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El Periódico de Aragón

Casademont Zaragoza

Y al final apareció la rasmia

Gran partido de los aragoneses, que sacaron toda la garra y la actitud que ha faltado durante todo el año. Radoncic lideró un derroche de energía e intensidad que mantiene al equipo en la ACB

Radoncic, arrodillado sobre la pista, celebra la salvación del Casademont ACB Photo / J. Bernal

Decía Sakota que el partido ante el Murcia iba a ser para jugadores con personalidad y carácter y no se equivocaba. Características de las que ha adolecido el Casademont durante toda la temporada, en la que los zaragozanos han echado de menos durante muchos momentos el gen competitivo necesario para poder sacar partidos adelante en la ACB. Pero, a cientos de kilómetros del Príncipe Felipe, apareció la rasmia que tanta falta le hacía a los aragoneses.

Y, dentro de una buena actuación coral de todo el equipo, el que personificó ese sentimiento por encima de todos fue Dino Radoncic. El ala-pívot combinó a la perfección el carácter balcánico y el orgullo y la raza aragonesas. A base de intensidad, rebotes y energía mandó desde el primer minuto un mensaje muy claro, tanto a rivales como a compañeros: es un partido para vivir o morir matando. Además, la lesión tempranera de Thompson le hizo acumular más minutos de lo habitual, pero dio igual, no era día para dejarse nada dentro y su derroche físico sobre la cancha no disminuyó, acumulando puntos y capturas decisivas para que el resultado final sonriera a su equipo.

Esa energía contagiosa se apoderó del resto de los jugadores del Casademont, que, algunos con más y otros con menos acierto, por fin se vio como se dejaban el alma. No era para menos. Era el día D y respondieron. Mekowulu fue el complemento perfecto para Radoncic por dentro. El africano, otro que hizo de la intensidad su bandera, llegó para partidos así y no defraudó. Como tan poco lo hicieron nombres como Waczynski o Yusta, que ambos tuvieron su momento dulce en el choque y permitieron tomar oxígeno a los zaragozanos cuando más lo necesitaban.

Mención especial para el capitán. Rodrigo San Miguel, uno de la casa, que sabe lo que significa este equipo para una ciudad como Zaragoza y la debacle que hubiera supuesto el descenso a la LEB. El base cumplió a la perfección con su papel y desesperó a los murcianos con su defensa. El Casademont dio una demostración de cómo se tiene que afrontar un encuentro a vida o muerte. Tras una temporada para olvidar, la rasmia aragonesa hizo acto de presencia para que Zaragoza siga siendo un equipo ACB. Sobre la bocina.  

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