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Casademont Zaragoza

El Casademont Zaragoza y la fórmula 'año a año': la mayor parte de los fichajes de ambas plantillas tienen contrato hasta el final de la temporada que viene

Salvo contadas excepciones como Guillem Vives y Nico Brussino en el vestuario masculino o Asotu Ndour y Carla Brito en el femenino, la gran mayoría de las incorporaciones rojillas firman por un solo curso

Sergi García, con contrato hasta junio de 2027, en su presentación oficial con el Casademont Zaragoza.

Sergi García, con contrato hasta junio de 2027, en su presentación oficial con el Casademont Zaragoza. / Josema Molina / EPA

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Zaragoza

La confección de las plantillas de Casademont Zaragoza para el presente curso ha dejado al descubierto la apuesta prioritaria por la vinculación a corto plazo en el Príncipe Felipe. Tanto en el vestuario masculino como en el equipo femenino, la dirección deportiva ha consolidado una política de fichajes estructurada en contratos de un solo año, en los que se reservan los acuerdos multianuales únicamente para piezas muy concretas y estratégicas de ambos esquemas.

Compromisos de un año para mantener el margen financiero

El grueso de las caras nuevas que vestirán la camiseta rojilla durante los próximos meses ha sellado compromisos con fecha de caducidad fijada para el verano de 2027. Tras una planificación con mucha antelación, jugadores como Sergi García, Caleb Homesley, Justin Jaworski, Roberts Blumbergs o Laurynas Birutis en el bloque masculino, o incorporaciones de la talla de Aisha Sheppard, Yarden Garzon o Kristine Vitola en el femenino, han rubricado contratos por una sola temporada. Es decir, cinco de los siete fichajes en los chicos y tres de las cinco nuevas chicas del Príncipe Felipe cuentan, de momento, más allá de posibles ampliaciones, con vinculación contractual hasta el próximo junio.

Una estrategia común

Esta apuesta deliberada responde a una política de mercado orientada a preservar la flexibilidad presupuestaria. Evitar acuerdos de larga duración previene el riesgo de arrastrar importantes cargas financieras en el caso de que los rendimientos decepcionen. Además, esta fórmula permite atraer al proyecto a jugadores que buscan revalorizarse en un escenario de máxima exigencia competitiva y de constantes fluctuaciones en el mercado europeo. Prueba de ello es que históricamente fichajes extracomunitarios como Mark Smith, Mitchell Watt o Deon Thompson, en el equipo de Liga ACB, y Leonie Fiebich, Tanaya Atkinson o Aminata Gueye, en LF Endesa, aterrizaron en la capital del Ebro por un año.

Un blindaje selectivo para los pilares de la plantilla

Dentro de esta tónica generalizada de contrataciones temporales, la dirección deportiva, encabezada por Pedro Llompart, sí ha decidido hacer excepciones calculadas para asegurar el talento diferencial y la estabilidad del vestuario a medio plazo. En el vestuario masculino, tan solo dos de las siete incorporaciones de este mercado han quedado blindadas con un horizonte de dos temporadas: el base Guillem Vives, consolidado en la categoría, y el alero Nico Brussino, ya conocido en la casa. Ambos jugadores firmaron hasta junio de 2028, en un rol de mayor proyección como veteranos destinados ser importantes en la jerarquía del grupo.

Nico Brussino, lanzando de tres en un entrenamiento con el Casademont de su anterior etapa, junto a Rodrigo San Miguel.

Nico Brussino, lanzando de tres en un entrenamiento con el Casademont de su anterior etapa, junto a Rodrigo San Miguel. / El Periódico de Aragón

Una filosofía idéntica se observa en la plantilla femenina. Entre el abanico de refuerzos para el nuevo ejercicio, tan solo la pívot Astou Ndour, llamada a ser la gran referente en la pintura cuando se incorpore en enero, y la joven exterior Carla Brito han firmado una vinculación asegurada por dos campañas, hasta 2028. En ambos casos, se trata de movimientos estratégicos destinados a proteger dos activos con un alto valor de mercado.

Las dos caras de una planificación en constante renovación

El modelo contractual del "año a año" entraña ventajas evidentes para la salud financiera de la entidad, pero también impone desafíos deportivos considerables. La principal virtud reside en la protección del club ante rescisiones complejas y en la facilidad para ajustar el proyecto a los presupuestos de cada ejercicio sin ataduras heredadas.

Sin embargo, la cara B de esta estrategia reside en la necesidad casi permanente de reconstrucción, como la revolución vivida este año especialmente en el vestuario masculino. Al vincular a la mayoría de sus efectivos por un solo curso, el club queda así obligado a un proceso continuo de reinvención en los despachos, donde la capacidad de acierto de la dirección deportiva debe mantenerse impecable año tras año para sostener la competitividad en la élite, someterse a numerosas negociaciones de renovación en caso de querer dar continuidad y a su vez exponerse al riesgo de que cada pieza que cuaje una campaña sobresaliente se revalorice y resulte inasumible de retener el siguiente verano.

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