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Casademont Zaragoza

Entrevista con Víctor Lapeña: "¿Entrenar al Casademont? ¿Por qué no? Para mí sería sencillo volver a Zaragoza"

El técnico aragonés repasa con EL PERIÓDICO sus primeros meses en Italia, sueña con llegara la ‘Final Six’ de Zaragoza, valora la posibilidad de volver a España y analiza el crecimiento del Casademont

Lapeña, con la Supercopa conseguida con el Schio

Lapeña, con la Supercopa conseguida con el Schio / Servicio Especial

Arturo Pola

Arturo Pola

Zaragoza

Ahora en Italia. Muchos años fuera de casa. ¿No se plantea volver algún año a entrenar a España?

Ahora hubiera sido un momento bueno de volver, pero se cruzó el Familia Schio y fue el que me puso un proyecto realmente interesante. Pero yo siempre voy a estar abierto a cualquier opción que me planteen volver, porque es mi país y porque quiero estar cerca de mi familia. Mis padres cada vez están más mayores y los veo poco. Sería bonito, venir a España, tranquilizarme… pero es mi profesión y la verdad que la disfruto mucho.

¿Por qué se decidió por el Schio?

La verdad es que llegamos a un acuerdo muy rápido porque es un club con una gran historia a nivel de baloncesto femenino y tanto presidente como el director general son personas muy sensatas y que saben mucho de esto. Entonces, me reuní con ellos, pudimos comer juntos, conocernos, vimos que estábamos en muy buena sintonía y arreglamos pronto un contrato que, si todo va bien, es de 2 años. Es un club que está muy preparado para entender todas las situaciones.

El inicio no podía haber sido mejor. Invictos en la Liga italiana y solo dos derrotas en la Euroliga ante el Galatasaray.

Sí, sí. Además, en dos partidos en los que creo que el primero nos llegó un poquito pronto y el segundo lo competimos muy bien, pero es una gran plantilla. Creo que pudimos ganarlo, sobre todo el partido de casa. Son momentos, tanto de victorias como de derrotas, que nos han servido para ir creciendo. Fue muy bonito ganar la Supercopa, que fue el primer título de la temporada, al Reyer Venecia, y es mi primer título en Italia, lo cual significó algo muy especial. No puedo decirte que las cosas no estén yendo por un buen camino, teniendo en cuenta que hemos pasado por momentos difíciles en cuanto a la falta de efectivos y que la competición no da tregua. Ha sido un no parar. Creo que este parón nos habrá servido para tranquilizarnos, para tener definitivamente el roster que va a ser el resto de la temporada y coger fuerzas para lo que viene.

¿Qué objetivos tiene el equipo este año?

Ahora que he jugado prácticamente contra todos los equipos de la Liga, creo que el Famila Schio está obligado a estar en las finales. Y ahí competir por el título. Hay dos o tres equipos bastante potentes, especialmente el Virtus Bologna y el Venezia Pero debemos estar ahí: por plantilla, por historia y por cómo es el club. En Euroliga las cosas se equilibran un poquito más. Hay equipos con presupuestos más altos, que acceden a jugadoras de más nivel y que tienen otra cultura a la hora de hacer los equipos. Nosotros ahora mismo tenemos cuatro extranjeras y las otras siete jugadoras son italianas. Ahí debemos ser conscientes de que no se puede ganar todo, pero sí llegar a los momentos importantes en el mejor estado posible y sanas.

A nivel personal y siendo de aquí, imagino que estar en la Final Six de Zaragoza es una cosa que no se quitará de la cabeza.

Hombre, imagínate. Además, después del año pasado, que tenía el equipo ya clasificado y mis problemas con la gente de Mersin no me permitieron llegar ahí. Me haría mucha ilusión, sería volver a una fase final de Euroliga, que al decidir irme a Canadá hace años que no estoy en este tipo de competición. Y jugar en Zaragoza es algo muy especial, en el Príncipe Felipe. Son muchos sueños e ilusiones: saber que voy a tener a gente que me quiere y mucha afición de Zaragoza apoyándome. Si no jugamos contra el Casademont, claro (ríe).

¿Puede contar lo que le ocurrió en Mersin para protagonizar una salida tan abrupta?

Mersin siempre ha sido una plaza muy complicada para los entrenadores. Mi relación con la directiva era buena, pero son especiales. Tienen una forma de ver la dirección de un equipo de este nivel muy personal, sobre todo el presidente. Había cosas que no compartía. Tuvimos un par de enfrentamientos, no discusiones grandes, pero él decía unas cosas y yo no lo veía así. Se perdió un partido que se podía perder, él se calentó, yo también y decidimos separarnos. Desde el principio no tenía buena pinta porque me prometieron una serie de cosas familiares que no cumplieron. La relación profesional no era la adecuada, era un poco nociva. No disfrutaba esa cultura de club. Todo lo contrario a Schio, donde disfruto mucho porque es más fácil entenderte con la gente que dirige. Me permiten ser yo mismo.

Ahora el Casademont y el Mersin se la juegan en la Euroliga. ¿Cómo ve ese partido?

Primero, deseo que se clasifique Casademont por muchos motivos, principalmente porque es el equipo de mi ciudad. Segundo, creo que este parón va a traer algunos cambios. Me da la sensación de que Mersin va a fichar jugadoras para intentar competir ese partido e ir hacia adelante. Pero aun así creo que Casademont estará cerca. Es muy difícil de batir, sobre todo por la afición, que va a empujar hasta el último momento. Creo que Zaragoza debería estar este año en la Final Six, sería lo adecuado para la fiesta de verdad del baloncesto femenino.

¿Cómo ha vivido desde fuera su espectacular explosión siendo que fue parte de ese germen con el Stadium Casablanca?

Siempre he dicho que el punto de inflexión fue que el proyecto del Stadium Casablanca, que era muy bueno, llegó a su límite. Habían apostado mucho por el baloncesto femenino, pero no se podía llegar más lejos. Hicimos terceros de Liga con un presupuesto muy bajo. Para llegar a lo que está pasando ahora, tenía que entrar el club de la ciudad. Que Reynaldo Benito decidiera que el equipo femenino formara parte del club fue clave. A partir de ahí hay una muy buena gestión en fichajes. En Zaragoza se ha creado una corriente increíble. El equipo transmite mucho y eso es algo muy importante para nosotros.

Si pudiera llevarse a dos jugadoras del Casademont a su equipo, ¿cuáles serían?

No lo sé, sería difícil. Pero si tengo que darte dos nombres, diría Mariona y Helena Pueyo. Creo que hacen mucho por que el proyecto crezca. Mariona se ha identificado muy bien con el club y la afición. Y Pueyo es la juventud, el futuro del club, está creciendo mucho. No es que me las llevaría al Familia Schio, todo lo contrario. Las dejaría ahí para que siguieran porque las jugadoras extranjeras van y vienen, pero las nacionales son vitales para los clubs.

Un equipo aragonés en la élite y un entrenador aragonés en la élite. ¿ Ve posible que se crucen vuestros caminos en el futuro?

No es que lo vea, es que ya se unieron una vez, dos veces. ¿Por qué no volver a unirse? Para mí sería muy sencillo volver a Zaragoza. Normalmente cuando te fichan en una ciudad tienes que conocer la cultura del club, la gente, el idioma. En Zaragoza no. Es coger el AVE, bajarme en Delicias, tomar un vermú con mis amigos, estar con mis padres y ponerme a entrenar. Las experiencias han sido exitosas y si alguna vez vuelve a suceder sería un honor para mí como zaragozano y como entrenador.

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