un milagro en forma de racha, pero se encontró con un Unicaja disfrutón, con un Carpena gozando y 100 puntos en contra con cuatro minutos por delante aún. Olía a paliza por el modo fiesta del Unicaja Málaga y, efectivamente, así fue. 112 puntos en otro penoso partido aragonés. A rezar y mucho.

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