Ya es oficial la llegada de Jaume Ponsarnau al banquillo del Casademont Zaragoza para las próximas dos temporadas. El Valencia Basket anunció este juevespor la mañana que el técnico catalán no iba a continuar en la disciplina taronja y poco después el equipo aragonés confirmó el acuerdo.

Con Ponsarnau, un entrenador contrastado, la intención es recuperar la solidez y estabilidad perdida con la marcha de Porfirio Fisac en el verano del 2020. Se confió en Diego Ocampo, un perfil más joven e inexperto que no cuajó y ni Sergio Hernández, que tuvo una etapa llena de altibajos, ni Luis Casimiro, que se hizo cargo del equipo en la recta final, tuvieron la continuidad y resultados esperados. Así que el Casademont ha decidido volver a la casilla de salida y apostar por un técnico de dilatada experiencia y que tiene un perfil, en ciertos aspectos, que se asemeja al de Fisac.

«Estoy muy contento y muy ilusionado de pasar a formar parte de la familia del Casademont Zaragoza y espero que todos juntos podamos hacer una muy buena temporada. Vamos a poner nuestra máxima ilusión y ganas y vamos a intentar hacer el mejor baloncesto que podamos hacer. Si nos animáis seguro que vamos a llegar muy lejos», dijo en sus primeras palabras como técnico del equipo zaragozano.

El de Tárrega es un entrenador que sabe lo que es ganar títulos (se alzó con la Eurocup en el 2019 con el Valencia) y gente cercana a él destaca que es una gran persona, que es humilde, para nada autoritario y muy dialogante con todo el mundo, jugadores incluidos. Es difícil verle alzar la voz en momentos complicados y perder las formas y, en cuanto a filosofía de club, no tiene el perfil de entrenador que impone fichajes, prefiere adaptarse a lo que tiene o los jugadores que le traigan.

De todos modos, no le falta carácter ni le tiembla el pulso para dejar fuera de la rotación a aquellos que no estén en buen momento. Lo vivieron por ejemplo Abalde antes de su explosión, Marinkovic en el tramo final de Liga o toda una leyenda como Rafa Martínez, con el que le une una amistad desde hace muchos años y al que dejó fuera del decisivo tercer partido de la final de la Eurocup del 2019 cuando podía sumar su último título como jugador del Valencia.

En cuanto al juego, en la Fonteta jugó mucho al triple en ataque (fue el cuarto equipo de la Liga con más intentos de media, 9,95 por partido) y, si no hay opciones rápidas de tiro, insistió mucho en la necesidad de buscar la oportunidad con paciencia y a través del pase, sin caer en la precipitación.

Un concepto en el que suele insistir es la necesidad de ir creciendo en los partidos, pese a que el plan inicial pueda no salir bien. Para ello considera clave la intensidad defensiva como medio para seguir vivo en los encuentros o madurarlos. Además, pese a tener jugadores con mayor peso específico, cree en el espíritu coral de un equipo, por lo que el balón no pasa únicamente por las manos de los jugadores franquicia. También le gusta tener a los interiores muy abiertos y que posean amenaza de tres puntos y que las rotaciones, que son de unos diez integrantes, tengan claros los automatismos.